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 Suplemento - 15/12/2003

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EL AÑO EUROPEO DE LOS ALUMNOS CON DISCAPACIDAD

La tarea de hacerle sentir uno más

  • Ocho de cada 10 alumnos discapacitados están matriculados en un centro escolar ordinario

  • El 2,3% de los estudiantes españoles tiene algún tipo de discapacidad permanente. A lo largo de 2003 se ha intentado sensibilizar a los ciudadanos europeos de los problemas de estas personas. Ésta es la situación de la educación de estos niños en España.

MARTA AGUIRREGOMEZCORTA - Madrid

La integración de los alumnos que sufren alguna discapacidad es uno de los grandes retos del sistema educativo. Todos los centros públicos y concertados ordinarios son de integración, es decir, pueden acoger en sus aulas a niños con alguna discapacidad (dos en teoría como máximo en cada clase) pero todavía queda camino por recorrer para que se dé adecuadamente: faltan recursos y apoyos educativos, principalmente en los institutos de secundaria. Un 2,3% de los alumnos escolares tiene alguna necesidad educativa especial permanente, según los últimos datos del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación, del Ministerio de Educación.

Nadie lo duda: "La integración es el mejor modelo, pero requiere un gran esfuerzo"

Ocho de cada diez está escolarizado en centros ordinarios en régimen de integración. El resto -los que sufren deficiencias más profundas- lo está en centros de educación especial. Los servicios de orientación de las comunidades autónomas son los que, tras una evaluación psicopedagógica, recomiendan si un niño discapacitado debe matricularse en un centro de integración o no.

A estas alturas nadie lo duda: "La integración es el mejor modelo, pero debe hacerse un gran esfuerzo para que funcione". Por muchas razones. Porque al estar el alumno discapacitado matriculado en el colegio de su barrio, como los demás niños, se incrementan sus expectativas de aprendizaje, su nivel de exigencia y, lo más importante, su capacidad para sociabilizar con el resto de sus compañeros. "Adquieren hábitos normalizados de comportamiento. Ven cómo se comporta el resto y se esfuerzan para comportarse ellos también así", señala una orientadora del equipo de orientación educativa y psicopedagógica de la Comunidad de Madrid, que trabaja en el colegio Haití donde 24 de sus 630 alumnos son discapacitados.

El proceso para integrar a un niño con alguna discapacidad en un centro ordinario empieza por hablar con la familia del chico para que cuente cómo es su conducta en casa y qué expectativas tienen de su aprendizaje. Después, los docentes realizan adaptaciones curriculares individualizadas con los tutores y los orientadores del centro. "Es fundamental para que la integración funcione que haya un trabajo coordinado entre todos los profesionales del centro. Ésa es la clave", señalan los especialistas.

Si un alumno discapacitado de cinco años entra en un aula ordinaria, los profesionales se encargarán de que realice las actividades que pueda seguir, más otras actividades adaptadas. Por ejemplo, si en el aula están trabajando conceptos espaciales mediante objetos, el propio cuerpo y el papel, quizá ese niño discapacitado sólo pueda hacerlo mediante objetos y su propio cuerpo, porque con el papel le va a costar un poco más de tiempo. Además, diariamente se saca al niño al menos una hora para que reciba una clase de refuerzo. Pero la intención es que el alumno discapacitado pase el mayor tiempo posible en el aula normal.

Aun así, hay familias con hijos discapacitados que se quejan por la falta de apoyo específico en las aulas de integración, porque no se les enseña cosas útiles, porque los otros niños se meten con ellos... "La filosofía de la integración es cuanto más mejor. Pero hay que tener en cuenta en qué condiciones se da. Integrarse es formar parte de y no simplemente estar", señala la directora de un centro concertado de educación especial de Madrid.

