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Mala educación


10-11-2004

Editorial

Opinión

De un tiempo a esta parte las circunstancias, aunque diríase más bien la miopía o el egoísmo de los gobernantes, obligan a la ONU a revisar o aplazar grandilocuentes compromisos apalabrados en macroconferencias internacionales ampliamente publicitadas. De ellos no podía faltar evidentemente la educación. Financiación y calidad están estrechamente ligadas y si falta la primera no es posible la segunda. Hace cuatro años, en Dakar (Senegal), representantes de 160 países se marcaron el objetivo de luchar por lograr la educación primaria universal en 2015. Tal meta es una quimera a juzgar por el último informe de la Unesco.

La calidad de la enseñanza sigue siendo pobre en el conjunto del planeta y ello se debe, sobre todo, a la falta de inversiones. Para alcanzar lo pactado en Dakar se necesitarían casi 5.500 millones de euros anuales. La ayuda internacional actual es de 1.160 millones y para el próximo lustro no superará los 1.550 millones. El total de niños no escolarizados ascendía a casi 107 millones en 1998. Esa cifra sigue siendo muy alta, pese a que en 2001 se redujo a algo más de 103 millones. En un tercio de las 160 naciones encuestadas menos del 75% de los alumnos continúa los estudios después de los 10 años. El informe resalta que la enseñanza es privilegio de pocos y que las disparidades son enormes. El segmento más castigado son las mujeres, que son el 64% de los 800 millones de analfabetos que hay en el mundo. Un 57% de la población no escolarizada son niñas. En el África subsahariana, Asia Central o los países árabes en general esa tendencia en lugar de disminuir sigue aumentando.

Por lo que respecta a España, las estadísticas tampoco son halagüeñas. Nuestro país figura en el puesto vigesimosexto en la clasificación de desarrollo educativo por detrás de la gran mayoría de los países de la Unión Europea. Esa tabla la encabezan Noruega, Dinamarca y Holanda. En lo que concierne a gasto, figura en el puesto 23º. La educación representa el 4,5% de nuestro PIB, es decir, cuatro puntos menos que Dinamarca, que es el primer país de la escala. Los datos no son ni mejores ni peores que lo que revelaba el último informe de la ONU. Simplemente constatan la falta de avances, pese a que se registran mejoras en el índice de estudiantes de educación secundaria y universitaria.

Editorial El País

 
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