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Contra la guerra

EL PODER DE LA CIUDADANÍA


“El sábado, España dejó de ser un país de súbditos y volvió a ser un país de ciudadanos.”
Juan Goytisolo
 

El pasado sábado 15 de febrero millones de personas se manifestaron en miles de lugares de todo el mundo para gritar con la máxima energía “no a la guerra”. Ha sido la primera protesta global en la Historia de la Humanidad, leíamos al día siguiente.

Son tan burdos los argumentos, colmados de engaños, cinismo e hipocresía, de quienes quieren llevarnos a la guerra que no han conseguido ocultar cuáles son sus verdaderas intenciones. Sabemos qué es lo que en último término se persigue: el control de los recursos del petróleo y el dominio de una zona de gran importancia geoestratégica.

A la sombra del líder del Gran Imperio ha corrido a colocarse nuestro presidente del Gobierno, ávido tal vez por recoger una parte del botín. Así parecía confirmarlo Jeb Bush, hermano del presidente de EE UU, en su reciente visita a España: “Puedo asegurar a todos los que tienen sus dudas que a largo plazo esa relación dará beneficios que ahora no se pueden imaginar”.

Una gran parte de la ciudadanía de todo el mundo ha despertado de su letargo y se ha lanzado a parar los pies de sus gobernantes. Las ciudadanas y ciudadanos nos hemos encontrado juntos en las calles, hemos comprobado que somos millones y millones y hemos comenzado a ser conscientes de nuestro enorme poder. Podemos hacer cambiar el rumbo de la historia. No queremos que otros, una pequeña élite, marque nuestro futuro, sobre todo cuando ese futuro está lleno de muerte y desolación.

Son muchos los analistas que coinciden en afirmar que ha nacido una nueva superpotencia en el mundo. Estos días re repiten con frecuencia frases como las siguientes: “El día 15 confirmó que una parte importante de la humanidad, la más combativa, empieza a tomar conciencia de que el pueblo es el sujeto de la historia”. “Ha concluido definitivamente la época de la resignación y el conformismo frente al nuevo orden mundial”. “El 15 de febrero quedará inscrito como fecha de viraje en la gran aventura de la humanidad”. “Las grandes manifestaciones contra la guerra son testimonio de que todavía puede haber dos superpotencias en el mundo: EE UU y la opinión pública mundial.”...

¿Constituirán estas afirmaciones más la expresión de un deseo que la constatación de una realidad? De momento, tras el 15 de febrero, se produjo un cierto parón en la belicosidad, al menos verbal, de la mayoría de los gobernantes. Aunque intenten mirar para otro lado, la voz de la opinión pública seguirá gritándoles a la cara el “No a la guerra”. Y aunque intenten disimular, sienten a sus espaldas, más asustados de lo que parece, la presión del poder de la ciudadanía.

Bush y Blair, secundados por Aznar, han presentado ante el Consejo de Seguridad una nueva propuesta de resolución, camino directo hacia la guerra. Es necesario que de nuevo la ciudadanía se ponga en pie y manifieste una vez más su rechazo a tan criminales pretensiones. ¡Éstos sí que van a utilizar armas de destrucción masiva!

Se están preparando nuevas acciones para conseguir detener definitivamente la maquinaria bélica, y buscar otras vías para resolver los conflictos. Superpotencia frente a superpotencia. La nuestra, la superpotencia del pueblo, no necesita armas; no es arrogante, no avasalla; sólo usa la palabra, la presencia, la actitud, la resistencia activa, la solidaridad internacional. Podemos parar la guerra.

Feliciano Martínez Redondo
 

 
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