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¿Por quién mueren los soldados?


24 de noviembre de 2003

TRIBUNA

Venancio Álvarez de Paz

LOS SERES irracionales de Italia poseen sus cuevas y lugares donde guarecerse, pero los héroes que luchan y mueren por Italia sólo participan de la luz y del aire, sin una casa o granja, andan errantes por los campos con su mujer y sus hijos. Mienten los generales cuando exhortan a los soldados a que defiendan la tumba de los mayores y el santuario familiar, puesto que ninguno de tantos romanos posee altar familiar o tumba de antepasados. Para el lujo y las riquezas de otros es por lo que luchan. Se les llama los señores de la tierra y no pueden decir que sea suyo ni siquiera un terrón».

Estas palabras las pronunció el tribuno de la plebe Tiberio Graco el año 133 A.C. Roma había asegurado su soberanía por todo el Mediterráneo y obtenía de las guerras un pingüe botín y a ella afluía una gran cantidad de dinero, como consecuencia de los tributos que se imponían a los vencidos. Los grandes comerciantes y banqueros ganaban mucho dinero, al ser los proveedores estatales del ejército y de la flota, llegando a tener gran influencia política. Las guerras para ellos eran muy provechosas desde el punto de vista económico. Eran los beneficiarios de las conquistas económicas amasando su fortuna con la sangre de los campesinos, de los que se surtían las legiones romanas. Estos se habían convertido en víctimas de la ambición de Roma por dominar el mundo.

Veinte siglos después, otros militares italianos acaban de morir en Irak, víctimas de la resistencia iraquí. Estos carabinieri, según la RAI, proceden en su inmensa mayoría de familias pobres del Messogiorno italiano, una de las regiones más deprimidas de Italia. Lo mismo sucede con los soldados del ejército de los EE.UU., procedentes en gran parte de las clases más humildes y que se enrolan en el ejército buscando un «modus vivendi». El presidente Berlusconi ha dicho que sus soldados mueren por la patria. Algo parecido decía un general norteamericano cuando al inicio de la guerra arengaba a sus soldados exhortándoles a luchar en defensa de la patria y de la bandera, esa bandera en la que se envuelven muchos sinvergüenzas para tapar sus corrupciones. Los soldados, el pueblo llano, son los que exponen sus vidas como lo hicieran los plebeyos romanos, por los intereses de algunos que ven la guerra por la televisión.

En 1909, la Asamblea obrera de Tarrasa se opuso a la salida de los soldados para la guerra de Melilla, porque acorde con el sistema de reclutamiento español, «sólo los obreros hacen la guerra que los burgueses declaran».

¿Por quien mueren los soldados?. ¿A quién benefician las guerras?. Primero se destruye y luego se reconstruye. Vemos cómo varias de las empresas «reconstructoras» están ligadas a altos cargos de la Administración Norteamericana. Nuestra ministra de Asuntos Exteriores ha dicho que el aumento de los atentados se debe al éxito de la conferencia de donantes, de prestamistas diría yo. Ya en su día no se recató en recordar que la guerra estaba bien vista porque la bolsa subía y bajaba la gasolina. Curiosa reflexión cristiana. Para algunos las convicciones religiosas terminan cuando entran en conflicto con sus intereses económicos. Ya sucedió en las Cortes de la República cuando un diputado conservador dijo que si la Iglesia estaba a favor de la reforma agraria, es la Iglesia quien se equivoca. Quizá la ministra siga la doctrina de aquel catecismo de finales del siglo XIX que afirmaba ser pecado mortal para un católico leer un periódico liberal, excepto las noticias de bolsa.

A los obreros de la asamblea de Tarrasa no les importaba nada el triunfo de la Cruz sobre la Media Luna, intentaban acabar con los privilegios de los ricos que podían pagar para librarse de la guerra. No lo consiguieron y algunos fueron fusilados.

El Tribuno Tiberio Graco trataba de remediar la situación de los plebeyos que regresaban a Italia con las manos vacías con el cuerpo malherido, repartiéndoles tierras. No fue posible. Los ricos patricios lo impidieron y Tiberio fue asesinado con trescientos de sus partidarios en cruel matanza.

Muchos de los soldados que fueron a Irak no vuelven a abrazar a sus seres queridos. La industria militar seguirá haciendo buenos negocios, proveyendo al ejército de nuevas armas, más mortíferas e inteligentes, vaya paradoja, mientras señores de la guerra reconstruyen Irak.

Hasta la próxima. La historia cambia poco.

 

 
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