STEs Castilla y LeónOpinión
 

"Los niños no votan"

12/05/2003

Editorial

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ace un siglo, ser niño o adolescente era poco más que un mal que se curaba con la edad. La mayoría iba a trabajar a la edad en que ahora cursan la ESO. Los padres trabajaban tantas horas y tenían tantos hijos, que no podían hacer otra cosa que dejarlos campar por su cuenta. Pero a partir de los años sesenta, con la entrada en la sociedad del bienestar, las mejoras sociales, las nuevas corrientes pedagógicas y la voracidad de la sociedad de consumo, los niños se convirtieron en un nuevo engranaje de los mecanismos económicos: no producen, carecen de ingresos, pero gastan mucho.

De este modo, sus ratos de ocio se han ido llenando de actividades que generan un inmenso negocio, que mueve millones. En ocasiones la contrapartida es una mejor formación cívica, cultural o deportiva, pero a veces es también todo lo contrario. El interés que los niños despiertan como consumidores no ha tenido, hasta hace poco, correspondencia en el terreno político. Los niños no votan y los abuelos sí. En consecuencia, las promesas en campaña electoral iban más dirigidas a la tercera edad que a los pequeños. Hasta que alguien descubrió que prometer atenciones para los hijos es proponer un tiempo de ocio menos agobiante a los padres. “Si nos vota, nosotros le entretenemos a los hijos.” Y se anuncian parques infantiles en cada esquina, patios de escuelas abiertos 24 horas, acortamiento de les vacaciones de verano, ludotecas y centros de Internet donde llevar los hijos al salir de escuela. De los campos de deportes ya se habla con la boca más pequeña.

En realidad, tal vez sería preferible ofrecer a los padres unas mejores condiciones de vida –un trabajo digno, un sueldo digno, una vivienda digna, unas vacaciones largas– para que de este modo pudiesen estar más horas con sus hijos. Pero eso es más difícil que crear “parkings” infantiles. De todos modos, siempre será mejor que seguir permitiendo que se multipliquen los “niños llave”, que llegan a una casa vacía y se enganchan en la tele o al videojuego porque la ciudad no está pensada para ellos y ya no pueden jugar en la calle.

 
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