Porque la integración es un modelo difícil de tejer. Funciona sin grandes problemas en primaria, pero cuando llegan a secundaria se colapsa. Por varios motivos, según los expertos. A esa edad, los alumnos discapacitados tienen más dificultades para progresar en su aprendizaje y en las relaciones sociales. Hay escasa flexibilidad en los centros de secundaria (se necesitarían programas mixtos de integración y específicos dentro de un mismo centro adaptados a cada alumno). Y faltan recursos. Es decir, personal especializado y una formación especial para los docentes que se enfrentan en una misma clase con un alumnado normal pero también con chicos con alguna deficiencia. De hecho, la mayoría de los docentes de secundaria dice que no se ve preparado para enseñar a este tipo de alumnos, según un estudio del Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo Idea.

"El colapso que sufre la integración en secundaria ocurría igual en primaria hace unos años. La clave es cambiar la actitud hacia este tipo de alumnado. Contar con más estrategias. Tener menos miedo y saber qué es lo que se quiere hacer. Si se consiguió en primaria, se puede conseguir en secundaria", señala una pedagoga terapéutica que trabaja con niños discapacitados en un centro ordinario.

El catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación y ex secretario de Estado de Educación con los gobiernos socialistas, Álvaro Marchesi, es también rotundo: "La integración sigue siendo un objetivo deseable y un reto fundamental. Pero hace falta que la sociedad y los poderes públicos vuelquen sus esfuerzos para que los centros tengan más recursos, más profesores de apoyo y más atención con el objetivo de que estos alumnos reciban una educación de calidad en los centros de integración".

Una formación útil para la vida

  • El 2,3% de los estudiantes españoles tiene algún tipo de discapacidad permanente. A lo largo de 2003 se ha intentado sensibilizar a los ciudadanos europeos de los problemas de estas personas. Ésta es la situación de la educación de estos niños en España.

M. A. - Madrid.- EL PAÍS - 15-12-2003

Ocurre, a veces, que un alumno discapacitado, matriculado en un centro ordinario, no consigue integrarse, su desfase con el resto de los niños es excesivamente elevado y no llega a adquirir autonomía personal suficiente. Entonces, después de una evaluación psicopedagógica, se opta por matricularle en un centro especial. "Para muchos padres es muy duro que su hijo vaya a un centro específico después de haber estado en un centro ordinario. Piensan que es como si dieran marcha atrás. Pero los que tienen que estar en integración están en integración y los que están aquí es porque tienen que estar aquí", señala el director del colegio de educación especial Fundación Goyeneche, Sixto de Agustín. En este centro estudian 123 alumnos atendidos por casi 70 profesionales entre profesores, logopedas, fisioterapeutas, orientadores, auxiliares técnicos educativos...

En los centros de educación especial están matriculados aquellos niños cuya adaptación curricular tendría que ser tan significativa que no permite seguir el currículo ordinario. Son discapacitados severos, profundos o medios con otras deficiencias añadidas. De todos los alumnos con necesidades educativas especiales, un 68% presentan deficiencias psíquicas, seguidos por los plurideficientes (9%), autistas (7%), deficientes motóricos (7%), deficientes auditivos (6%) y deficientes visuales (3%), según los datos oficiales.

Los alumnos con autismo o con trastornos graves de personalidad y los plurideficientes son los que menos integrados están en centros ordinarios, 4 y 5 alumnos respectivamene de cada 10.

Las aulas de la Fundación Goyeneche están formadas por alumnos según sus capacidades y no tanto por la edad que tienen. No hay nunca más de ocho estudiantes. El aprendizaje que se imparte abarca un abanico muy amplio, según las capacidades de cada niño. Va desde el aprendizaje más básico, a base de estimulación sensorial, hasta el más complejo: estudiar el Madrid de los Austrias, con las adaptaciones necesarias. "Es clave la programación del aula: saber dónde se encuentra el niño en todos sus niveles", cuenta De Agustín.

Ésta es una educación enfocada a lo que les puede resultar útil en su vida diaria. Por eso en el centro hay un aula en el que se simula un pequeño apartamento. En él los alumnos que pueden aprenden a hacer una cama, a tender la ropa, a poner la lavadora o a ordenar los armarios.

