STEs Castilla y LeónOpinión
 

Viejos y nuevos profesores


07-12-2004

Sociedad

José Luis García Garrido

El envejecimiento del profesorado es un hecho que afecta a casi todos los sistemas educativos europeos y, dentro de ellos, a casi todos los niveles, incluyendo el universitario. Por lo que se refiere a los de Primaria y Secundaria, el tema está siendo objeto de viva preocupación en no pocos países, que ven además cómo crece cada año el número de profesores maduros que abandonan las aulas, mitad por cansancio, mitad por unas condiciones prejubilatorias bastante tentadoras. Es un tema que da mucho de sí, y pienso volver sobre él. Pero hoy desearía centrarme en el ámbito universitario, donde también la cuestión comienza a ser preocupante, en España como en otros países.

Es un hecho que, hoy día, una parte muy sustancial del profesorado universitario español se sitúa en la franja de los 50 a los 60 años. Recordemos que, tras lustros de entaponamiento, muchos de ellos lograron acceder a plaza fija en la década de los 80, época de expansión inusitada de alumnos, carreras, áreas de conocimiento, etc. Posteriormente, esa expansión y la correspondiente creación de plazas se han ido ralentizando. Los aspirantes al profesorado han debido y todavía deben hacer larga cola para obtener un puesto medianamente estable. Algunos se han desanimado y han abandonado la causa, pero otros, con treintay tantos años, todavía siguen de ayudantes y asociados, esperando el santo advenimiento. Obviamente presionan por entrar, lo que en ocasiones está ya provocando situaciones curiosas. En la Universidad Autónoma de Barcelona por ejemplo (típica universidad de gran expansión en los años 80), el equipo de gobierno está ofreciendo condiciones bastante favorables a los catedráticos y profesores titulares que opten por una especie de prejubilación atenuada, dejando sus plazas a los nuevos (no siempre jóvenes) candidatos. Fenómenos parecidos comienzan a insinuarse en otros lugares. Dentro de cinco o seis años, coincidiendo precisamente con la puesta en marcha del esperado «espacio universitario europeo», nuestras aulas van conocer una etapa de amplia renovación docente. No sé si esto resultará bueno o malo, pero sí desde luego que acarreará nuevas complicaciones a un panorama ya bastante complicado (nuevos estudios y titulaciones, movilidad creciente, competitividad en alza, etc.).

Sería lamentable que, una vez más, los hechos nos cogieran por sorpresa. Urge que nuestros responsable políticos encaren el problema con visión de futuro, seriedad y unidad de criterio, evitando que, llegado el momento, cada cual salga por donde le pete.

 

 

 
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