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Enseñanzas artísticas, ¿un debate "para todos y entre todos"


29-11-2004

TRIBUNA: AULA LIBRE

 ELISA Mª ROCHE

"A estas alturas no sabemos si el proceso de Bolonia va a afectar a estas enseñanzas"

Entre los aspectos de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) que el Gobierno se ha comprometido a revisar en un documento -por cierto, muy interesante- publicado a finales de septiembre pasado, no se incluyen las enseñanzas artísticas superiores a pesar de la situación de esquizofrenia jurídica, como señala Embid Irujo, en la que se encuentran. ¿Quiere decir que no se considera necesario revisar este aspecto o que el Gobierno tiene el propósito -oculto- de realizar una legislación específica para ellas?

En todo caso, inquieta el silencio que se aplica a esta parcela del saber ya que, mientras el conjunto del sistema educativo, a pesar de sus vaivenes, ha conseguido logros notables durante las últimas décadas, el avance de las enseñanzas artísticas superiores padece frenos permanentes e incomprensibles que impiden superar el abismo que nos separa del desarrollo que tienen en los países de la UE-25. Recordemos:

1. La formación de los profesionales de la Música, de las Artes Escénicas, del Diseño y de la Restauración de Bienes Culturales ha permanecido al margen del sistema educativo durante la práctica totalidad del siglo XX. Ni su organización, ni sus títulos ni sus centros han conseguido nunca el reconocimiento de educación superior. La negación sistemática de estos estudios como superiores, el cúmulo de prejuicios que en relación con los mismos se han ido acumulando en el imaginario de nuestros responsables educativos, la deformación del concepto de centro superior que se ha aplicado a las instituciones, caso de los conservatorios de música; el éxodo continuo de alumnos para buscar en otros países la formación que aquí no pueden recibir son efectos de un abandono secular del que nadie se responsabiliza. Por ello, como decía Giner de los Ríos y recordaba Virgilio Zapatero (EL PAÍS, 30-9-04), "si la educación es siempre imagen de la sociedad cuyos hombres forma; es y vale en cada tiempo lo que le permite el ideal y el estado de la sociedad", hay que preguntarse qué ha pasado para que nuestros gobernantes echen al olvido siempre un bien de primera necesidad cultural.

2. La Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) incluyó las enseñanzas artísticas como enseñanzas de régimen especial y equiparó las titulaciones superiores de las mismas a las de licenciatura o diplomatura universitaria, según los casos, pero no dispuso que los estudios superiores se regularan por sus normas específicas como ocurre con las enseñanzas universitarias. No obstante, los intentos que se hicieron durante su desarrollo para configurar un nuevo espacio de enseñanza superior -estructura de los estudios y nuevos modelos de centros- se cortaron por lo sano con el Gobierno del Partido Popular ya que la LOCE, lejos de solucionar la situación, decidió clasificar las enseñanzas artísticas superiores -para las que se necesita el bachillerato y prueba específica de acceso- como "enseñanzas escolares" en el mismo apartado de primaria, secundaria y formación profesional. Así es que, como ya advirtió Montaigne, "sorprendentemente tendemos a lo peor", frase con la que no se puede explicar mejor la trayectoria descrita.

"El avance padece frenos que impiden superar el abismo que nos separa de la UE"

Entre las consecuencias de ser "escolar", cabe señalar -además de cuestiones medulares que afectan a la autonomía, gobierno, financiación, cuerpos docentes, etcétera- la exigencia del título de Especialización Didáctica (diseñado para secundaria y formación profesional) para ejercer la docencia en los centros superiores de Música, Artes Escénicas, Restauración y Diseño (¡!). ¿Cómo entender las razones de tanta asimetría en pleno proceso de creación de un espacio europeo de educación superior? ¿Sería mucho pedir que las enseñanzas artísticas superiores estuvieran ahí de pleno derecho?

Sorprende que, hasta la fecha, el Ministerio de Educación no se haya pronunciado en relación con un aspecto de la LOCE no por ignorado menos importante: la necesidad de sacar el grado superior de las enseñanzas artísticas de ese marco legal. Medida que, como toda obviedad, no tendría que mencionarse si no fuera porque, a estas alturas, no sabemos si el proceso de Bolonia va a afectar a estas enseñanzas o, como son "escolares", se van a quedar al margen del mismo. En el caso de que se imponga el sentido común: ¿qué unidad ministerial se responsabilizará de la transformación? ¿Cómo y cuándo se van a debatir las dos opciones posibles para su normalización en el sistema?: a) la incorporación a la Universidad, o b) la inclusión en un espacio autónomo de educación superior.

Como es lógico, existe división de opiniones entre los sectores afectados. Los partidarios de ingresar en la Universidad aducen que, dada la equiparación que tenemos en nuestro país entre educación superior y educación universitaria -algo que sigue pesando mucho en el documento del ministerio-, la única garantía es el marco universitario, con independencia de que sus normas sean o no adecuadas. Si imparto una enseñanza superior, aunque su naturaleza sea diferente, quiero estar ahí. Por el contrario, los defensores de la diversificación de los sistemas de enseñanza superior -situación que se ha mantenido en la mayor parte de los países de la UE y que aquí desapareció con la aplicación de la ley de 1970- consideran que sólo si se regula un marco legal propio, respetuoso con las singularidades de estas enseñanzas, se puede garantizar su verdadero desarrollo y cumplir con los requisitos de calidad y eficacia que caracterizan a las instituciones homónimas centroeuropeas.

Mientras tanto, el currículo establecido por la LOGSE, especialmente en el caso de la música, va a la deriva, sin organismo alguno que coordine y vele por su aplicación -hay centros que imparten especialidades para las que no reúnen condiciones-, sin evaluar lo que se hace ni dar cuenta de ello, sin proyección en la sociedad ni conexión con el mundo laboral, sin atención, en suma, ni del ministerio ni de las administraciones educativas que parecen las primeras interesadas en convertir en invisibles a estas enseñanzas.

¿Está dispuesto el nuevo Gobierno a corregir tanto desequilibrio y emprender la reforma legislativa que, en su día, inició otro Gobierno socialista y no fue capaz de culminar?

Elisa M. Roche es catedrática de Pedagogía Musical.

 

 
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