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Sin haber realizado un diagn�stico de
los problemas que aquejan al sistema educativo, ni mucho menos de
las causas que los provoca, el MECD plantea un cambio en profundidad
del sistema educativo. Utilizando como aval interpretaciones
sesgadas de informes comparativos de sistemas educativos e
instrumentalizando el malestar del profesorado, hace recaer sobre el
modelo comprensivo la responsabilidad exclusiva de los males
educativos de este pa�s; males a los que durante los seis a�os que
lleva gestionando la pol�tica educativa de este pa�s no s�lo no ha
querido poner remedio, sino que ha contribuido a agravar.
Con el loable prop�sito -por todos
compartido- de reducir el fracaso escolar, elevar el nivel educativo
y fomentar la cultura del esfuerzo, acomete una serie de medidas que
podemos resumir en:
1.-
La criba sucesiva de los alumnos en itinerarios, en la
pr�ctica estancos, a partir de sus rendimientos escolares. El
alumno que repita y no apruebe en el primer ciclo ir� al
itinerario residual y luego, a los 15 a�os, fuera del sistema; el
alumno que repita en un itinerario se ver� obligado a cambiar de
itinerario; el alumno que no apruebe la rev�lida no podr�
continuar estudios posteriores, sea en la Universidad o en la
Formaci�n Profesional de Grado Superior.
2.-
El endurecimiento del nivel de exigencia de los estudios
(revalida, repeticiones, incremento de los contenidos...), lo que
el documento llama cultura del esfuerzo.
3.-
La jerarquizaci�n de la organizaci�n escolar, restaurando
los viejos cuerpos de catedr�ticos y directores, reduciendo la
autonom�a real de los centros educativos y creando centros
educativos ("especializaci�n curricular de centros") de primera y
segunda categor�as.
�Qu� se pretende en el fondo con la
reforma?
La primera p�gina del borrador de la
Ley ya nos indica por donde van los tiros. Se concibe la educaci�n
como un "art�culo de primera necesidad", destinado a la
promoci�n personal y responsabilidad por tanto del sujeto
individual, y no como un derecho social, y por tanto responsabilidad
del Estado.
Ello conduce a un modelo educativo
elitista (volvemos al viejo lema de la OJE: "vale quien sirve"),
reflejo de una concepci�n desigual de la sociedad. No se quiere
acabar con el fracaso escolar, sino que se asume que �ste es
inevitable. Bajo las medidas propuestas en la Ley de Calidad,
analizadas en su interrelaci�n, se esconden otros intereses:
convertir la ense�anza en un instrumento de selecci�n social.
El aumento de controles a lo largo del
proceso educativo y la separaci�n de los alumnos en diferentes
itinerarios, en funci�n de sus resultados acad�micos, facilita los
procesos sociales de selecci�n. No se afirma expresamente, pero se
crean las condiciones materiales y estructurales para la dualizaci�n
de la ense�anza: una educaci�n selectiva destinada al polo de
excelencia que formar� las �lites cient�ficas, t�cnicas y de gesti�n
de la sociedad; y una educaci�n b�sica residual para la humanidad
sobrante, destinada a abastecer las necesidades de mano de obra
barata y precaria. La dualizaci�n del mercado laboral, que no s�lo
necesita inform�ticos e ingenieros, sino tambi�n, y en mayor
cantidad, trabajadores poco cualificados, tiene su reflejo en la
ense�anza. Los mecanismos selectivos colocar�n a cada uno en su
sitio. Y es f�cil adivinar la procedencia social de cada uno de
estos sectores.
Todos los estudios sobre rendimientos
escolares subrayan que el nivel sociocultural de las familias (la
�mochila familiar�) es el factor de mayor incidencia en el
rendimiento de los alumnos. Muchos factores contribuyen a estas
relaciones. Un status ocupacional m�s elevado de los padres puede
influir en las aspiraciones y expectativas profesionales de los
estudiantes y, a su vez, fortalece su compromiso hacia el
aprendizaje como medio de satisfacer estas aspiraciones. Este
elevado estatus puede tambi�n incrementar el rango de opciones de
los que los estudiantes son conscientes. El status socioecon�mico
tambi�n puede estar relacionado con donde viven los estudiantes y la
calidad de las escuelas a que tienen acceso.
