STEs Castilla y León Opinión

Francisco Fernández Buey

28/08/2012

 

Último artículo publicado: ¿Es tan malo ser antisistema?

En la muerte de Francisco Fernández Buey: Un adiós a Paco (con ismos) Carles Muntaner

Francisco Fernández Buey, el optimismo de la voluntad. J. J. Moreso

Paco Fernández Buey, un intelectual comprometido, Vicenç Navarro

Un agitador de la utopía. Rafael Argullol

Francisco Fernández Buey incorporó al pensamiento marxista la conciencia ecologista. Carlos Paris.

La Utopía como necesidad. María Jesús Cañizares

Francisco Fernández Buey nació en Palencia en 1943 y estudió Filosofía en la Universidad de Barcelona (UB), de la que fue expulsado en 1966 por su actividad antifranquista. Fue profesor en la UB y en la Universidad Pompeu Fabra. Militó en el PSUC y fue cofundador de Izquierda Unida. Ensayista y conferenciante, fue un profundo conocedor de Gramsci.

Tanto en su trabajo como en su vida, el catedrático y filósofo se comprometió con el pacifismo o el feminismo.

Tras la pérdida de Fernández Buey, permanece su ejemplo y la caja de resonancia de sus ideas


En la muerte de Francisco Fernández Buey: Un adiós a Paco (con ismos)

Carles Muntaner. Catedrático de Enfermería, Salud Pública y Psiquiatría de la Universidad de Toronto, Canadá

http://goo.gl/4MTTV

Francisco Fernández Buey (Paco) tenía a raudales dos virtudes cardinales del pensamiento Marxista: crítica y utopia. Su capacidad crítica la compartía con muchos de su generación e incluso con las que le sucedieron, pero su capacidad para encauzar la dimensión utópica del pensamiento Marxista era única. Es una constante en su obra y quehacer político. Se puede ver, por ejemplo, en sus escritos sobre Moore, Fourier o el Che, y en su dialogo con los nuevos movimientos sean ecologista, antinuclear, pacifista, antiglobalización, socialismo Latinoamericano, o el 15 M.

Lejos de cerrarse en un mundo académico mas o menos protegido, como les ocurrió a muchos Marxistas en los 80, Paco siguió trabajando con los movimientos anticapitalistas (con “los de abajo” como a veces decía). Paco también era un Marxiologo erudito, es decir le fascinaba la obra y la persona de Carlos Marx. Su palabra era clara, comedida, templada y a la vez intransigente con su crítica de “la bestia” y con su anhelo de un mundo igualitario.

A pesar de ser conocido internacionalmente (Europa, Latino America, Norte America) y de pertenecer al selecto grupo de expertos en Gramsci con Buttigieg y Rosengarten, Paco tenia un estilo campechano, sobrio, y elegante. Parecía que pensara con detenimiento cada palabra, pero sin asomo de pedantería. Su estilo era a la vez elaborado, exacto y cordial.

Un Marxismo abierto
Conocí a Paco hace más de tres décadas cuando era un editor de Mientras Tanto y el discípulo más allegado a Manuel Sacristán. Mirando atrás me sorprende la buena disposición que tuvo para ayudarme e interesarse en un tema (la agresión humana) que se encontraba fuera de su ámbito de estudio. ¿Cuantos Marxistas de su generación se hubieran interesado por un texto de un desconocido que atacaba al capitalismo desde un punto de vista cientifista y con una posición política mas cerca al anarquismo que del comunismo? Paco tenia esa virtud poco común de escucharte y darte su opinión respetuosa, pero sincera.

Esta disposición intelectual abierta le permitió profundizar en temas nuevos antes que otros intelectuales ibéricos. Un ejemplo seria la opresión de los pueblos indígenas, ya aparente en su trabajo sobre Jerónimo, y el racismo. Una vez le fui a ver con mi compañera, una india
Californiana y se preocupo enseguida por ella ya que no nos podía entender. Su preocupación por estos temas no era solo teórica, era también personal.

Un comunismo no sectario
Creo que se sentía orgulloso de ser comunista. Tal como decía su apreciada Rosana Rosanda, para ser comunista no hace falta carnet. Hablaba con añoranza del partido antes de la democracia, de lo buena que era su organización. Aunque siguió siempre en activo, estaba claramente a la izquierda de lo que nuestro sistema podía encajar. Paco no era sectario, le gustaba conectar a sus amigos y conocidos con intereses comunes sin que personalmente ganase nada con ello. A pesar trabajar en la universidad, daba la impresión que sus objetivos políticos tomaban a menudo precedencia sobre las necesidades de promoción académica.

