STEs Castilla y LeónOpinión
 

Convergencia europea y aprendizaje


01-11-2004

Domingo
Universidad Vigo

 


Entre los aspectos recogidos en la Declaración de Bolonia destaca la concepción de la educación basada en el aprendizaje, adecuada a una sociedad en la que conseguir una formación integral y una visión del mundo es cada día más difícil, aunque no lo parezca. Acceder a la información es sencillo; extraer información relevante nunca ha sido tan complicado, debido a la sobreabundancia de fuentes de información.

Es, por tanto, muy importante que la educación universitaria desarrolle la capacidad de aprender dentro y fuera de los muros de las distintas disciplinas, ya que formar profesionales competentes no consiste sólo en impartir contenidos específicos ajustados a las necesidades concretas del mercado. Esa es la dirección que apunta el proceso de convergencia hacia el espacio europeo de educación superior: centrar la educación en mejorar la capacidad de aprendizaje del estudiante.

Hay dos visiones enfrentadas en la educación y la investigación, nos recuerda Pedro Etxenike: la de aquéllos que confían en la utilidad del conocimiento y la de quienes todo lo fían al conocimiento de lo útil. Los primeros estimulan la capacidad de aprendizaje que permitirá seguir adquiriendo conocimiento y aplicarlo en distintos contextos. Los segundos insisten en informar exhaustivamente sobre las múltiples aplicaciones del conocimiento en una disciplina concreta.

Esa segunda actitud, dominante en la escena universitaria española, ha contribuido poderosamente a infestar los planes de estudio de información en general excesiva y muchas veces redundante, por lo que el volumen de contenidos de los programas universitarios obliga a los estudiantes a realizar un esfuerzo del que no siempre extraen un gran rendimiento. Así no podemos seguir.

Debemos reformular la planificación del trabajo estudiantil de modo que contribuya a su mejor formación y, de paso, a conseguir que los estudios universitarios ajusten su duración real a la nominalmente prevista. Cumplir hoy la misión de la Universidad exige la creación de contextos de aprendizaje que estimulen a los estudiantes en la búsqueda personal del conocimiento.
Lo que más reclaman los estudiantes es el contacto personal, que el profesor sea capaz de establecer un diálogo participativo; piden hoy lo que han pedido siempre: accesibilidad, tiempo y que suscitemos en ellos el deseo de conocer. La falta de participación de nuestros alumnos es proverbial. La seguimos estimulando con el apego a una concepción obsoleta de la clase magistral, en la que uno dicta exclusivamente para que otros tomen nota, y con la persistencia de ese pacto inconfesable entre profesores y estudiantes que se plasma en los apuntes, que como todo el mundo sabe no se toman para aprender, sino para dejar o tener constancia precisa de lo que puede caer en el examen.
Conseguir la participación activa de los estudiantes exige creer en ellos. Los actuales bachilleres tienen sus carencias, otros tuvimos otras. Pero también tienen sus destrezas y, si supiésemos sacarles partido, seríamos todos más eficaces. Recientemente recogía José Antonio Marina esta cita de Jack Welch, ex presidente de General Electric: "El talento de nuestra gente está muy subestimado y sus conocimientos, infrautilizados. Nuestra principal tarea consiste en volver a definir radicalmente nuestra relación con los empleados. El objetivo es construir un lugar en el que tengan la libertad para ser creativos, donde tengan una auténtica sensación de realización, un lugar que saque lo mejor de cada uno". Sustitúyase gente y empleados por jóvenes y alumnos y habremos formulado en pocas y acertadas palabras el programa de convergencia europea para las universidades en relación con sus estudiantes.
 

Domingo Docampo es rector de la Universidad de Vigo y presidente del Grupo de Espacio Europeo de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).

 
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