STEs Castilla y LeónOpinión
 

La singularidad de cada día


09-12-2004

Tribuna

Amparo Carballo Blanco

EXISTEN infinidad de estudios sobre la situación de la mujer en las distintas sociedades, tanto en el llamado Tercer Mundo como en sociedades avanzadas o muy desarrolladas, dando lugar de forma general a la exigencia de suprimir los obstáculos sociales, económicos y jurídicos que perturban la igualdad de derechos, participación y profesiones entre hombres y mujeres. Lo cual plantea la compleja cuestión de cómo tratar lo femenino en el marco de una sociedad de iguales. Como no puede haber una cuestión femenina aislada de los problemas que afectan a todos, la no integración plena de la mujer, que en algunos casos se ha logrado en parte, pone en evidencia que aún quedan muchas metas que alcanzar para lograr la legítima igualdad y la buena convivencia entre todos los seres humanos. Una convivencia sin la frecuente dependencia económica y social, que entorpece la comunicación intersexual en una sociedad ya de por sí discriminatoria y represiva. Porque esta sociedad, aunque muchos interesados lo nieguen, es una sociedad fragmentada en clases, divisiones y subdivisiones, donde es cada vez más profunda la marginación de grupos. Algunos afirman sin más que la discriminación de la mujer en la sociedad ha desaparecido, añadiendo interesadamente que la mujer y el hombre son diferentes: algo evidente si es a simple vista. Es fácil demostrar que la presunta diferencia beneficia a una parte y perjudica a la otra, ya que no es difícil saber que la mujer, por ser mujer, en muchos casos sufre maltratos, violencia y abusos, además de desempeñar puestos de menos rango y remuneración en el trabajo. Esa falsa realidad de diferencia, aleja la lucha por la igualdad como tal, olvidando que el problema casi siempre es consecuencia de la división de la sociedad en clases, lo que afecta también a los hombres.

Estos planteamientos, de la diferencia simple y de la mujer en la sociedad capitalista, se unen en una síntesis, pues los derechos de la mujer no es problema sólo femenino, sino que afecta a todas las personas, aunque con matices diferentes. Siendo necesario distinguir entre mujer con poder adquisitivo, casada o independiente; y otra en la misma situación social, pero sin recursos económicos propios ni familiares, ya que el hombre, en esos casos de bajo poder adquisitivo, también está marginado. A propósito de derechos y marginación del hombre y de la mujer respecto de sus roles la sociedad industrial, vemos claramente que la diferente socialización tiene lugar ya desde la infancia, donde se separan los roles del niño y de la niña, incluso en los primeros juegos.

Una mujer que trabaja en casa, familia de bajo nivel económico, padece un grado elevado de tensión y desgaste físico, pues ha de tener en cuenta tanto el horario de trabajo del marido como el cuidado de los hijos y de la casa. Esto con muy pocas esperanzas de alcanzar independencia económica en iguales condiciones y compartidas con el hombre. Por otro lado está la mujer que trabaja fuera de casa, sin que ese logro le alivie de las labores habituales, porque en la sociedad no existen los adecuados medios de atención a los niños pequeños, quedando todas las tareas del hogar a cargo de la mujer trabajadora, además sin que por ello perciba aportación económica. Lo anterior, aunque tiene algo de positivo, demuestra que el camino no es el adecuado, a pesar de la tendencia de la incorporación al mundo laboral de las mujeres. El desarrollo industrial, cibernética, ordenadores, máquinas, electrodomésticos pueden facilitar los trabajos del hogar, pero no evitan que en ocasiones, tras contraer matrimonio, la mujer se vea obligada a abandonar su puesto de trabajo para atender la casa y a sus hijos. Por eso es evidente que la liberación de la mujer no será tal liberación, como tampoco la del hombre, si la actual sociedad sigue montada sobre los mismos esquemas, sin crear las condiciones para que padres y madres puedan pasar más tiempo con sus hijos.

Es sabido que al principio de la sociedad industrial los trabajadores carecían de una conciencia clara de la situación y trabajo de la mujer. La mujer aparecía como un peligro de carácter competitivo, utilizado por los patronos contra los movimientos obreros; incluso pretendían prohibir el trabajo de las mujeres alegado razones «morales». Es una prueba clara de cómo las exigencias sociales y los derechos quedan muchas veces subordinados a las costumbres, porque en aquel tiempo los movimientos obreros, carentes de cualquier aspecto de la política general, no se daban cuenta del problema que afectaba específicamente a la mujer. Esto llevó a orientar el movimiento obrero mundial hacia motivos más claros y elevados. En definitiva, hacia una sociedad más justa y solidaria, donde no exista la explotación de los seres humanos en su conjunto. Muchos años después, ahora mismo, vivimos una época llena de incertidumbres que envuelve y afecta a todas la naciones del mundo, cada vez con menos soberanía nacional y más dependientes de la globalización. Al llegar a este punto es necesario hablar de los efectos que la sociedad, llamada de consumo, produce singularmente en la mujer, la cual muchas veces compra felicidad en los grandes almacenes sin darse cuenta de ello. Antiguamente la mujer era la gran ahorradora de los salarios de la casa, pero todo ha cambiado con la «sociedad de la publicidad» donde la mujer está siendo mentalizada y manipulada cada día en el ciclo económico del consumo. Esos mensajes producen el temor a las arrugas del tiempo, a las canas, a no alcanzar el prototipo falso de mujer ideal, flaca, en los huesos, como las modelos, resultando víctima de productos casi siempre inútiles cuando no peligrosos para la salud.

En estos confusos y trágicos momentos de la humanidad, no es posible olvidar el problema de la violencia doméstica contra la mujer, el tráfico de seres humanos, el acoso sexual y moral, las guerras contra la paz. Todo ello pone de manifiesto el incumplimiento constante de los derechos humanos.

Tanto enfrentamiento generalizado constituye una gran amenaza que pesa sobre el futuro de la Humanidad. Lo cual se ve, a pesar de las mentiras, con la guerra ilegal e injusta de Irak, que está ocasionado la muerte de muchos millares de personas y la destrucción orgánica y física de una sociedad como la iraquí, que a pesar del embargo brutal de una década estaba bastante bien organizada hasta 1990. Además de la irreparable pérdida de vidas humanas, se han destruido grandes museos milenarios, la gran biblioteca de Bagdad, teatros, universidades con tesoros y documentos imposibles de recuperar, hospitales, escuelas¿ Esta agresión destructiva y demoledora hacia todo un pueblo se ha hecho con el pretexto de que había un cruel dictador (que sí lo había) y un montón de armas de destrucción masiva (que no existían) .

Porque todos los días son días singulares en la breve vida del ser humano, es evidente que la total liberación e integración de la mujer en las sociedades contemporáneas, en una sociedad de iguales, también tiene sólo un camino: la cultura y las libertades en un mundo más justo, más solidario, habitable y definitivamente en paz.
 

Amparo Carballo Blanco, escritora y editora

 

 
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