STEs Castilla y León Opinión  Comunicados

Los niños, a la escuela


23-09-2005

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Victoriano Crémer

E

fectivamente, los niños, todos los niños, incluidos los niños gitanos, y los niños milagrosamente salvados de las aguas, como Moisés, están llamados y obligados a acudir al colegio.

En España, según me dice una maestra estupenda, que entiende de niños, más de diez millones de niños de todas las edades, condiciones y colores están obligados a asistir a la escuela, a fin de conseguir llegar a ser hombres de provecho y mujeres de su casa.

Este es un privilegio que, al paso que vamos, con tantísimo tropiezo constitucional y tanta OPA, es privilegio que tan sólo alcanzará a las familias bien dotadas. Porque un niño y sus obligaciones escolares, suponen un gasto que no todas las familias pueden soportar.

Y ello nos hace temer que, de no poner remedio al problema, acabaremos por formar parte del grupo analfabeto más completo de Europa.

Algunas autonomías, menos entregadas a sus cuestionamientos domésticos que a su función esencial de gobernar la pieza del puzzle nacional que nos haya correspondido, han acordado por unanimidad de todos, incluso de la oposición, dotar a las familias de escasa dimensión económica de los medios suficientes para que éstas dispongan de los libros, de los vestiditos, de los cuadernillos y de los lapiceros que les permitan resolver sus ejercicios de formación lo más brillantemente posible y con el menor dispendio, antes de que las familias, por atender a la educación de los hijos se vean obligados a olvidarse de los padres, de los abuelos y demás familia.

Galicia, que es tierra de buenos navegantes, ya ha concedido a los escolares la gracia de la educación gratuita y del material por la cara. Extremadura y Andalucía con el País Vasco son los centros escolares en donde igualmente se conceden estos factores generosos de la gratuidad. Sencillamente porque si la sociedad aspira a una población debidamente formada, civilizada y alfabetizada, inevitablemente ha de ser mediante una escuela de fácil acceso y de una dotación de enseñantes generosamente retribuidos y seguros.

Hubo un tiempo en el que León podía alardear de ser una de las provincias más cuidadas en el ámbito de la preparación escolar. Y se abrían escuelas en las cuales efectivamente todo el material escolar y la asistencia intelectual estaba garantizada y asegurada gratuitamente. Llegaban a León formaciones religiosas llamadas por beneméritos núcleos sociales, que acogían a centenares de escolares, recogidos de entre las clases menos favorecidas y durante años estos niños, conseguían efectivamente hacerse los hombres de provecho a que estaban llamados.

Cuando ahora se nos aclara que la equipación total de un niño para convertirse en escolar activo, «con todo», supone un aumento de los precios de cursos inmediatos anteriores de más del 40% respecto al pasado curso escolar, temblamos por el futuro de este pueblo nuestro amenazado.

Y, por favor, que estos estadistas de cajón, que suelen figurar en los cuadros de mandos de la sociedad, no intenten justificar su desidia argumentando que los presupuestos no están para dispendios de esta índole y que resultaría ruinoso para la corporación que pretendiera hacerse cargo del gasto de educación de sus niños, porque si este fuera el argumento mediante el cual intentaran justificarse, habría que proceder inmediatamente a denunciar a quien lo intentara, sometiéndole a una inspección para conocer cual ha sido el curso de los dineros del común, que no da para amparar la gratuidad de la educación de sus niños.

Victoriano Crémer.- Periodista y escritor

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