Una generación dura
Esta como aceptado que la generación de socialistas que nació antes de la guerra civil, la de Manolo Sacristán, es la que sufrió más con el fascismo durante el pasado siglo. No hay duda que la violencia del sistema en contra suya fue mayor. Sin embargo la lucha de esta generación tuvo pocas ambigüedades, las cosas fueron a mejor, y el contexto exterior fue uno en el cual el Marxismo, cuando no dominante era respetado y se le tomaba en serio.

No fue axial para la generación de Paco. En los ochenta la izquierda comunista casi desapareció, la promesa de la clandestinidad no se vio realizada. Los marxistas coherentes como Paco tuvieron que enfrentarse con la traicion política de parte de su cohorte y con la marginalización académica. Paco tuvo que trabajar en un ambiente académico post franquista dominado por ex comunistas convertidos al neoliberalismo (eg Mas Collell) o por jóvenes agresivos de derechas “preparados” en Norteamérica o Europa (eg Sala i Martin).

Estos compromisos y contradicciones han sido duros para nuestra generación. Ello ha contribuido, al menos hasta hace poco, al sentimiento colectivo de derrota política inevitable Paco lo llevaba bien, mejor que nadie, con sobrio estoicismo.

Pero el compromiso de Paco era profundo y rehusó bajarse del tren Marxista aun cuando en los ochenta pocos lo hicieron. Es curioso como ahora muchos vuelven a hablar de clases sociales y citan a Marx cuando en los 80s y 90s a uno le llamaban anticuado al hacerlo.

Tuve la suerte de colaborar con el en la critica al marxismo analítico al que veíamos como una escuela incongruente que utilizaba los presupuestos individualistas del neoliberalismo (teoría de elección racional) para adaptarlos a algunas ideas marxistas como la de clase social. Tal como anticipábamos, el tiempo nos dio la razón. Queda muy poco de aquella escuela y la mayoría de sus adeptos han dado un giro a la derecha aun mayor, mientras el Marxismo “clásico” que defendíamos no solo no ha pasado de moda si no que esta viviendo un resurgimiento con la Gran Recesión. Paco tampoco era victima del colonialismo académico. Consciente de la calidad de la obra de Manuel Sacristán, no dudo en divulgarla en el contexto Anglosajón

Hasta siempre
Hay que agradecerle a Paco su honestidad ideológica y su compromiso intelectual. Sin el, muchos no hubiéramos visto que era posible, incluso necesario, seguir con la critica radical del capitalismo, pase lo que pase. Tal como están las cosas su figura adquiere aun mayor envergadura.

Carles Muntaner

Catedrático de Enfermería, Salud Pública y Psiquiatría de la Universidad de Toronto, Canadá
1. Fernández Buey, F, & Muntaner, C. (1995). Marxism’s against the current: weighing the decade of the eighties. Science & Society, 58(4),
471-481.
2. Muntaner C Fernandez Buey F (1998) Manuel Sacristan Spanish Marxist: Breaking the Pact of Silence. Rethinking Marxism Volume 10,
Issue 2, June 1998, pages 123-137
3. Fernandez Buey F and Muntaner C Making Sense of Elster. LSES/NIMH 1996 .


Francisco Fernández Buey, el optimismo de la voluntad

J. J. Moreso es catedrático de Filosofía del Derecho y rector de la Universitat Pompeu Fabra.

Tanto en su trabajo como en su vida, el catedrático y filósofo se comprometió con el pacifismo o el feminismo

http://goo.gl/OAh9a

El profesor Francisco Fernández Buey, catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universitat Pompeu Fabra, explicaba que ni Neus Porta, su mujer hasta su muerte hace poco más de un año, ni él habían tenido que visitar al médico hasta hace pocos años, cuando detectaron la enfermedad [cáncer] a Neus y, poco después, a él. Vivió esta etapa con la entereza que le caracterizaba para todas las cosas de la vida, haciendo planes, hablando de filosofía y de política con su hijo Eloi y con los amigos. El sábado Francisco Fernández Buey murió en Barcelona.

