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G20 en Toronto: Fracaso y olvido de muchos temas

Contra la pobreza, pocas esperanzas

  • Los grupos financieros recibieron con alivio la falta de acuerdos para fijar un impuesto al sector (impuesto global a la banca) y respondieron subiendo las acciones de las entidades financieras un día después de la reunión.

  • Ante el evidente fracaso del neoliberalismo es necesario una política económica centrada no en las necesidades del capital, sino de las personas.

 Se celebró en Toronto, Canadá, la cumbre del Grupo de los 20 (G-20), que reúne a los países más industrializados del mundo más Rusia (el G-8); a 11 economías emergentes y a la Unión Europea como bloque. Antes, en una reunión realizada en Huntsville, al norte de Toronto, los representantes del G-8 reconocieron que la recuperación a escala mundial es todavía frágil” y que la crisis económica reciente –“la mayor que se recuerda”– ha puesto en peligro los Objetivos del Milenio, entre los cuales se encuentra reducir a la mitad la pobreza y el hambre, lograr la enseñanza básica universal y disminuir en dos tercios la mortalidad infantil para el año 2015.

De una posición casi unánime en anteriores reuniones sobre las medidas a adoptar para combatir la crisis, se ha pasado al "sálvese quien pueda" . Quien quiera podrá mantener los planes de estímulo vigentes (EEUU) y quien lo desee podrá, en cambio, eliminarlos y lanzar planes de austeridad para ganar la confianza de los mercados (Alemania). Dos posturas polémicas: la necesidad de estimular el desarrollo económico a través del gasto público o recrudecer la disciplina fiscal y el recorte a los presupuestos.

Los dirigentes mundiales se debía de poner también de acuerdo en asuntos como la imposición de normas al sector bancario, la regulación del sector financiero, las cuotas de representación en el Fondo Monetario Internacional. Pero solamente se pusieron de acuerdo en el punto menos importante: el compromiso de reducir a la mitad el déficit para 2013 aunque olvidaron la adopción de políticas y normas determinadas que permitan alcanzar este objetivo.

Sobre otros temas como el comercio, medio ambiente, pobreza y Objetivos del Milenio, incluidos de puro compromiso, se ha retrocedido con respecto a cumbres anteriores.

No era necesario esperar a la cumbre que se celebró en la ciudad canadiense para llegar a la conclusión defendida por los miembros del G-8. Con independencia de los desastres en la economía mundial que se vienen produciendo desde finales del año pasado, la imposibilidad de alcanzar las metas fijadas en materia de lucha contra la pobreza era evidente desde hace una década, cuando fueron enunciadas en una reunión de los países miembros de la ONU en Nueva York. El motivo de dicha inviabilidad radica en la aplicación del modelo económico neoliberal aún vigente: las directrices económicas emanadas del denominado “consenso de Washington” generan, de manera inevitable, desigualdades que se traducen en la concentración desmedida de la riqueza en unas cuantas manos y en el empobrecimiento de los sectores mayoritarios de la población, o bien en el agravamiento de su pobreza.

Si en periodos de relativa normalidad económica la lógica neoliberal de “dejar hacer y dejar pasar” redunda en el beneficio de los capitales más poderosos, esa tendencia se agrava con la llegada de cada crisis cíclica: a pesar de que los quebrantos financieros, bursátiles y cambiarios desembocan, por lo regular, en intervenciones estatales de gran calado, éstas no han evitado la depauperación generalizada de las mayorías; por el contrario, tras los desastres del capitalismo mundial tienden a socializarse las pérdidas, y las recesiones acaban por convertirse, en suma, en mecanismos de concentración de la riqueza; un dato revelador al respecto es el que se desprende de un informe publicado por Merrill Lynch y Capgemini, según el cual, a pesar de la crisis mundial actual, se ha incrementado en un 17 por ciento el número de millonarios en el mundo.

Ante el evidente fracaso del neoliberalismo a escala mundial, es necesario que los dirigentes mundiales tomen conciencia de que, con una política económica centrada no en las necesidades del capital, sino de las personas, es posible reducir e incluso erradicar la pobreza. Sin embargo, como puede apreciarse en el simple enunciado de los puntos de la polémica en la reunión de Toronto, no parece haber, por el momento, voluntad política suficiente para enfrentarse a las raíces del problema. Esta reunión del G-20 se ha convertido en un nuevo y caro simulacro de medidas inoperantes ante una realidad cada vez mas sangrarte y peligrosa que puede concluir en un conflicto de clases.

 León, 29 de junio de 2010

 
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