"Hay que tener en cuenta que con estos niños se puece avanzar mucho, poco, lentamente, no avanzar o, incluso, retroceder. Depende del niño, de cómo se trabaje con ellos y del papel que juegue la familia", señala De Agustín. Porque la implicación de los padres es, si cabe, más fundamental en estos casos. "Si en el colegio una profesional trabaja para que un niño aprenda a tragar durante hora y media todos los días y resulta que llega a casa y sus padres se desesperan y lo que hacen es meterle el biberón para que coma más rápido, el trabajo del colegio se echa por los suelos", añade este director.

Unos amigos muy capaces

  • La Fundación La Caixa pone en marcha un programa virtual para acercar la vida cotidiana de los jóvenes discapacitados

MAR PADILLA - Barcelona EL PAÍS - 15-12-2003

El problema de este mundo es la falta de comunicación". Ésta es la tesis de Georgina Zamora, Jaume Domingo y Leticia Sanz. Estos tres jóvenes catalanes, que padecen discapacidad, han sido transformados, de la mano del diseñador Mariscal, en los personajes de Amigos Capaces, un programa de la red Educalia, de la Fundación La Caixa. A partir de un juego virtual destinado a alumnos de primaria y secundaria, los protagonistas cuentan sus experiencias personales y responden a las preguntas de los usuarios.

Georgina nació con una sordera profunda. A los 11 años le hicieron un implante coclear "y entonces cambió el mundo", explica. Para esta joven de 20 años, el problema a la hora de abordar las discapacidades es que "falta información, y entonces la gente no sabe cómo tratarte". En sus respuestas al programa de Educalia, Georgina escribe que "todo es más fácil si la gente habla claro, vocaliza y tiene paciencia". Fascinada con el lenguaje desde que empezó a oír un poco, Georgina adora los crucigramas, el juego de letras scrabble, y "sobre todo el programa de televisión Pasapalabra". Georgina se parte de risa al recordar que por teléfono su padre se despedía con "un petó" (un beso en catalán), "y yo entendía un mató" (un tipo de queso). Esta estudiante de fotografía insta a los jóvenes sordos que contactan con ella a dejarse atrapar por la lectura. Pero hay que esforzarse, porque "es difícil leer cuando tienes poco vocabulario hablando". Mientras habla con un sonido gutural y te mira atentamente los labios, Georgina vuelve a reírse al afirmar que "muchos piensan, por como hablo, que soy extranjera". Le encantan los boleros, aunque aún le cuesta entender las letras de las canciones, "pero se nota el sentimiento, y eso es otra forma de comunicarse". En sus respuestas, siempre subraya la necesidad de señales para los que no oyen: "Subtítulos en televisión o nombres de parada en los autobuses, como yo vi en Venecia".

Jaume, de 30 años, tiene síndrome de Down y trabaja desde hace 10 años en la mediateca de la Fundación La Caixa. "El problema es que la gente, en cuestiones de disminución, se mueve siempre en los tópicos, y cree que no puedes hacer nada", explica mientras atiende una de las preguntas del programa enviada por un alumno de bachillerato. Le apasiona ir al cine y es muy crítico con la sociedad, "porque cada vez hay más prohibiciones y te dicen todo el rato lo que puedes hacer y lo que no". Desde las páginas del proyecto de anima a los otros jóvenes "a ponerse un poco en el lugar de los demás, tener un poco de sentido común y ser menos egoístas".

Leticia Sanz está afectada de parálisis desde que hace 10 años sufrió un accidente de tráfico. Va en silla de ruedas. Ahora, con 25 años, es licenciada en Económicas por la Universidad Pompeu Fabra (UPF), "un sitio superbién adaptado, con rampas y ascensores, no como otros, donde ir es toda una película". También ha estudiado Administración de Empresas, tiene un master en Mercados Financieros, y actualmente está buscando trabajo. Como una de las protagonistas del programa, responde a las preguntas que le llegan de toda España, "que son muy variadas, desde cómo hemos adaptado mi casa hasta si salgo sola o cómo he superado lo del accidente". Sobre este último tema, Leticia siempre responde lo mismo: "Una es joven, pero no tonta, y desde el primer momento decidí no amargarme y tomármelo bien, si no me iba a morir de asco". Su discapacidad no ha sido impedimento para "hacer de todo": estudiar, viajar o salir con sus amigos.