Su trayectoria durante los últimos 50 años constituye la mejor representación de la evolución de la Universidad española. Nacido en 1943 en Palencia, estudió Filosofía en Barcelona. De estudiante, con profesores como José María Valverde, Emilio Lledó o su querido maestro, Manuel Sacristán, ya tomó conciencia de la tremenda injusticia en que vivía instalada la vida pública en la España de los sesenta y fue uno de los estudiantes más relevantes de la oposición al franquismo. Fue uno de los líderes estudiantiles de la Capuchinada en 1966, cuando un nutrido grupo de universitarios, acompañados de prestigiosos profesores, intelectuales y periodistas, se reunió en el convento de los Capuchinos de Sarrià (Barcelona) para constituir clandestinamente el Sindicato Democrático de Estudiantes. Los que lo recuerdan de entonces ya hablan de su capacidad de razonar y de persuadir: hablaba siempre pausadamente, siempre sensible a las razones, conjurando más el acuerdo que el conflicto.

Por su actividad militante antifranquista fue expulsado de la UB y tuvo que sobrevivir de traducciones, voces para enciclopedias varias y todo tipo de contribuciones intelectuales a la lucha política contra la dictadura. Fue miembro, hasta 1978, del PSUC, donde fue compañero y amigo de tantas personas que después han ocupado lugares relevantes en la sociedad catalana. Está por escribir esta contribución del PSUC durante aquellos años. Después regresó a la Facultad de Económicas de la UB con Manuel Sacristán, pasó un tiempo en la Universidad de Valladolid, obtuvo la cátedra en la Universidad de Barcelona y a comienzos de los noventa fue llamado a la recién creada Universitat Pompeu Fabra por su rector, Enric Argullol, uno de los compañeros del PSUC, delegado de los estudiantes de Derecho en la Capuchinada. Durante casi 20 años estuvo impartiendo clases de Filosofía de la Ciencia, de Filosofía Moral, de Filosofía Política y de tantas cosas en la Facultad de Humanidades. Los estudiantes no le llamaban, como le llamábamos sus colegas, Paco, sino El Buey, una evocación involuntaria a un gran filósofo histórico, aunque lejano a las preocupaciones de Fernández Buey, igualmente convencido de la fuerza de las razones.

Cerca intelectual y personalmente de Manuel Sacristán, su formación fue, a la vez, una sólida formación en la filosofía de la ciencia y en la tradición marxista. Una forma muy sugerente de aunar la razón teórica con la razón práctica en una especie de razón comprometida. Por eso desde sus primeros escritos muestra una gran capacidad de combinar la atención a los pensadores mayores, en especial a los teóricos de la tradición marxista, con predilección hacia Antonio Gramsci, un autor que le acompañó desde el principio hasta el final y con el que todos tendíamos a identificarle, con la atención hacia los cambios que se producen en la sociedad, los movimientos sociales, de hecho dirigía una Cátedra Unesco en la UPF sobre los movimientos sociales. Por esta razón, se comprometió con el pacifismo, con el feminismo o con el ecologismo. Por ello, sus libros van desde Einstein y la epistemología hasta nuestra lucha contra la barbarie y la defensa de las utopías, entre Campanella y Gramsci.

En las relaciones personales, era de una enorme afabilidad, que hacía sentirse bien a los que le rodeaban. Transmitía el afecto de un modo entrañable. Era uno de los profesores más queridos en nuestra Universidad. Sin embargo, su voz crítica nunca dejaba de oírse en todos los foros. Con claridad y rotundidad, de un modo insobornable. De hecho, tenía una alergia natural a los cargos y a las funciones burocráticas. A comienzos de la década pasada fue nombrado, a propuesta del grupo parlamentario de IU, miembro del Consejo de Universidades; pero esas largas y plúmbeas sesiones en Madrid le aburrían y no asistía casi nunca, solo cuando se lo pedíamos para que defendiera alguna causa que consideraba merecedora de ser defendida.

En estos momentos en los que oímos a menudo a tantas personas vilipendiar la Universidad pública, su trayectoria muestra cómo pueden entrelazarse de la manera más conveniente la dedicación a la docencia con la dedicación a la investigación, la capacidad de los universitarios para tener una presencia pública que mejore nuestra sociedad, que alimente nuestra democracia procurando la calidad perdurable de nuestra deliberación. Su confianza en la fuerza de la razón era inagotable, tal vez porque, como su querido Gramsci, sumaba al pesimismo de la inteligencia el optimismo de la voluntad.

