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El debate sobre el calendario escolar

 Editorial ESCUELA HOY
nº 60 junio 2003

 

C

on la época estival se acerca el período vacacional del alumnado y, con él, el cese de la actividad docente formal. No el cese del trabajo del profesorado, que en esta época se reparte entre tareas de participación en tribunales de oposición, o bien como presidentes/as y vocales de los mismos, o bien como opositores, en el caso del profesorado que oposita, y entre tareas de formación y actualización científico didáctica y múltiples cursos de formación o escuelas y universidades de verano; amén del profesorado que todavía permanece en los centros educativos ultimando aspectos imprescindibles en el cierre del curso escolar y la preparación del próximo.

Esta época también está coincidiendo con la propuesta que hace nuestra Administración sobre el calendario escolar para el próximo curso y su debate inevitable. Sin embargo, en este debate parece imprescindible ponderar todos los aspectos del mismo y saber de qué estamos hablando para no confundir los problemas que se plantean con soluciones que se aportan y tienen que ver con ámbitos diferentes.

Está claro que nuestra sociedad, cada vez más, deja en evidencia los desfases que existen entre los horarios laborales de los padres y las madres y las necesidades educativas que les plantean sus hijos. Los cambios que se están produciendo en los últimos tiempos en el acceso de la mujer al mundo laboral y en la génesis de nuevas estructuras familiares han hecho que se sienta cada vez más la necesidad de conciliar los horarios de la familia con los de la escuela y con los del trabajo. Sin embargo, estas disfunciones deben situarse como un problema social (horario laboral de las familias) y no como un problema sólo escolar.

De hecho, podremos hablar de cómo mejorar los tiempos escolares (horario de entrada, de salida, períodos lectivos y no lectivos...), sin embargo esto no resolverá los desajustes existentes. Debemos resaltar que se trata de un problema “social”, no de un problema ‘escolar” y que, por tanto, la solución pasa por un replanteamiento de los horarios laborales y de los servicios sociales. La solución no pasa por un cambio en los calendarios y en los horarios escolares. Un simple reajuste de los horarios servirá de bien poco.

Incluso, desde la Administración se puede trabajar para crear un estado de opinión favorable utilizando electoralmente la preocupación de las familias. En este sentido nos parece irresponsable ligar los problemas de los horarios de las familias con los cambios en el calendario escolar. Aunque podamos admitir que, además de sus funciones pedagógicas, también la escuela cumple una función social de custodia del alumnado durante cierto horario, la escuela no es un parking de niños y jóvenes.

Creemos que es necesario que se abra una reflexión sobre cómo mejorar los horarios y los tiempos lectivos y de vacaciones en lo que respecta al alumnado y al profesorado. Pero modificar el calendario y los horarios no es un tema simple y se deben considerar todas la variables. Desde nuestra perspectiva, cualquier cambio debería asegurar que no se empeora la problemática de las familias, que no se amplia la carga lectiva al alumnado, que se asegura la igualdad de normas en días y horas lectivas entre centros públicos y centros privados y que se han de mejorar las condiciones laborales del profesorado de forma que los cambios han de ir encaminados a disminuir sus horas lectivas (nos aumentan los días lectivos, al tiempo que también la carga lectiva semanal: la excepcionalidad de más de 10horas en secundaria se convierte en norma). A partir de aquí todo es posible de negociar y de intentar mejorar

 

Más información

Carga lectiva en Europa.- Educación Infantil y Primaria
Fuente: Comisión Europea/Eurydice

Carga lectiva en Europa.- Educación Secundaria
Fuente: Comisión Europea/Eurydice

 
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