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C.P. González de Lama

REPORTAJE | UNA HUERTA EN CLASE
Ana Gaitero.- León  

Las hortalizas dan lecciones

El colegio público González de Lama es el primero en implantar en el aula un programa de refuerzo de la autoestima y de aprendizaje de valores para prevenir el abuso de drogas

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Las hortalizas dan lecciones

 - La baja ratio por aula favorece la atención individualizada

 - Diversidad e integración de alumnado con necesidades

 

Las hortalizas dan lecciones

Parte de la comunidad escolar del González de Lama en una de las clases del centro de El Ejido

Una zanahoria que siempre quería llamar la atención de la gente, un rábano madrugador, una patata que se sentía torpe, un tomate que sólo pensaba en sí mismo y una remolacha que era capaz de defender a la pobre cebolla a la que nadie quería esperar. Aquella mañana todos corrían a una reunión en la que champiñón iba a contarles un secreto.

La huerta se convierte en el escenario de las historias protagonizadas por sus habitantes, las hortalizas, y que hablan de las cosas a las que cotidianamente se enfrentan las niñas y niños con edades de cinco a 10 años.

La finalidad es contribuir a su maduración psico-afectiva, a la adquisición de hábitos básicos de salud y al inicio de un trabajo preventivo sobre el abuso de drogas. El alumnado del colegio público González de Lama de León ha sido el primero en poner en práctica en el aula este programa en el que participan las 13 profesoras del centro. Las hortalizas expresan los sentimientos más comunes que experimentan los niños y niñas y las actitudes con que afrontan la relación con los demás. En función de la edad y del criterio del profesorado, se ha elegido un modo de contar las 18 historias del programa En la huerta con mis amigos .

En la clase de cinco años los personajes han sido pintados por los niños y plastificados. Saltan de la pared cada vez que se cuenta una de las historias; en las clases de primaria trabajan con títeres y figuras realizadas en plastilina y los más mayores han expresado sus conclusiones a través de historietas de cómics inspiradas en los problemas planteados.

Los celos, las mentiras y los secretos, la exclusión y la burla por las diferencias físicas o culturales, el uso responsable de los medicamentos, los pequeños trucos de las soluciones aparentemente mágicas... El miedo, las trampas, incluso el robo o la ansiedad por querer parecerse a determinadas personas son presentados de manera natural y espontánea por las hortalizas.

«Les gusta y participan porque se dan situaciones que ellos viven en el patio, en clase o en la calle», señala la directora, Charo Quintanilla. Al profesorado -añade- «nos ha dado posibilidades de contrastar los problemas y ver las soluciones a temas de convivencia que tienen importancia».

Los propios niños y niñas han aportado sus soluciones a través de los debates que se han planteado en clase o han dejado en evidencia cosas como el desconocimiento de las palabras con las que pretenden insultar a sus compañeros. «Es frecuente que en el patio aparezcan motes o insultos y que a un niño marroquí se le quiera insultar llamándole moro; pero lo curioso es que si les preguntas, muchas veces no saben lo que significa esa palabra», precisa Quintanilla. La huerta aparentemente no tiene mucho que ver con la prevención de las drogodependencias pero es que este programa está basado en dos premisas: la primera que «los niños y niñas aprendan a pensar por sí mismos y a actuar de manera independiente», explica Víctor Díaz Nosti, coordinador del programa en el Plan Municipal sobre Drogas de León.

La segunda, añade el técnico, es que los niños y las niñas «aprendan a estimarse, a conocerse y a tener buenas relaciones sociales» porque está comprobado que de esta forma en el futuro «tienen menos probabilidades de abusar de las drogas». Para completar el programa falta la intervención de las familias a través de tareas que los escolares tienen que llevar a casa. Esta fase se espera desarrollar en el centro público el año próximo. El Plan Municipal sobre Drogas de León ha utilizado la misma base para dinamizar las escuelas de familias que dirige en distintos centros escolares.

 

La baja ratio por aula favorece la atención individualizada


Con una media de 15 alumnos y alumnas por aula -hay 140 matriculados- y ubicado en el centro de León -en pleno barrio de El Ejido- el colegio público González de Lama afronta una nueva etapa en su reciente historia ligada al nacimiento del barrio en los años 60.

La asociación padres y madres del centro subraya que la baja matrícula convierten al centro en «un espacio privilegiado para la enseñanza y la convivencia de los niños y niñas porque, entre otras cosas, el profesorado puede dedicarlos más tiempo».

Las familias destacan también la accesibilidad del profesorado para realizar las tutorías y la participación a través del consejo escolar, así como las instalaciones y los programas complementarios de la enseñanza como el comedor, madrugadores, las escuelas deportivas, el coro y el

Diversidad e integración de alumnado con necesidades


Isabel tiene un hijo en segundo de primaria y lo que más aprecia del colegio es la evaluación diaria y la naturalidad ante la diversidad. La llegada de hijos e hijas de inmigrantes ha despertado entre los escolares del González de Lama la curiosidad por otros países. «He tenido una hija que ya ha salido de aquí muy bien preparada y ahora tengo al pequeño», explica otra madre, Ana, para quien «las diferencias nos chocan más a los mayores que a ellos». Jesús, el presidente de la Ampa, destaca la integración de su hijo con síndrome de Down, que está aprendiendo a leer gracias a que el centro aceptó su propuesta para implantar el método de lectoescritura a través de fotografías. Sara, otra madre, subraya, por su parte, la aceptación y la actitud de ayuda que sobserva en su hija e hijo, aparte del programa educativo.


jueves 6 de mayo de 2004

 
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