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Un lío de mucha gente
Juvenal Bernardo Huertas, profesor de Enseñanza Secundaria


La Crónica de León
Tribuna.- domingo, 16 de diciembre de 2001

«No parece que las maneras utilizadas por el PP para descalificar, injuriando y menospreciando a quienes se han opuesto a sus propuestas, sean las más adecuadas para defender la bondad que (dicen) tiene la LOU»
Las recientes movilizaciones en contra de la Ley Orgánica de Universidades (LOU) han tenido un efecto catártico para la sociedad española que, gracias a ellas, ha visto cuán nerviosos se ponen algunos dirigentes políticos cuando sus actos de gobierno son contestados por los ciudadanos Aflora en estas circunstancias el verdadero rostro de quienes nos muestran su cara más amable cuando de obtener nuestro voto se trata y, sin embargo, alcanzada la mayoría absoluta, no tienen reparos para actuar como les viene en gana, sin escuchar a oponentes políticos, organizaciones sindicales y representantes democráticos de los sectores sociales a los que tales decisiones afectan de forma más directa.

Para alertarme del riesgo que corría cuando, llevado de la intrepidez y fogosidad juvenil, pretendía entrar en cuestiones que se hallaban fuera de mi alcance, cualquiera que fuese su naturaleza, mi abuelo me decía: «muchacho, no te metas en camisas de 11 varas. Aprendí de él que, antes de actuar, hay que reflexionar y que nunca sobra la prudencia, pero, también, que asumido esto debemos manifestar nuestras ideas con rotundidad y firmeza. Le haré caso, pues, una vez más y no enjuiciaré una ley que no conozco con suficiente detalle. Nada me impide sin embargo, comentar las actitudes de quienes se han sentido ofendidos por la contestación que tal ley ha recibido.

Veamos algunas muestras. Cuando los jóvenes universitarios se manifestaron contra la ley tras una pancarta que rezaba «Otra Universidad es posible», la ministra Del Castillo les acusó de ignorar el contenido de la ley y de protestas, por tanto, sin conocimiento de causa, a pesar de que muchos se sometieron voluntariamente a examen sobre ella y no salieron mal parados. Además según el senador popular, José María Barahona, «los estudiantes están en la calle enturbiando y crispando el debate» en el Senado. Los profesores eran, tambien para la ministra, defensores de intereses corporativos más «propios de la democracia franquista que del actual Estado de derecho». El presidente del Gobierno consideró a los rectores que expresaron sus reservas frente a la ley como «progres trasnocahdos». La oposición, PSOE e LU, mereció de Javier Arenas, secretario general del PP, la califlcacion le «antigua, retrógada, cavernícola y contrarreformista» entre otras lindezas al tiempo que el senador Barahona, de nuevo, la acusda de deslealtad al Parlamento por animar. organizar, patrocinar y financiar» las manifestaciones contra la ley.

Los dirigentes populares no han proferido, por el contrario, ningún comentario sobre los cocimientos que de la LOU puedan tener los diputados y senadores de su partido: los primeros aprobaron, en dos sesiones, 800 enmiendas en la Comisión el Congreso; los segundos, en ¡12 horas!, aprobaron más de 600 en la Comisión del Senado a golpe de señal del experto ministerial que dirigía las votaciones. Ahí queda eso!

El Gobierno y el partido que lo sustenta tienen, no sólo el derecho, sino la obligación de defender sus postulados políticos, De igual modo, la oposición debe hacer lo mismo con los suyos No parece, sin embargo, que las maneras utilizadas por el PP para descalificar, injuriando y menospreciando muchas veces, a quienes se han opuesto a sus pro puestas sean las más adecuadas para defender la bondad que (dicen) tiene la LOU para la Universidad española. Si real mente la ley es tan buena, ¿por qué no han tratado de convencer a los otros con argumentos y han propiciado una discusión colectiva que permita a todos los intervinientes defender, en igualdad de condiciones (nada decimos del vergonzoso tratamiento de éste y otros temas en TVE), sus puntos de vistas e intereses legítimos? ¿Por qué no se ha escuchado, en el Congreso y en el Senado, la voz de expertos independientes y de representantes de la comunidad universitaria que podrían haber aportado luz al debate?

En fin, las formas descritas dejan mucho que desear y, desde luego, ponen en entredicho el posible (buen) fondo de la ley que se pretende defender. Con todo, lo peor estaba por llegar. El 5 de diciembre, en Zaragoza, el presidente del Gobierno supera todo lo anterior y se refiere a la manifestación masiva («manifestación de contrarreforma», la llamó) celebrada el sábado anterior en Madrid, con las siguientes palabras: «el otro día ha habido un lío por la calle, de mucha gente y muy variada. Estaban los de Izquierda Unida, que no se pierden una; estaba, parece ser, lo que queda del PSOE, que parece ser era poco porque la cosa no era muy brillante. Pero no, la alternativa no estaba», al tiempo que calificaba de «reaccionarios» a los propulsores de la crítica a la LOU. Estas declaraciones, hechas en un tono despectivo y burlón, con una risa sardónica de fondo, descalifican a quien las hace y dejan al descubierto su desvergüenza y falta de respeto hacia la oposición, los sindicatos, los representantes universitarios y, en fin, a la sociedad a la que debe el cargo que ocupa. Sin embargo, y curiosamente, estas palabras llevan su propia medicina porque, en efecto, la respuesta ha sido de mucha gente, ¡al fin lo han reconocido! y muy variada. ¡Cuánta razón tiene usted, señor Aznar! Resulta difícil de aceptar, por el contrario, que tanta gente y de tan distinto origen actúe con «absoluto desconocimiento» y manipulada por aquellos a los que mueven intereses espurios. ¿No le parece? Entonces, ¿de qu6 se ríe, señor Aznar?

Qué contraste con la figura del escritor Francisco Ayala que el mismo 5, a sus 95 años, recibía el Premio Fernando Abril Martorel 2001 por su contribución a la concordia entre los españoles. Enhorabuena, don Francisco! Y permítanos disfrutar por mucho tiempo de su impagable magisterio que nos ayudará a ser más tolerantes y a entrar en razón. Difícil tarea.

 
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