STEs Castilla y LeónOpinión
 

Derecho a la ignorancia


26 de mayo de 2004

OPINIÓN.- LA VELETA

RAFAEL TORRES
 

Uno puede defender, y sin necesidad de haber bebido, el derecho a la ignorancia, pero si uno es viceconsejero de Educación de una Comunidad, de la de Madrid por ejemplo, diríase que lo que tiene que defender es el derecho al conocimiento, siquiera porque a uno le están pagando por eso.

Sin embargo, la viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid, Carmen González, que es muy suya, defiende el derecho a la ignorancia porque le da la gana y lo defiende sobre todo en el caso de los pobres. ¿Para qué quieren los pobres saber nada, si bastante tienen con lo suyo?

Doña Carmen González cree en la ignorancia y, en consecuencia, es partidaria de esa Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza (LOCE) que su formación política, el Partido Popular, ha pretendido endosarle a la ya de por sí ignara sociedad española y que ella, en la medida de sus posibilidades y hasta que sea abolida definitivamente por el nuevo Gobierno, sigue aplicando tan campante.

Pero, entendámonos, los únicos que tienen derecho a la ignorancia son, según esta señora, los pobres, esto es, los inmigrantes y los gitanos: «El que ha cruzado en patera no ha venido a estudiar 3º de ESO...» o «algo parecido ocurre con los gitanos». El niño lo que quiere es ir con su padre en la fregoneta al mercado a vender fruta, afirma la buena mujer en una entrevista concedida a la revista Magisterio , donde además añade lo que, como digo, parece ser la esencia de su pensamiento, para llamarlo de algún modo: «Yo defiendo el derecho a la ignorancia. Si el niño no quiere estudiar, es que no quiere estudiar». Olé.

¿Y qué hace esta criatura viceconsejera con los niños de las pateras y las fregonetas? Muy sencillo: les arrea en el coco con uno de los «programas especiales» creados por su amada LOCE, no me pregunten concretamente con cuál, aunque seguro que con uno que les asegure el sacrosanto derecho a la ignorancia. Cuanto más se sabe, más se sufre y, por lo visto, esta filántropa de los desheredados no quiere, por nada del mundo, hacerles sufrir.

 

 
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