STEs Castilla y LeónOpinión
 

La Navidad que cuento


lunes 8 de diciembre de 2003

TRIBUNA

AMPARO CARBALLO BLANCO

"La capacidad de algunos hombres para infligir dolor es infinita, y en muchos lugares del mundo siguen las guerras olvidadas cobrándose miles de víctimas inocentes,..."

YA ESTÁ aquí. Lo pregona el bombardeo publicitario. Lo dicen las grandes superficies, y los supermercados llenos de dulce y lujo y abundancia. Lo proclama el parpadeo lujurioso de las luces y el brillo deslumbrante de los escaparates cegando los ojos de avaricia consumista. Y ya anda suelto por ahí un señor de cabeza monda y lironda que todos los diciembres sopla sobre sus manos la suerte de la lotería, la desilusión de todos los años. Y no cesan de beber los peces en el río, dando la impresión, por tanto y cuanto, de que todo va bien y que otra vez toca ser feliz como sea. Ante tanto derroche a troche y moche, la sensación que uno tiene es de que en el mundo no pasa nada. Pero pasa, vaya si pasa... Siguen llegando no pocas noticias de atentados y muertes. Y es que como bien dice en un artículo el filósofo J. A. Marina: «No se puede apagar el fuego con el fuego. El fuego se combate con el agua y los problemas se resuelven con el Derecho. La fuerza termina los problemas, pero no los resuelve. Retoñarán inevitablemente portando frutos amargos».

Pero, ¿qué importa? Suena el villancico, tan-tan de los Reyes Magos. La Navidad con su mercado ha llegado, y las estanterías de la sección de juguetería de las grandes superficies están abarrotadas de muñecos representando a un hombre bomba, un skin, un francotirador, un preso sádico. Y claro, todos llevan su «kit básico» de armas biológicas y químicas falsas simulando a las que supuestamente escondía Sadam, y que sirvieron de pretexto a George W. Bush para desatar la guerra preventiva, y armar su propio belén sangriento en tierras de Mesopotamia.

Pastores venid, pastores llegad a ver cómo por arte de magia durante estos festivos días desaparecen las miserias humanas, la pobreza, la enfermedad, el dolor, y hasta la muerte. Toda la gente es más guapa y es más buena. No hay nadie necesitado y arrinconado y olvidado aquí mismo, en algún lugar de nuestra propia cuidad: no. Ni mujeres maltratadas: no. Ni abusos a menores: no. Ni existe la plaga del sida: no. Tampoco hay en el mundo 800 millones de personas que pasan hambre: no. Ningún niño, en su cuna, es abrasado, mutilado por balas y explosiones: no. Ni se ensancha el abismo entre ricos y pobres: no. Y sobre el planeta Tierra no se ciernen amenazas reales: no. La magia navideña los ha hecho desaparecer.

La capacidad de algunos hombres para infligir dolor es infinita, y en muchos lugares del mundo siguen las guerras olvidadas cobrándose miles de víctimas inocentes, como en la ilegal e injusta guerra contra Irak. Y a la violencia que el hombre impone al hombre se añade la que éste ejerce sobre la Naturaleza, destruyendo su vital equilibrio biológico. ¿Qué más da? Hay que vivir, son cuatro días y los que vengan detrás que se las apañen.

Ya está aquí. Ya se oyen las campanillas siniestras del carro de guerra de papánöelbush, que sigue sin tregua dejando caer sus bombas-regalo sobre edificios habitados por civiles. ¡Jo, jo, jo! Con panza llena y luminosa sonrisa, va repartiendo a los niños de Irak bonitas tumbas donde descansar en paz y en Acción de Gracias.

Una pandereta suena. ¡Ande, ande, ande la marimorena, que esta noche es Nochebuena, pues el mismísimo emperador fundamentalista ha cenado pavo asado con sus tropas en Bagdad! Y es que pasaba volando por ahí, y «estaba buscando una cena caliente en algún sitio». Pobre. Los militares estallaron en aplausos. Las víctimas inocentes, desde sus anónimas fosas, estallaron en un sordo entrechocar de carpos, falanges y metacarpos. Los otros escuderos Blair-Aznar, desde un rincón estratégico, dieron un espantoso Do de pecho incondicional. El emperador lloró emocionado y en un ejercicio de suprema humanidad añadió: «Vamos a triunfar porque nuestra causa es justa». Más aplausos y felicitaciones por saber mezclar sin piedad la sangre humana con el petróleo.

Y otro atentando. ¿Atentado, guerrilla, guerra, resistencia defensa? Víctimas y más víctimas, esta vez españolas. ¡Hay qué ver como son los irakíes! No se dejan invadir. No se dejan liberar. No se dejan matar. Son capaces de sobrevivir e incluso de sobremorir. Están dispuestos a defenderse, hasta con burros de destrucción masiva en fase de extinción, de los ladrones que han entrado en su país violando los derechos internacionales y humanos.

¡Ay!, paloma blanca, paloma blanca, ¿dónde, dónde andarás...? Aquella blanca paloma de la paz que sabía de orden, de lealtad extrema, de migraciones y de heroísmo, nunca aprendió su nombre y fue abatida sin miramientos, igual que fueron muertas por tropas norteamericanas otras dos inocentes niñas de Irak, ¿también terroristas?, que recogían leña y ahogaban sus sueños entre sábanas de hambre y miedo. Hoy como ayer, el mundo está siendo asolado por guerras, que dicen, humanitarias; y las calles de las ciudades son adornadas con cuerpos humanos destrozados. Hoy como mañana, las mujeres lloran las muertes de hijos y maridos que ya nunca jamás volverán a casa por Navidad.

En el pesebre monetarista unos muchos orondos políticos se ríen porque están alegres, mientras celebran cumbres para repartirse el macabro botín del negocio de la guerra, la reconstrucción de Irak, el petróleo, los cargos, los sueldos, el poder. Y campana sobre campana y bomba tras bomba y atentado sobre atentado...¿En qué mal belén nos han metido? Los ángeles del mal cantan. ¿Qué nuevo terror nos traerán?

En la Navidad que cuento pasan cosas tan graves como que la seguridad de nuestro planeta, frágil bola azul, pende de un débil hilo. Pero nada. «Estamos donde tenemos que estar», dice el Jefe. ¡Dale, dale, y zúmbale al pandero!, porque a saber lo qué nos depara el imperial Año nuevo.

AMPARO CARBALLO BLANCO  es escritora y editora

 
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