STEs Castilla y León Opinión

De votos y gárgolas

 12 de diciembre de 2006

TRIBUNA: AULA LIBRE

Javier Sánchez Sánchez

 

L

a segunda noticia que escuché fue: “Los profesores de enseñanza están convocados a las urnas”. Verdaderamente, el periodista no anduvo muy acertado con el titular. Por la redundancia, digo.

Era la madrugada del día 30 y nos desperezábamos con esa mezcla irreverente de ilusión y recelo que acompaña los amaneceres de estos días mágicos. Una jornada que avanzaría lenta, tanto como su predecesora “el día de reflexión”, de no haber sido por los sobresaltos que nos producían los comunicados de la Administración y las réplicas y contrarréplicas de los Sindicatos. Y amenazaban con no parar hasta el momento mismo de la apertura de urnas.

Fue en ese momento, al constituirse las mesas cuando, por arte de magia, todo se ralentizó; todo fluía con la naturalidad deseada y no poseída en jornadas anteriores. Se detuvieron entonces tantas idas y venidas, tantos mensajes apresurados haciendo y deshaciendo. Una tertulia enriquecedora vino a llenar la jornada más allá de diferencias, y con un único tema: la educación en sus múltiples facetas.

Finaliza el recuento y se van reflejando en el panel de resultados las cifras que premian el trabajo realizado durante cuatro años. Comienzan las celebraciones. ¿Qué celebramos? ¿El trabajo bien hecho? ¿La responsabilidad de estar ahí, representando al profesorado?

¿Y ahora qué?

Podemos seguir celebrándolo o ponernos a trabajar, como ayer, como la semana pasada, cerca del profesorado, recordando esos logros pero sin caer en la vanagloria. El profesorado demanda, así nos lo hacen saber, un sindicalismo comprometido. Demanda mejores retribuciones, más derechos, más....Pero lo que un maestro quiere por encima de todo es dar clase, educar sin impedimentos, sin limitaciones, sin presión. Solo eso y todo eso.

La dignificación del profesorado pasa por una mejor formación, la mejora de las retribuciones, una salud laboral concebida desde la prevención, unas adecuadas condiciones de trabajo pero sobre todo, por el reconocimiento social de nuestra labor. Si damos a conocer nuestro trabajo a la sociedad, la formación que nos ampara, nuestra dedicación a lo que nos gusta, no tendremos dificultades para contrarrestar este vendaval de noticias más cerca del sensacionalismo que de la realidad educativa que vivimos.

Una nueva etapa, una nueva oportunidad para seguir luchando por esta dignidad y una mejor calidad de nuestro trabajo en la defensa de la escuela pública.

La primera noticia fue: “Una gárgola se ha desprendido en la catedral de León...”. Pero no, esta vez no topamos con la Iglesia, no. Esta vez topamos con la Administración que, descuidando sus quehaceres comenzó a perder gárgolas a diestro y siniestro y, en consecuencia, haciendo agua por todas partes.

Javier Sánchez Sánchez

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