J. J. Moreso es catedrático de Filosofía del Derecho y rector de la Universitat Pompeu Fabra.


Paco Fernández Buey, un intelectual comprometido

Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas.

http://goo.gl/w2mRG

Ha muerto un intelectual comprometido con el bienestar y calidad de vida de las clases trabajadoras y de otros sectores de la población, componentes de las clases populares de este y otros países, así como con los movimientos de liberación existentes alrededor del mundo. El objetivo de su vida fue contribuir con su trabajo a terminar con la explotación, fuera ésta de clase, de género, de raza o de nación. Ya en sí, este propósito le distinguió de la gran mayoría de intelectuales que ponen sus conocimientos al servicio de las estructuras de poder, garantizando su reproducción. Pero lo que también distinguió a Paco Fernández Buey fue su coherencia. Fue característico de su compromiso no desviarse de aquel objetivo, intentando mostrar, en su vida personal, la continuidad de sus principios, lo cual le llevó a enfrentarse incluso a personajes, movimientos y partidos de izquierda que él consideró demasiado acomodadizos. Fue, en este aspecto, también un intelectual incómodo incluso para sectores de las izquierdas de las que formó parte y en las que militó. Militancia no significaba, para Paco Fernández Buey, obediencia y unanimidad, sino compromiso, mejor realizado a través de un proyecto colectivo. La falta de sensibilidad hacia la necesidad de diversidad y debate por parte de tales sectores de izquierdas explica, sin embargo, que abandonase aquellos instrumentos políticos sin que, con ello, y tal como ocurrió con muchos otros, perdiera o diluyera su constante compromiso.

Tal compromiso, sin embargo, se paga en esta sociedad con un alto coste personal. Un intelectual comprometido de izquierdas, crítico con estructuras de poder que aguantan y sostienen una enorme explotación (término evitado en el lenguaje versallesco del discurso mediático dominante) paga un coste elevado a nivel personal. Tiene negado todo fórum de acceso a la población. Paco Fernández Buey aparecía poco en los mayores medios de información y persuasión del país, que no favorecen voces críticas, como la suya, que tocan las raíces de los problemas a los que la mayoría de la ciudadanía se enfrenta en su vida cotidiana. Tales voces quedan marginadas, desechadas como “anticuadas” por hablar de conceptos como “lucha de clases” que son considerados por los establishments que dominan el quehacer intelectual y mediático del país como irrelevantes. En realidad, en pocas ocasiones como ahora se ha visto que tales conceptos llamados ahora anticuados sean tan claves para entender nuestras realidades. Hoy mismo han aparecido los datos de la distribución de las rentas del país, señalando (para todo aquel que no esté cegado por la ideología dominante) cómo las rentas del capital han ido creciendo durante todos estos años de crisis a costa de las rentas del trabajo. La definición de explotación es que A explota a B cuando A vive mejor a costa de que B viva peor. A y B pueden ser clases sociales, géneros, razas y/o naciones. Pues bien, los datos muestran que el mundo del capital en España ha estado viviendo mejor a costa de que la clase trabajadora haya ido viviendo peor. Pero la intelectualidad “respetable” que produce y reproduce la sabiduría convencional no habla de esta realidad, ocultándola y definiendo los análisis que permiten entenderla como “anticuados”. Modernidad significa en dicho lenguaje, adaptarse, aceptar y promover la sabiduría convencional de aquellos que tienen poder para definirla.

Es interesante que tal visión de los hechos aparezca también en más de una nota escrita a raíz de la muerte de Paco Fernández Buey. Intentando mostrar simpatía por el fallecido, concluyen que era un buen hombre, colgado todavía en el sueño de las utopías, lo cual raya con definirlo como una figura ya irrelevante en nuestros tiempos. La enorme crisis actual está mostrando más y más la vacuidad de tal sabiduría convencional y la necesidad de ir recuperando las categorías de análisis críticos como los de Paco Fernández Buey, que permiten entender la realidad para poder transformarla.

Una nota personal. Conocí a Paco a través de Manolo Sacristán. Conocí a dos Sacristanes. Uno en el Instituto Jaime Balmes, cuando yo era estudiante de bachillerato. Siendo yo hijo de maestros brutalmente represaliados por el golpe fascista y la dictadura que estableció, mis sentimientos hacia Sacristán, profesor de Lógica en aquel instituto, y en aquel momento miembro activo del movimiento fascista y de la Falange, eran de clara hostilidad. Fue años mas tarde cuando conocí a otro Sacristán, la misma persona, pero con un pensamiento opuesto al que él había tenido en su juventud. Era ya entonces un hombre de la resistencia antifascista que estableció Mientras Tanto, invitándome a colaborar desde el principio. Y así fue como conocí a Paco, que era su discípulo, y que inmediatamente me impresionó por su compromiso y calidad personal. Y fue un enorme placer cuando, al incorporarme a la Universidad Pompeu Fabra, compartimos edificio y espacio físico, maximizando las oportunidades de vernos, y así fue como se reforzó una gran amistad.

