STEs Castilla y León Prensa

   

16 de enero de 2006

e

c

o

r

t

e

s

 

 

Educar sin cachetes
J. A. AUNIÓN - Madrid
  • La mayoría de los expertos cree que los padres jamás deben pegar a los hijos.
El primer ministro británico, Tony Blair, declaró la semana pasada que había dado cachetes a sus hijos mayores, pero no al último, que ahora tiene cinco años. En el Reino Unido el bofetón a los niños sigue siendo legal. En España, diferentes organizaciones piden desde hace años que se prohíba expresamente en el ámbito familiar.

Educa, no pegues!", rezaba la campaña puesta en marcha hace unos años por las organizaciones internacionales Unicef y Save the Children y por las principales confederaciones españolas de padres de alumnos, Ceapa (laica) y Concapa (religiosa). El castigo físico a los niños no es aceptable de ninguna manera, según la Convención de Derechos del Niño de Naciones Unidas, ratificada por España en 1990. Son muy pocos los pedagogos que no están de acuerdo con ello. El castigo físico, insisten los expertos, provoca en el niño miedo, lo que le hace muchas veces olvidar el verdadero motivo por el que se le recrimina. En la campaña antes mencionada se recordaba la necesidad de que los padres fomenten en el niño la seguridad, el respeto, la confianza y la protección, cuestiones que difícilmente se logran, dicen los especialistas, con cachetes. Sí recomiendan poner límites claros al niño y hacerle entender que ha hecho algo malo con medidas adaptadas a su edad, aunque nadie dice que sea fácil y las encuestas han mostrado en muchas ocasiones la desorientación que manifiestan los padres sobre cómo actuar a la hora de reprender a un niño para que tenga efecto.

Pese a todo, un estudio Save The Children de 2004 puso de manifiesto que casi el 58% de los padres españoles considera necesario pegar a sus hijos para educarles. Este delicado debate no se refiere a la violencia gratuita o los malos tratos graves, como palizas -todo lo cual ya se combate en el Código Penal-, sino que se refiere a la bofetada o el azote que se le da a un niño puntualmente en casa como solución última. Ésta es una exposición del marco legal español y de la opinión y sugerencias de los expertos sobre esta cuestión.

- La legislación. Los padres y las madres podrán "corregir razonable y moderadamente a los hijos". Éste es el último párrafo del artículo 154 del Código Civil. Para numerosas instituciones de protección de la infancia (incluidos el Ministerio de Trabajo o el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid) es un texto muy "ambiguo" que deja abierta la posibilidad de infringir castigos físicos a los niños dentro de la familia. Por eso, solicitan desde hace años que se añada a este artículo lo siguiente: "Siempre que no sea un castigo físico o dañe la dignidad del menor". "No se trata de meter en la cárcel a un padre o a una madre que dé una bofetada, sino de hacer pedagogía social, que entiendan que eso no es lo correcto", explica el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Pedro Núñez Morgades.

La preocupación por esta ambigüedad también ha sido manifestada por la Comisión para el seguimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU. En un texto publicado hace casi 11 años, el comité recomendó que se prohibiera este tipo de castigos físicos en la familia. La ONU y el Consejo Europeo volvieron a pedir a España -y a otros países- esa prohibición el pasado julio.

- Las consecuencias. ¿Por qué se plantea pegar a un niño para educarle y no a un adulto al que se esté educando? "Cuando algún padre defiende que es necesario dar de vez en cuando una bofetada, le respondo siempre: '¿Y por qué no te pegan a ti cuando te equivocas?", plantea Bernabé Tierno, psicólogo, pedagogo y escritor contrario a cualquier tipo de castigos.

Para Núñez Morgades, "la violencia puede paralizar temporalmente al niño, pero nada más". Por el contrario, tendrá consecuencias negativas, como "insensibilizarle ante el dolor ajeno y enseñarle a resolver sus problemas con violencia", asegura. Además, muchas veces los progenitores se sienten culpables por haber golpeado a sus niños, lo que les lleva a comportamientos contradictorios que pueden confundir a los pequeños: "La culpabilidad en estos casos puede traducirse en darle al niño todo lo que quiere".

- Las alternativas. En general, los expertos apuestan por marcar los límites a los niños, enseñarles lo que está bien y lo que está mal en positivo y siempre dialogando. Por ejemplo, muchos recomiendan, mejor que castigar las acciones negativas, premiar las correctas. Aunque, según Juan Josep Sarrado, pedagogo que trabaja con delincuentes juveniles desde el Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña, la única manera de educar es "transmitir al menor responsabilidad y confianza". Propone el diálogo, emotivo y calmado, a todas las edades.

