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CONFLICTOS Y EDUCACIÓN

Jueves 10 de abril de 2003

Alfonso Díez Prieto. Salamanca.

Desde que comenzara la guerra de Iraq se ha cuestionado el que en la escuela se aborden este tipo de conflictos políticos y sociales. En seguida surgieron voces denunciando que “la escuela no es un lugar para hacer política”, previniendo contra la manipulación de los niños y jóvenes. Hace unos años, la duda hubiese ofendido al profesorado, al más dinámico y renovador, acostumbrado a que la escuela se hiciera eco de la realidad y, si fuera el caso, reaccionara ante ella. Pero las cosas han cambiado mucho en poco tiempo. Tanto es así, que no sólo la Administración educativa pone trabas o “recomienda”, mediante amenazas más o menos veladas, no tratar estos “comprometidos” asuntos en clase, sino que algunos docentes se sienten molestos e, incluso, “agredidos” - ¡qué sensibilidad! -, porque sus colegas se manifiestan contra la guerra ostentando una inofensiva pegatina en el pecho con el consabido lema “No a la guerra”.

Según parece, los defensores de la “escuela neutral” (la menos neutral de todas, porque siempre está con el poder) olvidan que estas cuestiones forman parte del currículum básico de todos los niveles educativos. Pero, como “tontos útiles” que son, prefieren a sus alumnos a su imagen y semejanza, o sea, ciegos, sordos e ignorantes respecto de lo que ocurre en el mundo, bien sea porque son pequeños - “pobrecillos!, ¡qué necesidad tienen de saber!”-, bien, porque se trata de jóvenes, aún inmaduros, que interpretarán mal lo que, probablemente, ya se les explica de forma sesgada y tendenciosa. Y, claro, lo que les hace falta, sabiendo como son ellos, que siempre están pensando en armar follón en lugar de estudiar, que es su obligación. ¡Amén!

¡Ah, el orden! Eso, ante todo, que luego pasa lo que pasa. Pero, entonces, ¿qué finalidad tiene la manida educación en valores? ¿Qué se pretende, por ejemplo, con los cacareados programas de Prensa-Escuela? ¿Qué se supone que han de buscar, maestros y alumnos, en las páginas de los diarios? ¿La programación televisiva?, ¿los deportes?, ¿los pasatiempos?, ¿los anuncios publicitarios?… Porque no se nos informa de lo que ocurre, sino de la realidad interesadamente fabricada por los medios, con el fin de crear un determinado estado de opinión. De ahí que la prensa en el aula debería servir para estimular nuestra capacidad crítica y, sobre todo, proporcionarnos instrumentos que nos ayuden a defendernos de la poderosa dominación ideológica de los mass media.

Ciertamente, no se quiere que entre la actualidad en clase, no vaya a ser que mostrándola se “corrompa a los jóvenes” desvelándoles la realidad tal como es y, en consecuencia, se los aleje de la cultura oficial, la de O.T., se entiende, que es la que gusta a nuestros gobernantes de pro. Lo otro les incita a pensar y a tomar partido. Leen, investigan, recogen información, la analizan, profundizan en la raíz de los problemas, sacan conclusiones y aprenden a opinar por sí mismos, con conocimiento de causa. Es decir, se educan y maduran. Y eso es sumamente peligroso para el sistema, que sólo busca formar obedientes y arribistas estudiantes. Así que, “zapatero, a tus zapatos”; o sea, a cumplir el programa (el del índice del libro de texto, claro). Compromete menos y no se “pierde el tiempo” en enseñar a razonar y a pensar adecuadamente. ¡Qué retroceso!

Por tanto, eso de la educación en valores está bien para que los alumnos y alumnas adornen las paredes de sus centros con atractivos y vistosos murales, pero poco más, que la escuela ha de ser neutral, apolítica, aséptica, incolora, inodora e insípida. ¡Olé! Trataremos la inmigración y la interculturalidad como se explica la migración de las aves. De la Paz, como un noble deseo de la humanidad, pero sin mencionar los conflictos sociales y las guerras -¡qué horror!-. De la tolerancia, porque todo el mundo es bueno y las opiniones son siempre respetables. De la democracia, porque ya votamos y todo, ¿qué más queremos?. De la vida, ocultando la muerte. De gitanos, sin gitanos. Y así sucesivamente. En fin, como enseñar a nadar encima de una mesa. ¿La piscina? Esa que te la compre tu padre, ¡majo!.

Mientras tanto, el sofisticado y destructor material bélico de EE.UU. y de Gran Bretaña, está provocando una horrible masacre en la población civil iraquí. Pero a nuestros gobernantes les preocupan más los tomatazos de la justificada ira popular, o que la bolsa no baje, que los misiles y las temibles bombas racimo (o margarita) que riegan de sangre inocente las calles Bagdad, Basora, Nasiriya, Nayad..., emblemáticas ciudades ya del horror y el sufrimiento más vil e injusto. ¡Cómo no hablar de esto en clase!

Alfonso Díez Prieto. Salamanca.

 
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