Es en este contexto en el que, cuando ya estaba avanzada su enfermedad, hablamos de la vida y también de la muerte. Las personas se definen por cómo y por qué viven y también por cómo mueren. En pocas semanas he perdido a dos amigos. Uno, Alexander Cockburn, fundador de la revista CounterPunch con la que colaboro, y el otro Paco Fernández Buey. Los dos murieron como vivieron, trabajando hasta el último momento, con discreción y contundencia. Paco y yo hablamos de su vida y de su muerte. Paco veía su muerte con serenidad. Amaba la vida, una vida enriquecida a nivel personal por una excelente familia y por una larga lista de amigos. Y amaba también la vida porque creía que el futuro sería mejor que el pasado, y quería verlo. Para que haya cambio se requiere, sin embargo, una movilización que lo posibilite. Y Paco veía ya síntomas e indicadores claves de que las clases populares se estaban movilizando. Y quería estar aquí para verlo y ser parte de ello. Lástima que no podrá verlo. Pero sí que estará aquí, pues su trabajo y su vida continuarán, inspirando a muchos que seguirán sus pasos. Paco se fue, pero su persona y su trabajo siempre continuarán entre aquellos que luchan por aquel mundo mejor basado en la fraternidad y en la solidaridad.

Y tal futuro puede que no esté tan lejos y/o sea tan imposible como los establishments que dominan y gobiernan el mundo, incluyendo Europa, nos quieren ahora hacer creer con el mensaje que repiten con tanta frecuencia de que no hay alternativas a sus políticas, que causan un enorme dolor. Según la última encuesta de valores de las poblaciones que viven en los países a los dos lados del Norte del Atlántico, la mayoría de la población (que varía según el país) indicaba que preferiría vivir en un país, con un sistema económico, político y social que se basara en que cada persona tuviera los recursos que necesitara y que cada persona contribuyera al bien común según su habilidad y capacidad. Que este deseo se traduzca en una movilización es una amenaza al actual sistema de relaciones de poder, basadas en una enorme concentración de poder financiero, económico, mediático y político, lo cual explica la reducción de las libertades y de la democracia que aquellos establishments están imponiendo a las clases populares, a las cuales Paco sirvió, sembrando las bases para este mundo mejor.


Un agitador de la utopía

Rafael Argullol es escritor.

Tras la pérdida de Fernández Buey, permanece su ejemplo y la caja de resonancia de sus ideas

http://goo.gl/BXI5T

Escribo conmocionado por la muerte de Francisco Fernández Buey, mi querido Paco, que me acaban de comunicar, y con la precipitación a la que obliga el cierre de la edición del periódico. Sin embargo, no me es difícil, como en un torbellino, evocar sucesivas imágenes de Paco, al que conocí hace ya tantos años.

Recuerdo perfectamente la primera vez que lo vi, recién entrado yo en la Universidad, en una asamblea de estudiantes que se celebraba en el paraninfo. Paco era ya un dirigente estudiantil famoso y enseguida pude apercibirme de las causas: pese a que no era corpulento, su capacidad de dominio del espacio y de persuasión de los oyentes eran enormes. Me cautivó su voz grave y bien modulada, pero, sobre todo, la mesura extraordinariamente armónica de sus argumentos. Aunque él era entonces muy joven —debía de tener unos 23 años— ya reunía toda la capacidad del que puede encabezar un proyecto por la limpieza y convicción de sus ideas. Aquella primera ocasión fue la piedra de toque para medir cuántas intervenciones públicas les escuché a Paco Fernández, siempre firmes, y siempre de una elegante elocuencia.

