STEs Castilla y LeónOpinión
 

Catequesis en las aulas


19/12/2003

EDITORIAL

 

En materia de presencia de la religión en la enseñanza pública el camino seguido por la España gobernada por el PP también diverge de países europeos como Francia. Mientras la mayoría de centro-derecha francesa se apresta a prohibir cualquier signo religioso ostensible en sus escuelas y liceos, el PP, abortado hace tiempo su viaje al centro, publica en el BOE la orden del Ministerio de Educación que regula los contenidos que tendrá la asignatura de Religión Católica en nuestros centros y que han sido fijados por la Conferencia Episcopal. Como era de temer, esos contenidos incluyen la propaganda militante de posiciones católicas sobre asuntos como la sexualidad, el divorcio, la manipulación genética y el aborto, en los que las posiciones del Vaticano divergen de las mayoritarias en nuestra sociedad.

Con esta orden ministerial, que desarrolla la muy polémica Ley Orgánica de Calidad de la Educación, Aznar y su ministra de Educación, Pilar del Castillo, regalan a la Iglesia católica la posibilidad de realizar un intenso adoctrinamiento de nuestros niños y adolescentes a través de la escuela pública, con contenidos y profesores escogidos y controlados por los obispos, pero con dinero extraído del bolsillo de todos los contribuyentes españoles, sean católicos, judíos, musulmanes, protestantes, budistas, agnósticos o ateos. A los 25 años de aprobada una Constitución que, aunque reconoce el peso histórico y social de la Iglesia en nuestro país, establece en su artículo 16.3 que ninguna confesión tendrá el carácter de religión estatal, la catequesis y la moral católica regresan a nuestras aulas. Y con carácter de asignatura obligatoria, puntuable, susceptible de hacer repetir curso y con fuerte peso en el currículo.

En materia religiosa la sociedad española es aún más plural que hace cinco lustros y, sin embargo, el Gobierno, en vez de caminar hacia una mayor circunscripción de lo confesional al ámbito privado, devuelve a la Iglesia católica un peso que no tenía en la enseñanza pública desde la muerte de Franco. Se rompe así otro consenso constitucional, el que respetaron escrupulosamente los Gobiernos de UCD y del PSOE. Tan grave es como que la única alternativa a la clases de Religión sea la del llamado Hecho Religioso. Se supone que las primeras son confesionales, pero no las segundas. Ahora bien, es fácil imaginar que en muchas escuelas españolas los contenidos y los enseñantes de esta segunda asignatura, en la que se estudiarán temas como los lugares de culto y peregrinación o las fiestas sagradas y que tendrá más peso que, por ejemplo, Ciencias Naturales o Tecnología, también estarán influidos por la Iglesia. A todos los alumnos les resultará difícil escapar al adoctrinamiento.

 

 
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