STEs Castilla y LeónOpinión
 

DÍA UNIVERSAL DEL NIÑO

20/11/2003

  Alfonso Díez

  

 Dicen que hoy es el día universal del niño. Alguien lo decide en alguna parte. Esos que lo deciden, ¿han leído el libro de Francesco Tonucci “Cuando los niños dicen ¡basta!”? Me temo que no. Tonucci va paseando por el mundo su proyecto “La ciudad de los niños”. Algunos alcaldes ya le ha hecho caso. Él sostiene que no dejamos hablar a los niños, que no los escuchamos, porque, realmente, los consideramos inferiores, sólo proyectos de personas. No confiamos en ellos. Pero lo peor es que ellos tampoco confían en los adultos. Raramente somos modelos de integridad ética y humana. No somos coherentes, ni siquiera ante ellos, ya que no hacemos lo que decimos, y, para lavar nuestra cara, solemos actuar desde una doble moral, o triple, es igual. El caso es que nos hemos fabricado una ética personal ortopédica, a media; o sea, complaciente y adaptable a cada situación. Ya se sabe, para no quedar mal, para salir del paso…

Hace muchos años, visitando en Barbiana (Florencia) la Iglesia parroquial de don Milani, adosada a la famosa Escuela del mismo nombre, pude contemplar entusiasmado la figura de San Escolano, colocada en una hornacina como un santo más. San Escolano, ¡qué raro sonaba!, pero allí estaba. ¡Un monumento al alumno! Increíble e inaudito. Ignoro si existe otro monumento semejante en alguna parte del mundo. Hoy procuramos tratar a los alumnos con distanciamiento y, si cabe, con cierta simpatía. Algunos educadores adoptan el papel de showman, para ganárselos divirtiéndolos, entreteniéndolos, porque consideran que la escuela es un mal menor. Mal asunto eso de seguir presentando la escuela como un mal. No nos extrañe después que los muchachos acaben odiándola. Y los malos maestros, también.

Don Milani no era, necesariamente, amable con sus alumnos: ¿dónde está escrito que un maestro ha de ser amable, si, precisamente, su función, la de educar, consiste, esencialmente, en cambiar sus costumbres y las de sus padres? Él entregó su vida a ellos, como tantos otros grandes educadores, célebres o anónimos. Y se enfadó muchas veces en clase y repartió algún que otro guantazo (“peor que el cachete es la humillación pública, el acoso psicológico o la indiferencia”, eso sí que es violencia. El cachete deja una marca pasajera. Lo otro, la deja para siempre. Así que, elegid, amigos y amigas.) Los curas, en la guerra civil mandaban a los condenados que previamente habían delatado con una sonrisa en los labios, prometiéndoles el cielo eterno. La derecha cavernícola, prefiere los eufemismos y las corrección política antes que llamar a las cosas por su nombre.  La verdad les quema, les escandaliza y la envuelven en papel de celofán. La izquierda sesentayochista, intelectual y burguesa,  proclama el libre albedrío y el respeto a las libertades individuales, pero, desde la indiferencia más espantosa a los más desfavorecidos. Eso sí, aboga por la autonomía personal, pero deja al niño y al adulto en la más absoluta indefensión. ¡Hala, arréglatelas como puedas!. Y se queda tan campante. Propugna la justicia social, pero no hace nada por resolver la injusticia más cercana y concreta.

Mucha escuela “progresista”, todavía no ha sabido levantar un monumento al niño, a la niña; al alumno y a la alumna. Su progresismo no va más allá de “el que vale, vale, y el que no, a garantía social”. Y ahora acepta y pide que le paguen al maestro o al profesor por ejercer de tutor. A lo mejor así se arregla el fracaso escolar de un plumazo (ANPE, dixit) ¡Qué vergüenza! Recibir un complemento por cumplir una función inherente a su trabajo de docente, de trabajador o trabajadora de la enseñanza. ¿Qué dirán los niños!. ¿Por qué no se lo contamos a ellos, a ver qué dicen? ¿Se paga un plus a los barrenderos por barrer más deprisa, con más entusiasmo o con vocación de limpiar las calles? ¿Y a los albañiles por colocar ladrillos correctamente? ¿O tal vez a los jueces por dictar sentencias sensatas (que no son frecuentes, desde luego)? ¿Y a los médicos por operar bien?

Si los niños hablaran a los adultos, a sus padres, a sus maestros… Permitamos que hoy y mañana y pasado mañana y los siguientes días, así hasta finalizar el curso, que las niñas y los niños hablen en clase, que se expresen y que nos cuenten cómo nos ven a nosotros, los adultos, sus maestros, sus padres… Eso sí que sería una buena forma de celebrar el Día Universal del Niño en las aulas, teniendo presente a todos esos niños y niñas que en otras partes del mundo sufren y se les está robando la infancia. ¡Que Dios nos coja confesados!

Alfonso Díez

 

El Día Universal del Niño se celebra el 20 de noviembre

 
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