Con los años comprobé que esa imagen exterior de Paco, que le habían convertido en una leyenda en la ciudad, se conciliaba perfectamente con su existencia cotidiana. En privado, era un hombre muy afable, de fácil conversación, que emanaba continuamente una gran coherencia en sus convicciones. A lo largo del tiempo tuve la oportunidad de colaborar repetidamente en empresas editoriales e intelectuales en las que él participaba. Nunca falló en la transmisión de esta honestidad y hondura morales que tanto le caracterizaban. Como es sabido, siempre mantuvo posiciones políticas revolucionarias que, en su caso, estuvieron sostenidas por unos fundamentos culturales de enorme solidez. Su inconformismo y su rebeldía éticas se agrandaban en la misma medida que su profundidad intelectual las hacía consecuentes. Tras años de encuentros intermitentes, en los que se forjó un gran aprecio mutuo, tuve la fortuna de coincidir con él en estas dos últimas décadas en la misma Universidad Pompeu Fabra. Nuestros despachos estaban situados en el mismo pasillo y esto nos daba la oportunidad de conversar frecuentemente. Paco Fernández era un brillante profesor y ensayista, vertientes que él desarrolló siempre en paralelo a su inconmovible militancia política.

Su muerte significa una enorme pérdida desde todos los puntos de vista. Con él desaparece uno de los grandes agitadores de la utopía, si bien permanece su ejemplo y la caja de resonancia de sus ideas. Para mí la pérdida es doble porque se desvanece un referente intelectual y moral y, simultáneamente, se aleja un amigo querido. En el vértice del torbellino de imágenes que ahora me envuelve permanece, como una tierra firme inalterable, la amistad, complicidad y lealtad que nos ha unido durante tantos años.

Rafael Argullol es escritor.


Francisco Fernández Buey incorporó al pensamiento marxista la conciencia ecologista

Carlos Paris. Filósofo. Presidente del Ateneo de Madrid

http://goo.gl/TXamr

Se nos ha ido un importante pensador comprometido en su obra y en su vida con la lucha por una sociedad en que la justicia y la libertad del desarrollo humano no sea retórica propagandística sino realidad. La última vez que me encontré con Fernández Buey fue, no hace aun mucho tiempo, cuando presentó en el Ateneo madrileño un libro, en que recogía materiales ilustrativos de las luchas que en la Universidad española se desenvolvieron contra la dictadura, con especial atención a las de Barcelona, en que desarrolló sus estudios y su labor docente.

Los comentarios sobre el libro, espontáneamente, desembocaron en el análisis crítico de la actual universidad, sacudida ahora, no ya por una dictadura sino, tanto en España como en todo el mundo occidental, por el pragmatismo mercantilista, que tan fielmente recoge el Plan Bolonia y, muy gravemente, por el despojo económico a que el capitalismo en su despótica política actual está sometiendo a la cultura, augurando la entrada en tiempos de barbarie.

Recuerdo este pequeño episodio, no sólo porque me trae retrospectivamente la imagen de un Francisco Fernández Buey todavía sonriente y, como siempre, fiel a su lucha, alegre y animoso en ella, sino por el alcance significativo que contiene: la de un combate que bajo diversas formas de dominación y acoso al desarrollo colectivo de la humanidad es preciso continuar, sin olvidar el pasado y sin dejar de mirar a un futuro mejor. Tal como Fernández Buey supo hacer a lo largo de su vida. Como he comentado, fue nuestro último encuentro. Posteriormente me sorprendió su ausencia en las Jornadas que sobre el comunismo se realizaron por iniciativa de activos estudiantes en la Universidad Complutense. Y, entonces, supe que se encontraba afectado por un grave proceso canceroso.

Ahora se nos ha ido, pero deja tras sí, una importante obra. En la que a los libros en que explicita su pensamiento propio se añade una importante aportación a la historia de las ideas y una serie de traducciones. Formado en el entorno de Manuel Sacristán, acogió dentro de su pensamiento marxista la necesidad de incorporar, en él, la visión ecologista, frente al desarrollo ciego de las fuerzas productivas, en la línea de Harich y del mismo Sacristán. Una perspectiva que ha fructificado en la alianza actual marxismo-ecologismo. Pero, si queremos introducirnos en el pensamiento de Fernández Buey, no podemos olvidar la poderosa influencia de Gramsci, en afinidad con el desarrollo que al marxismo dio el gran pensador Adolfo Sánchez Vázquez, también no hace mucho fallecido y al que, en su momento, he rendido homenaje en las páginas de Público. En esta línea el marxismo de Fernández Buey ha sido calificado de humanista, con una importante atención a la ética. Una ética en que a la reflexión se añade el alto testimonio que representó su vida.

