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Juan Pablo II, La Paz y su visita a España

Lunes 5 de mayo de 2003

Su Santidad vino a España, con el eco, aún fresco, de sus palabras contra la guerra. Una voz que fue edulcorada a conciencia en muchos púlpitos, amortiguada en muchos centros escolares a instancias propias o de la administración educativa e ignorada por el presidente del gobierno español y su partido.

Esa voz que se alzó contra los poderosos para pedirnos con su mensaje que nos esforzásemos para lograr la paz del pueblo iraquí. Esa voz que dijo que "la guerra es el demonio", esa voz llegó a España.

Y muchos esperábamos un serio tirón de orejas a nuestros gobernantes de forma pública y también de manera privada.

Toda la visita ha sido una invitación al diálogo permanente y al entendimiento entre los hombres con «ideas que se proponen y no se imponen»; a la paz, construida sobre bases sólidas y justas; a la defensa de la vida, sin condiciones, y de la libertad, sin exclusiones; a la condena de la violencia, de la guerra, de los nacionalismos exasperados, del racismo y de la intolerancia; a la apuesta por los desfavorecidos.

En su primer discurso público lo dejó muy claro: “Hoy quiero comprometeros a ser operadores y artífices de paz. Responded a la violencia ciega y al odio inhumano con el poder fascinante del amor. Venced la enemistad con la fuerza del perdón", "sabéis cuanto me preocupa la paz en el mundo. La espiral de violencia, el terrorismo y la guerra provoca, todavía en nuestros días, odio y muerte. La paz es un don y la debemos construir entre todos mediante una profunda conversión interior. Por eso os quiero pedir que seáis operadores y artífices de paz" pero tengo la sensación que muchos, pese a sentirse aludidos, miraron para otro lado, como si nada hubiese pasado.

Pero... ¿qué ocurrió en su entrevista privada con Aznar?. ¿Le recordó el Papa a nuestro presidente la profunda tristeza de los cristianos por su contribución al conflicto y de paso le enseñó los diez mandamientos para que no se los salte a pares? No tuvo oportunidad. La visita privada, muy planificada, se llenó de familiares. Se multiplicó, como en el milagro de los panes y los peces, la familia presidencial, y según dicen las crónicas, en tales circunstancias no pudo regañar al señor Aznar por su clara discrepancia en el tema de la guerra.

La Iglesia española, pese a la contrariedad que ha supuesto el respaldo que Aznar ha prestado a EEUU en la invasión de Irak, desoyendo la tenaz condena de la guerra que ha patrocinado Juan Pablo II, tiene la necesidad de hacer buenas migas con el Gobierno del PP. Una vez que ha conseguido que la Religión, en la escuela pública, tenga categoría de asignatura, tiene aún  pendiente el aumento de la financiación de la Iglesia a través de  los fondos públicos de IRPF. Y Aznar, con todo su Gobierno en pleno, necesitaba salir en la foto, para mostrarse como un gran católico en vísperas de una cita electoral.

La juventud española ha sabido apreciar la firmeza de Juan Pablo II contra la guerra. Esa misma que fue ignorada por tantos políticos de Comunión diaria que ahora, después de sacarse la foto junto al pontífice, buscarán alguna ventaja electoral a la visita papal.

La hipocresía no suma sino que resta votos.

Carlos Cadenas
Miembro del Secretariado de STELE-STEs

 
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