Sin embargo, otros expertos señalan que en situaciones especialmente conflictivas y reiteradas quizá funcionen algunos castigos como la eliminación de algo positivo (la paga o la tele) o la aplicación de algo negativo (encargarse de limpiar el coche o bajar la basura). Pero este castigo debe reunir una serie de requisitos, según la psicóloga clínica experta en tratamiento de niños hiperactivos Trinidad Bonet: que sea inmediato, justo, adecuado a la edad, intenso pero no desmesurado, constante (siempre que se realice, la conducta se aplicará a la consecuencia), avisado (el niño sabe que si hace algo en concreto recibirá ese castigo) y acompañado del refuerzo de la conducta contraria positiva.

- Las dificultades de los padres. "No se puede condenar a los padres. Somos humanos, así que en ocasiones ocurre. Lo importante es saber cómo hacerlo bien y cómo tratar de evitarlo". Trinidad Bonet se refiere al azote o la colleja. Se trata siempre "del último recurso", pero en ocasiones, si se cumplen ciertos requisitos, "no tiene por qué ser inadecuado", señala. "Si el niño detecta coherencia, cariño, justicia, mesura; si luego hay un periodo de reflexión, de calma, de explicación, y de reconciliación (nunca dejar de hablar después de un episodio, nunca dejar los abrazos y cariños...); si se habla sobre cómo intentar que no vuelva a pasar, todo eso minimiza los posibles efectos negativos de un cachete".

Esta es, sin duda, una opinión aislada entre los expertos. Para el psicólogo y secretario general de la Oficina del Defensor del Menor de Madrid, José Antonio Luengo, incluso en las situaciones más conflictivas la solución es dialogar y, si es necesario, alejar al chaval del lugar para hacer imposible la acción negativa. Y más diálogo.

LAS MANOS NO SON PARA PEGAR

Los distintos organismos de protección de la infancia de la ONU han pedido en muchas ocasiones que se prohíban por ley los castigos físicos en el ámbito familiar. El pasado mes de julio, durante la celebración de una conferencia que reunió en Ljubliana (Eslovenia) a 500 expertos internacionales para debatir la lucha contra maltrato infantil, la ONU y el Consejo de Europa volvieron a pedírselo a España.

El bofetón sigue siendo legal en el Reino Unido

WALTER OPPENHEIMER - Londres

A pesar de los llamamientos de Naciones Unidas y de los requerimientos del Comité Europeo de Derechos Sociales, el bofetón a los niños sigue siendo legal en el Reino Unido siempre y cuando no deje marcas. Pero está cada vez más mal visto. Un total de 119 diputados de los Comunes han firmado hasta ahora una moción pidiendo la prohibición total de los bofetones y el primer ministro, Tony Blair, pareció pasar un mal trago la semana pasada cuando en una emisión de televisión le preguntaron si había abofeteado a sus hijos alguna vez y tuvo que reconocer que sí.

El debate sobre el castigo corporal a los niños recobra actualidad con cierta regularidad en el Reino Unido, un país particularmente reacio a eliminarlo por completo a pesar de que hay ya una quincena larga de países que ya lo han hecho. El castigo corporal en las escuelas en tiempos de la famosa "disciplina inglesa", se prohibió en los colegios públicos en 1987 y no quedó abolido en todas las escuelas hasta 1999. Pero los padres siguieron manteniendo el derecho de castigar físicamente a sus hijos.

Ese derecho se mantuvo en la reforma legislativa del año pasado, aunque de manera muy limitada. Tras un intenso debate nacional entre los partidarios y los enemigos de la prohibición total, el pactista Blair se inclinó por mantener el derecho de los padres a dar un bofetón a los hijos, pero siempre y cuando se hiciera con moderación y sin dejar marcas físicas de ningún tipo. "Creo que es una solución llena de sentido común", defendió entonces el primer ministro, temeroso de que una prohibición total acabara provocando una avalancha de denuncias contra los padres.

A Blair parece afectarle el tema de manea personal. "¿Le ha dado alguna vez un bofetón a sus hijos? ¿Lo ha hecho?", le preguntó una periodista a bocajarro durante un debate en la BBC sobre las nuevas medidas del Gobierno para acabar con el gamberrismo. Ante las dudas de Blair sobre si contestar a esa pregunta, la periodista insistió: "¿Le ha causado eso algún problema?". "No, en realidad creo que probablemente soy diferente con mi hijo pequeño de lo que lo he sido con los otros". Malinterpretando esa respuesta, la periodista añadió: "Cómo, ¿le ha dado bofetadas al pequeño?", que sólo tiene cinco años. "No, no. No, no. Más bien al revés, pero... Creo que, el bofetón... Quiero decir, estoy de acuerdo con lo que usted acaba de decir y creo que todo el mundo conoce la diferencia entre un bofetón a un crío y abusar de un niño", matizó un Blair considerablemente apurado por tener que hablar de sus hijos, un tema del que jamás habla en público, y tener que haber reconocido que en su día abofeteó a los mayores, que ahora tienen entre 18 y 22 años. El primer ministro no lo tenía fácil: tuvo que elegir entre mentir, irse por los cerros de Úbeda o reconocer los bofetones.

 

 STEs Castilla y León Prensa