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El sermón de la calle


TRIBUNA
Lunes, 21 de abril de 2003

J. Alegre

 
El pacifista, viendo el grande gentío que se arremolinaba en su derredor, se subió en un banco y comenzó a adoctrinarles:


¿ Bienaventurados los que se escandalizan de los tiranos ajenos, porque tendrán que condenar, a su pesar, los propios.


¿ Bienaventuradas las palomas, porque los halcones se están saciando.


¿ Bienaventurados los lógicos, porque nos lo explicarán todo al final.


¿ Bienaventurados los muertos, porque serán ensalzados como mártires.


¿ Bienaventurados los conversos, porque para ellos es la gratitud del señor (Bush).


¿ Bienaventurados quienes admiten los intereses comerciales de los Estados Unidos, porque habrán de respetar los del resto.


¿ Bienaventurados los píos que ignoran la palabra de Pedro, porque, al fin y al cabo, serán perdonados.


¿ Bienaventurados los que lloran, porque encontrarán el pañuelo de alguna oenegé.


¿ Bienaventurados los mutilados, porque accederán a la tecnología protésica -reciclada- de occidente.


¿ Bienaventurados los que, sin ver, creen en las armas de destrucción masiva -de los malos-, porque alcanzarán la dicha imperial.


¿ Bienaventurados los redentores, porque seguirán sin entender el álgebra de la guerra.


¿ Bienaventurados los escocidos por la ingratitud de Francia, porque descubrirán la deuda histórica contraída con ese país de «comedores de ranas».


¿ Bienaventurados los que, con el fin, justifican los medios, porque serán embriagados por la victoria.


¿ Bienaventurados los que protestan, porque ellos heredarán la calle.


¿ Bienaventurados los que disparan, porque los proyectiles tienen su peculiar camino de regreso a casa.


¿ Bienaventurados los que achacan a los contrarios toda violencia, porque les espera una copa de Europa a la vuelta de la Cibeles.


¿ Bienaventurados los demócratas, porque les llega la oportunidad de respetarse.


¿ Bienaventurados los incrédulos, porque pondrán a salvo las últimas existencias de sentido común.


¿ Bienaventurados los expertos, porque podrán explicarnos sus errores.


¿ Bienaventurados los fabricantes de varas de medir, porque están a un paso de la jubilación anticipada.


¿ Bienaventurados los complacientes, porque conservarán su sonrisa hipócrita.


¿ Bienaventurados los responsables, porque entrarán en la Historia, aunque por la puerta equivocada.


¿ Bienaventurados los morbosos, porque el formato digital les dejará hartos.


¿ Bienaventurada la chusma gritona, porque puede hacerse consciente de su fuerza.


¿ Bienaventurados los opinadores profesionales, porque de ellos es el reino de la certeza.


¿ Bienaventurados los imperialistas, porque nos han enseñado que la legislación internacional exime a los poderosos.


¿ Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque las utopías también ayudan a vivir.


¿ Bienaventurados los que sufren, porque serán consolados por alguna cadena de televisión.


¿ Bienaventurados los mansos, porque tienen en su voto el arma definitiva.


Y al fin terminó: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de oveja, mas por dentro son lobos (Mt 7,15)».
 

 
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