STEs Castilla y León Opinión

Necesita mejorar

24 de septiembre de 2007

Opinión

Joaquim Prats

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Después de la expansión de la educación de los años 80 y gran parte de los 90, vivimos una crisis de crecimiento

Como cada año, por estas fechas, la OCDE hace público su Panorama de la Educación, en el que se presentan los indicadores educativos de los países miembros y los asociados a este proyecto. Education at a glance o Regards sur l´education (en la versión francesa) se ha convertido en el referente estadístico más valorado y universal de los sistemas educacionales. Desde los inicios de la década, en que se estabiliza la mayor parte de los indicadores, este acontecimiento ha servido para que las sociedades de los distintos países, a través de los medios de comunicación, tomen conciencia del estado de su educación al compararla con el resto.

La publicación, año tras año, del sistema de indicadores de educación es un instrumento muy valioso y de gran relevancia en el análisis comparado que sirve para orientar a gobiernos y organizaciones económicas en la toma de sus decisiones estratégicas.

El sistema de presentación y análisis está pensado para que sea fácilmente comprensible la posición de un país respecto a los demás y en relación con la media de la OCDE.

¿Sirve el documento de la OCDE para diagnosticar el funcionamiento de cada sistema educativo?

Sin ninguna duda la respuesta es sí. Pero este sí necesita ser matizado.

Los datos que se ofrecen no dejan de manifestar una posición presente de la educación, pero no expresan los procesos que se han realizado para llegar hasta esa situación.

El nivel de formación de los habitantes de un determinado país no se cambia en un año, ni en dos, ni en cinco. Los cambios profundos educativos son lentos y tienen que ver no solamente con su sistema educativo, sino también con otros factores: nivel de estudios de las familias, demandas y exigencias formativas del mercado de trabajo, etcétera. Un diagnóstico con los datos de Education at a glance sobre el nivel de formación de la educación española debería considerar factores muy relevantes que no están presentes en el estudio de la OCDE.

Cuando nos referimos a los factores relevantes nos referimos, fundamentalmente, a la historia reciente de nuestro sistema educativo, que ha tenido que hacer en veinticinco años lo que en la mayor parte de los países de la OCDE se ha realizado en más de medio siglo. Recuérdese que en el inicio de la democracia española había un 10% de niños de 6 a 11 años todavía no escolarizados. De los 12 a los 14 años, solamente un 65% iba a la escuela, y casi dos tercios de los jóvenes de entre 15 y 16 años no seguían estudios secundarios postobligatorios. En el año 1980, la cuarta parte de la población mayor de 16 años (2.353.600 de personas) era analfabeta funcional o carecía de estudios. Como puede comprobarse, ´ rstas son cifras muy alejadas de las tasas de escolarización universal de 6 a 17 años, que ya se habían alcanzado en los países europeos occidentales

En el sistema educativo español se ha dado escuela gratuita desde los 3 hasta los 17 años a toda la población, se ha producido un crecimiento del cien por cien en la oferta de formación terciaria, se han invertido recursos para construir un parque de escuelas e instalaciones educativas, etcétera. Y todo ello en los últimos veinticinco años.

Por lo tanto, un análisis de nuestro estado de la educación debe considerar esas circunstancias, sin que ello signifique conformarnos con la situación mediocre que tenemos y sin renunciar a la ambición de homologarnos con los mejores. Pero comparaciones entre países sin considerar más elementos y sin un ejercicio de comprensión de los procesos pueden resultar poco rigurosas, además de claramente injustas.

Como todos los años anteriores, España se mantiene en una posición que, como se dice en el argot educativo: "Necesita mejorar". En la publicación de este año (2007), se sitúa en las mismas posiciones que en el 2006, el 2005 y años anteriores. No se ha producido nada que no supiéramos y que no se haya dicho en muchos medios de comunicación, que, por cierto, tratan el tema cada año como si fuera una auténtica revelación. Las tasas de formación, de abandono escolar, de gasto público, etcétera nos colocan casi siempre por debajo de la media de la OCDE y en los últimos puestos de la Europa de los quince. Nada que no sea la noticia del año pasado o del anterior. Lo que realmente debería comenzarse a analizar es si esta situación tiende a estabilizarse o si se aprecian mejoras en nuestras posiciones.

Por el momento, después de la fulgurante expansión de la educación experimentada en los años ochenta y gran parte de los noventa (porcentaje de graduaciones por franjas de edad, escolarización universal de los 3 a los 17 años, incremento del porcentaje del PIB, aumento de diplomados y licenciados universitarios, mejora espectacular del parque de instalaciones escolares, etcétera), lo que deberíamos analizar es si se ha producido un estancamiento o no. La respuesta, como decimos algunos de los que nos dedicamos a pensar el sistema educativo, es que estamos viviendo una crisis de crecimiento.

Los datos parecen confirmar esta hipótesis: las series de los seis últimos años no muestran cambios para mejor. Los dos informes PISA conocidos y, seguramente, el que se hará público este mismo año manifiestan que no se produce el lento progreso esperado. Nos hemos estabilizado en una posición demasiado baja.

Vistas así las cosas, conviene analizar los datos de Education at a glance como un impulso para avanzar. Para que, una vez superado el reto cuantitativo, nos pongamos con todos los medios a conseguir el reto cualitativo y los dos retos de los que hablan los informes de la OCDE: el reto de la equidad y el reto de la ambición. En ello estamos.

Joaquim Prats, Catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universitat de Barcelona

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20070919/53392054622.html

 

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