A pesar de que todos los an�lisis
se�alan la importancia de la herencia social que nos legan los
padres como el factor de mayor incidencia en el rendimiento escolar
de los alumnos, seguimos empe�ados en mantener el "discurso
meritocr�tico", profundamente enraizado en la sociedad y en los
docentes, que busca la ra�z de las dificultades escolares m�s en la
inaptitud de �stos que en la falta de adaptaci�n de las pr�cticas
escolares a sus necesidades.
La diversidad est� escondiendo, por
tanto, desigualdad. Y con las medidas propuestas en el borrador de
la Ley de Calidad se arroja por la borda el derecho de todos los
ciudadanos a una educaci�n obligatoria en condiciones de igualdad.
Medidas para elevar la calidad
educativa
Si analizamos el sistema educativo con
objetividad, observaremos que ni ha aumentado el fracaso escolar, ni
han bajado los niveles (y as� lo reconoce el informe de la OCDE
Education at Glance, en su an�lisis del panorama educativo de
los noventa).
A pesar de ello, hay que reconocer el
componente ut�pico de las metas educativas, por lo que los
resultados siempre ser�n deficientes. Por ello, no queremos dejar
las cosas m�s o menos como est�n, porque reconocemos que hay muchos
elementos que cambiar. Coincidimos con el Ministerio en la necesidad
de mejorar la calidad de la educaci�n, pero no en los s�ntomas de la
enfermedad, ni mucho menos en el remedio. La calidad del sistema
educativo no se consigue mediante procesos selectivos ni
endureciendo los niveles de exigencia, sino mejorando los procesos
de ense�anza a lo largo del proceso escolar.
La extensi�n de la escolarizaci�n
obligatoria, incorporando j�venes que antes no estaban en el sistema
educativo es un logro social irrenunciable, y ello -como demuestra
el informe PISA- no es incompatible con un sistema educativo de
calidad. Para conseguirlo es necesario un sistema educativo m�s
flexible, que atienda a la diversidad a trav�s de la optatividad y
los apoyos personalizados necesarios. Y esto no se est� haciendo. Al
carecer de medios seguimos trabajando con un sistema r�gido y
uniforme para los alumnos.
No es necesaria, por tanto, una
reforma en profundidad de la estructura del sistema educativo.
Basta con que el MECD se lea los informes de la OCDE y de la
Comisi�n Europea (no se puede acusar a estos organismos de "progres
trasnochados") y extraiga conclusiones acerca de cu�les son
los factores que inciden en la calidad educativa: entorno
socioecon�mico de los alumnos, inversi�n educativa, relaci�n entre
profesores-alumnos, clima escolar, expectativas de los profesores
sobre cada alumno, motivaci�n y compromiso de los profesores,
identificaci�n e implicaci�n de los alumnos en la escuela, autonom�a
de los centros escolares, la participaci�n de los padres...
Prop�nganse medidas en esta l�nea.
Pero no, queremos que nuestros alumnos sean los mejores, pero
invertimos menos en educaci�n. Afirmamos que nuestro sistema es
comprensivo, pero no ponemos los medios para atender las diferencias
y compensar las desigualdades, y mantenemos dos redes escolares,
legitimando que seleccionen a sus alumnos. Concedemos autonom�a a
los centros p�blicos, pero s�lo para que redacten magn�ficos
documentos program�ticos, no para que adapten el proyecto educativo
a sus necesidades. Queremos que la ense�anza mejore, pero no movemos
un dedo (F. Pedr�)
En estas condiciones mucho nos tememos
que la reforma propuesta por el Ministerio, adem�s de volver a un
modelo educativo ampliamente superado en los pa�ses desarrollados
-m�s que una Reforma es una Restauraci�n-, traer� consigo un elevado
coste de cohesi�n social, y ser� adem�s un fraude para las
expectativas del profesorado y de la sociedad. |