STEs Castilla y León Opinión

El Máster de los líos

EL EDITORIAL DE LA SEMANA
El Máster de los líos

Medios de comunicación, profesores y expertos se han hecho eco en estos últimos días del comienzo titubeante e incluso caótico del Máster en Profesorado de Secundaria. Una de las apuestas fuertes del anterior equipo ministerial que sustituye a un desprestigiado Certificado de Aptitudes Pedagógicas (CAP) y que, por primera vez en 30 años, se replanteaba de una forma más rigurosa la formación pedagógica del profesorado de Secundaria. Un profesorado cuya formación inicial ha sido adquirida durante años por ensayo acierto y error, una manera inquietante y peligrosa de hacer frente a uno de los tramos más complejos de la enseñanza obligatoria.

El Máster, aunque no ponía en tela de juicio el modelo de la formación del profesorado, (desde ESCUELA pensamos que necesitamos un cuerpo de profesores de enseñanza obligatoria), sí apuntaba en la dirección sobre la que alguna vez escribió la catedrática de Didáctica Pilar Benejan: "El objetivo de un departamento universitario de química es formar químicos. El objetivo de la Formación Profesional es hacer de este químico un profesor de química". Esta es la diferencia sustancial que el nuevo formato de formación en Secundaria vuelve a dejar virgen. El Máster ha empezado tarde, empujado por el corporativismo más feroz desde distintas carreras; con serias disputas entre facultades; con las universidades disputándole hasta el último aliento al profesorado de Secundaria y Bachillerato; con una campaña de desprestigio feroz contra la pedagogía y los pedagogos; con una criminalización del alumnado que parece ser -junto a los pedagogos- el único culpable de la mala situación de la enseñanza Secundaria; y con una rebaja en las calidades del edificio formativo que van a provocar en el futuro serias dificultades a la hora de consolidar una formación inicial de calidad para el profesorado de Secundaria.

Desde ESCUELA somos de la opinión que tal y como ha arrancado el Máster de Secundaria no sirve para nada, o al menos no sirve para nada distinto sino ahondar en la precariedad formativa del profesorado de Secundaria. El Ministerio de Educación tendría que haber tomado cartas en el asunto desde un principio, no haber cedido ante los intereses corporativos y haber centralizado y supervisado la implantación del Máster en todas las comunidades autónomas, sin permitir la divergencia entre comunidades, y las diferencias que se pueden producir entre el profesorado según dónde se forme.

Las piedras angulares del Máster, como eran el dominio de lenguas extranjeras, la formación en TIC, una formación pedagógica y social de acuerdo con la tarea del docente en permanente contacto con la comunidad educativa y el prácticum, dependen una vez más del voluntarismo. Pero seamos optimistas: el Máster ha empezado su andadura, a tiempo estamos de rectificar, si existe voluntad política y conocimiento para rectificar, y que en la memoria quede algo más que el Máster de los líos.
 

 

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