*Filósofo. Presidente del Ateneo de Madrid


LA UTOPÍA COMO NECESIDAD

María Jesús Cañizares

A vida de Fernández Buey transcurre en paralelo a una transición españoladonde este filósofo y ensayista conoció los mejores años del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), delque fue miembro. Fallecido el pasado25 de agosto a la edad de 69 años, víctima de uncáncer, quienes le conocieron coinciden en destacar su serenidad y su defensa del diálogo, aunquetambién la firmeza de su compromiso.

Francisco Fernández Buey nació en Palencia en 1943 y estudió Filosofía en la Universidad de Barcelona (UB), donde conoció a Manuel Sacristán, profesor primero y amigo para siempre después, así como al poeta José María Valverde y el filósofo Emilio Lledó. En 1966, su participación en la Capuchinada, reunión que intelectuales, estudiantes y profesores mantuvieron en el convento de los Capuchinos de Sarrià (Barcelona) para fundar el Sindicato Democrático de Estudiantes, le costó la expulsión de la UB, pero la causa antifranquista logró un fiel adepto. Durante unos años se ganaría la vida como traductor de Descartes o Touraine, y como colaborador de varias enciclopedias, sin olvidar la reivindicación de un cambio político ya en ciernes.

Entre 1963 y 1978 fue militante del PSUC y formó parte de los delegados del congreso fundacional de Izquierda Unida (IU). «La izquierda pierde a un pensador sabio y cercano, lo que supone un duro golpe, mucho más en unos momentos tan críticos y desconcertantes como los que estamos viviendo», diría el coordinador general de IU, Cayo Lara, al conocer la muerte de Fernández Buey.

De la mano de Sacristán, volvió a la UB en 1972, concretamente a la Facultad de Económicas. Tras ejercer un tiempo en la Universidad de Valladolid, logró la cátedra en la UB. En 1993 fue nombrado catedrático de Filosofía Política en la recién creada Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde dirigió también la cátedra UNESCO sobre estudios interculturales. Poco amigo de los entresijos burocráticos, aguantó poco en el Consejo de Universidades, del que fue miembro a propuesta de IU. Fue, asimismo, investigador del Instituto Universitario de Cultura y militó en el Comité Antinuclear de Cataluña (CANC).

Fue autor, entre otros ensayos, de «Lenin», «Contribución a la crítica del marxismo cientificista»,«Ideas para un racionalismo bien temperado», «Discursos para insumisos discretos» y «La ilusión del método». Su referente marxista fue el teórico italiano Antonio Gramsci, admiración que fructificó en sus obras «Ensayos sobre Gramsci»
(1977) y «Leyendo a Gramsci» (2001). Su compromiso con el feminismo, el pacifismo y el ecologismo también se refleja en varios libros como «Ni tribunos: Ideas y materiales para un programa ecosocialista». Profundizó en el choque de culturas y en el pensamiento político en la España del siglo XVI.

Muy aficionado al cine y a la labor pedagógica que éste podía ejercer, Fernández Buey alternó su labor docente con seminarios y conferencias alrededor del mundo, y publicó en numerosas revistas de ideología marxista como «Dialectique y Actuel Marx» (París), «Rinascita», «Critica marxista» y «Liberazione» (Roma), «Das Argument» (Berlín), «Dialéctica y Memoria» (México), «Science and Society» y «Rethinking Marxism» (EE.UU), entre otras. En España escribió en «El viejo topo» y «El País». El cofundador de IU falleció apenas un año después que lo hiciera su esposa, la catalana Neus Porta, de la misma enfermedad, el cáncer. Francisco Fernández Buey, reivindicó la utopía como una aspiración necesaria.

Algunos de sus artículos

Críticos y Ciudadanos - Acto de Junio - Francisco ...

7 Ene 2011 - 8 min - Subido por criticosyciudadanos
Francisco Fernández Buey en el acto celebrado en Junio de 2010 en la sede central del CSIC.
 

Entrevista Francisco Fernández Buey (Parte 1)

31 Oct 2010 - 12 min - Subido por REVISTAPERIPLO
Primera parte de una entrevista sobre la utopía realizada por Ricard Olivé Roca. Para leer la versión impresa en la edición V de la revista "PERIPLO" acceder a: www.revistaperiplo.com.

Francisco Fernández Buey (Parte 2)

1 Nov 2010 - 13 min - Subido por REVISTAPERIPLO

STEs Castilla y León Opinión