STEs Castilla y León Prensa
 

21 de septiembre de 2005

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REGRESO A LAS AULAS

El acoso escolar empieza con los motes
  • Uno de cada cuatro alumnos españoles sufre violencia física o psíquica
  • El índice de acoso en las aulas, en su mayoría de tipo psíquico, es hasta siete veces más alto entre los alumnos de primaria que entre los que acaban bachillerato, según un estudio presentado ayer
ALICIA RODRÍGUEZ DE PAZ - Madrid

UN RIESGO PARA LA SALUD
El 35% de las víctimas presenta síntomas graves de depresión; al 15% les ronda la idea del suicidio

SIN NINGÚN MOTIVO
Sea cual sea la razón por la que se las discrimina, las víctimas nunca son responsables del acoso


El acoso que sufren los alumnos, el bullying, es un fenómeno que hay que hacer aflorar, evitando la impunidad y la trivialización con que frecuentemente es abordado. Para dar cuenta de su magnitud, sólo hay que recurrir a los datos: uno de cada cuatro alumnos es víctima de la violencia escolar, según las conclusiones de un amplio estudio del Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo (IDEI). En las modalidades de violencia en las aulas destaca, con diferencia, ser llamado por un mote (en un 14% de los casos). A cierta distancia, se encuentran comportamientos como "reírse cuando uno se equivoca" (8,9%), que "no te hablen" (8,5%), ser insultado (8%) o ser acusado de cosas que no has dicho o hecho (6,9%).

El Informe sobre violencia y acoso escolar en alumnos de primaria, ESO y bachiller se basa en las opiniones de casi 5.000 alumnos de la Comunidad de Madrid, y fue presentado como el estudio más amplio realizado en España. Según sus conclusiones, los escolares de primaria tienen siete veces más posibilidades de ser objeto de violencia física o psíquica que los que están acabando el bachillerato, ya que la tasa de acoso entre los estudiantes de siete años asciende al 43% frente al 6% de aquellos que están a punto de acabar la secundaria. Sin embargo, el porcentaje de acosadores frecuentes va aumentando con la edad. "Se trata de un comportamiento de refuerzo que lleva a una práctica cada vez más frecuente, al ver que reporta éxito social y ventajas", asegura el estudio.

Los autores del informe, los profesores universitarios y especialistas en violencia Araceli Oñate e Iñaki Piñuel, reivindicaron que "no existe un perfil de la víctima: pueden arremeter contra ti porque eres muy alto o muy bajo, feo o guapo, llevar gafas o coletas; el maltrato es indiscriminado". Ni se puede por tanto asegurar que un determinado tipo de escolar es "más propenso" a ser acosado por sus compañeros de clase por "carecer de habilidades sociales o no disponer de una red afectiva sólida". "Obviamente, la víctima no es responsable de lo que le está pasando", recalca Oñate. Ambos especialistas advirtieron de la necesidad de tratar estos casos por profesionales porque las víctimas "no son enfermos mentales, sino personas dañadas" cuyo mal pueden arrastrar hasta la vida adulta.

La salud de los pequeños acosados peligra.
El 35% presenta síntomas graves de depresión y una disminución radical en la autoestima, mientras que al 15% les ronda la idea del suicidio. En el acoso escolar también hay diferencias por sexo. "Las niñas, con una tasa del 21,1%, son menos acosadas que los niños, con un 26,8%, pero ellas padecen más comportamientos destinados a aislar socialmente y, por tanto, sufren mayores índices de cuadros de estrés postraumático", explicó Piñuel.

A la hora de buscar soluciones a este fenómeno, Oñate y Piñuel apuestan por que sean los propios compañeros del aula los encargados de reprobar este tipo de conductas que van desde el desprecio y la ridiculización, las coacciones, o el ninguneo, hasta las agresiones físicas, las amenazas, el hostigamiento verbal, los robos y los chantajes. "Los pequeños han de entender - defienden- que estos comportamientos son inadmisibles y deben responsabilizarse. Desde la clase han de aparecer los encargados de frenar al que hostiga, primero por hacer una broma y después, cuando se dan cuenta de que obtiene un rédito social". Una medida en principio mucho más eficaz si se tiene en cuenta que la violencia se duplica en los espacios donde los adultos no están presentes, como los aseos o el patio.

Respecto a la reacción más adecuada de los profesores y, sobre todo, de los padres, los autores del informe recomiendan "mostrar un apoyo incondicional hacia aquel que se confiesa víctima". En pocas palabras, una política de tolerancia cero. Araceli Oñate previene de reacciones que considera nocivas para el escolar, cuando éste se decide a confesar su problema a un adulto. "No se debe trivializar ese tipo de violencia con comentarios del tipo habrá sido una broma, ni negarla (seguro que estás exagerando), ni compararla con otras circunstancias para restarle importacia (a mí también me pasaba cuando era pequeña),ni alegar que es una preparación para la dura vida del adulto ni mucho menos alentarle para que la próxima vez se defienda". "El acoso no es trivial. No pasa porque produce daños y secuelas en la edad adulta, que le convierte en más vulnerable para otro tipos de violencia como la doméstica o el mobbing en el trabajo", remarcó Piñuel.
 
Entre los indicios para detectar un posible acoso, los expertos señalan que "el alumno cambie de tema cuando se le pregunta por cómo le va en el colegio, que intente quedarse cerca de los adultos cuando está en el patio, que muestrer ansiedad a la hora de tener que ir a la escuela, que se niegue a ir a fiestas montadas por sus compañeros, que llegue con la ropa rota o le falte material".

El estudio revela además que, de los alumnos que son acosados, hasta un 20% se acaba conviertiendo en acosadores. Mientras, un 40% de todos los niños adopta el papel de testigo pasivo, no participa en el hostigamiento ni es acosado.

¿Y cuáles son las causas esgrimidas por los acosadores?
La proporción más alta, un 17%, alegó que le habían "provocado" o que estaban "gastando una broma" (10%). En otros casos aseguraron que era "para evitar que me lo hagan a mí" (3,3%), "para pasar el rato" (2,8%), "porque a mí me lo hacen otros" (2,6%) o "por molestar".

Los alumnos encuestados que confiesan alguna forma de hostigamiento por parte de sus compañeros reconocen que se trata de una circunstancia que se prolonga en el tiempo. Una cuarta parte asegura que el acoso se produce desde que comenzó el curso, un 22% desde hace meses y un 16% "desde siempre". Sólo dos de cada diez señalan que lo padecen desde "hace unas semanas". Para los investigadores estas cifras dan idea de la actual ineficacia a la hora de intentar resolver el problema.


INSTITUTO DE INNOVACIÓN EDUCATIVA Y DESARROLLO DIRECTIVO
www.acosoescolar.com

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