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Estrategia de retirada


01-02-2004

Opinión

El País

 Estados Unidos ha tenido que terminar solicitando la ayuda de la ONU para intentar encauzar las cosas en Irak. Sobre el terreno, continúa la escalada de acciones terroristas de la resistencia local: ayer, al menos 17 muertos, tres de ellos norteamericanos, en varios atentados, que provocaron, además, cerca de medio centenar de heridos. En Washington, la proximidad de las elecciones inspira a Bush la conveniencia de irse cuanto antes. Ayer se anunció la creación en el plazo de dos meses del nuevo Ministerio iraquí de Defensa, encargado de formar el Ejército que sustituya al disuelto de Sadam. Se trata de una pieza clave de la estrategia de retirada.

Kofi Annan ha anunciado su disposición a enviar una misión de la ONU para estudiar la posibilidad de celebrar allí elecciones antes del verano y establecer a partir de ellas un sistema de Gobierno transitorio "legítimo y creíble". Se constata así el fracaso del intento norteamericano de encauzar en solitario el desaguisado provocado por su intervención militar unilateral. Incluso el vencedor de las primarias demócratas de New Hampshire, el senador John Kerry, que votó en el Capitolio a favor de la guerra, se pregunta ahora por "la gran cantidad de exageraciones, distorsiones y engaños" fabricados por la Casa Blanca. La primera de ellas, la relativa a las armas de destrucción masiva, que el recién dimitido jefe de los inspectores estadounidenses, David Key, ha sido incapaz de encontrar. Otra es la que aseguraba que la mayoría chií aceptaría más o menos encantada una larga ocupación estadounidense.

La realidad es que los chiíes sólo están interesados en la pronta celebración de elecciones libres según el principio de una persona, un voto. Tales comicios les darían un lugar preponderante en las instituciones políticas iraquíes. Guiados por su máxima autoridad religiosa, el ayatolá Alí Sistani, los chiíes de Irak no han presentado hasta ahora tanta resistencia armada a la ocupación norteamericana como los suníes. Su plan es más astuto: intentar hacerse con una buena porción del poder -y, llegado el momento, forzar la salida de EE UU- por procedimientos democráticos.

Bush ya sólo pretende salir del avispero lo antes posible. Por ello, todo comienza a ser negociable, excepto la fecha de la devolución de la soberanía a Irak. El 30 de junio tiene que producirse ese traspaso, no porque estén garantizadas las condiciones -censo, partidos, mecanismos de control electoral-, sino porque en noviembre hay elecciones en Estados Unidos.

El País 01/02/2004

 
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