STEs Castilla y León Opinión

Fracaso escolar: fracaso de todos


 23-01-2006

Opinión.- La Goleta

FEDERICO F. DE BUJÁN

 

L

as noticias, desde hace años, no son buenas. Nuestro modelo de enseñanza obligatoria, hasta los dieciséis años, ha arrojado en distintos informes internacionales resultados muy por debajo de la media de los países desarrollados. Se constataban las carencias y se advertía de la gravedad del diagnóstico.

A estos preocupantes datos se añade ahora el resultado de un informe nacional que señala el nivel de fracaso escolar. De los veinticinco países de la Unión Europea, sólo Malta y Portugal superan nuestro índice: uno de cada tres alumnos de la ESO no alcanza a terminar los estudios. El porcentaje infamante pone en solfa el sistema. Se hace necesario reflexionar sobre su etiología. Cómo es posible que un país como el nuestro se sitúe detrás de otros que, en principio, pudiera pensarse que estarían peor.

Desmotivación del alumnado, frustración del profesorado, inatención familiar e inconveniencia del marco normativo pueden ser concausas del fracaso. El sistema somos todos. Asumamos, pues, nuestra cuota de culpa.

La desmotivación por el estudio es consecuencia de que el alumno es hijo de una sociedad que rechaza el sacrificio como medio de alcanzar cualquier meta. Los mensajes destinados a los jóvenes, desde la televisión o la publicidad, son en la mayoría de los casos contravalores del esfuerzo. La frustración del profesorado se debe a su falta de autoridad en el aula y a su escaso aprecio social. La inatención familiar no suele ser imputable a la falta de interés de los padres, sino a horarios laborales agobiantes que dejan escaso tiempo para dedicar a los hijos. La inconveniencia del marco normativo reclama, urgentemente, un ejercicio de responsabilidad de la clase política para alcanzar un pacto nacional de educación, con asesoramiento de expertos, para consensuar la mejor legislación, al margen de posiciones ideológicas, para reactivar nuestro sistema. Educación, ciencia y cultura son referentes de progreso, de ellas depende el desarrollo social. España no puede seguir arriesgando su futuro.
 

FEDERICO F. DE BUJÁN

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