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EDUARDO BAJO A.


La Crónica de León
Opinión.- Domingo, 16 de diciembre de 2001

Salto al pasado

 

No me gusta la Universidad de ahora y, menos aún, me gusta el modelo futuro diseñado por la ministra Pilar del Castillo.

Por eso creo que la protesta de los estudiantes -si no tanto en cuánto a la forma- está más que justificada respecto al fondo. De llevarse a cabo los planes del Gobierno quizá sean estas las últimas protestas universitarias protagonizadas por  «elementos pertenecientes a la clase media» infiltrados en las aulas y órganos de representación estudiantiles.

Las reválidas -en mi bachillerato recuerdo que eran dos— pruebas de selectividad o cualquier sistema de acceso a la universidad será testimonial porque la verdadera reválida será la capacidad de la familia para sufragar los estudios de los hijos. Ya bastante difícil de por sí.

Veamos, por ejemplo el caso de un funcionario —objeto de envidia general de la propia Junta de Castilla y León—competente ya en materia de enseñanza—. El sueldo de un auxiliar administrativo —de la propia Junta, dijimos— apenas supera los veintemil duros. ¿Cómo se las arreglará el trabajador para pagar los estudios en un colegio privado? Y, acabado el bachiller en su instituto ¿cómo pagar los estudios universitarios y los gastos complementarios de la vida de estudiante?

Se habla bastante, por la novedad, de las escuelas de Cinematografía y de Aeronáutica, lecciones magistrales, salidas profesionales, etc. pero no tanto del medio millón que los padres han tenido que pagar por el asiento que ocupan los chicos. Ignoro la incidencia de la huelga de estudiantes en dichas escuelas, pero puede ser una referencia de la universidad del futuro.

 Superados los primeros obstáculos -matrícula, libros, viajes- quedan alojamiento y manutención. A este respecto, los precios de los colegios- mayores están muy cerca de los hoteles medios. Así, una plaza en la residencia de las Madres Esclavas de Burgos cuesta 65053 pesetas mientras que en las residencias San Joaquín y Santa Eduvigis y la de los Padres Barnabitas, de Palencia, se pagan 54.000 y 60.000, respectivamente. Residencias que, de acuerdo con el nombre, son de titularidad privada. Pero si el lector guarda cierta esperanza en cuanto al sector público, más vale que la olvide.

En cuanto a los leoneses, si son de la provincia, siempre pueden recurrir a los parientes y si de la capital, comer y dormir en casa porque una plaza en la residencia Consejo de Europa —de la Junta— cuesta 61.600 pesetas y en el colegio mayor San Isidoro, 80.000 redondas. Es, como se ve, lo mismo que sucede con las residencias para ancianos. Pero, de eso hablaremos otro día.

Volviendo al pasado, la solución sería rescatar la figura del fámulo o alumno pobre que entraba a los colegios de frailes como sirviente —famulo es siervo en latín y, si el cansancio del trabajo de criado se lo permitía, podía estudiar incluso

 
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