El valor del teatro para niños

  • Las obras para alumnos de educación infantil empiezan a extenderse en España como complemento pedagógico
LOLA LARA - Madrid  EL PAÍS - 15-12-2003

Una experiencia poética y sensorial para niños de tres meses a seis años". Así definen sus creadores, la compañía madrileña de teatro La Casa Incierta, el espectáculo Pupila de Agua, que acaba de estrenarse en Madrid, donde ha celebrado un ciclo de representaciones para guarderías y escuelas infantiles y con el que girarán por algunas ciudades españolas y extranjeras.

Aunque en España es novedoso, el teatro para bebés no es desconocido en países próximos; Francia, Italia y Bélgica, sobre todo, trabajan desde hace años en este territorio de la creación artística, que se funde, por partida doble, con el ámbito educativo. Por un lado, porque los artistas que se sumergen en él se alimentan en parte del trabajo realizado en los centros educativos y por otro, porque un buen número de sus espectadores llegan a través de los mismos, en funciones reservadas para grupos, en días y horarios lectivos.

La Biennale de Lyón (Francia), un certamen internacional que reúne una selección de montajes, llevó al circuito off de su edición de 1999, una rara avis, el espectáculo Et rond, et rond, de la compañía francesa Lulubelle, recomendado para bebés y mujeres en avanzada gestación. El anuncio de la propuesta provocó sorpresa, curiosidad y buena dosis de escepticismo, a pesar de que ya existían estudios sobre la capacidad del feto para percibir la música o los efectos que ésta puede provocar en un niño de días.

Aquel montaje cosechó éxitos, viajó a diferentes países y en España se pudo ver dentro del festival Teatralia, en Madrid, que ha programado en años sucesivos una decena de propuestas escénicas (teatro, música y danza) para niños de tan corta edad. De estos antecedentes, entre otros, bebe La Casa Incierta para enfrentarse a un reto artístico de primera magnitud, comunicar con un público ajeno a cualquier norma sobre el modo de estar en una sala de teatro. Es imprescindible interesar a los bebés en todo momento y para eso hay dos requisitos formales: que la obra dure en torno a media hora, tiempo máximo estimado por expertos para retener la atención de un bebé, y que no haya más de 30 espectadores por función, para que la cercanía física con los intérpretes propicie la comunicación.

El tercer requisito, la calidad de la propuesta. El teatro para bebés, más que ningún otro, debe ser un mecanismo de precisión. Y reclama un intenso proceso de búsqueda como el que el director de la obra, Carlos Laredo, y las dos actrices emprendieron en varias escuelas infantiles "con proyecto pedagógico", algunas, de integración de niños sordos; "fue un trabajo", dice Laredo, "muy fecundo y nutritivo. Allí nació el germen de la búsqueda de comunicación por otras vías".

Laredo reconoce que estas propuestas conllevan la pregunta de si un bebé puede entender algo. Su respuesta parte de la convicción de que "la intelección no es sólo una forma de compresión lingüística, de carácter sintáctico, semántico o semiótico. Reducir la percepción del ser humano a su capacidad de entender el lenguaje de las palabras, y reducir su comprensión al análisis narrativo, es restringir el resto de las capacidades comunicativas no verbales".

También el desarrollo de las representaciones resuelve el interrogante. Impresiona observar que niños de tan corta edad, que ven teatro por primera vez, no sólo se mantengan pendientes (y sin apenas pestañear) de principio a fin, sino que además expresen emociones, provocadas por lo que ocurre en escena.

Y eso que Pupila de Agua no es una obra fácil, fundamentada exclusivamente en lo sensorial, como muchas creaciones para estas edades. El montaje posee diversas capas de dramaturgia; en la argumental, habla de una niña que no sabe llorar, a pesar del clima de desolación que la envuelve, y muestra el trayecto vital que finalmente permite expresar emociones y sentimientos. Otra estaría contenida en la poética del agua y el cristal, el misterio de los silencios, que trufan la obra, y la última etapa de la creación "pasa por encontrar los elementos que tienen que ver con la cultura de uno mismo, como son las parcas
[diosas del parto y el nacimiento], que tejen los hilos
[en referencia a la imagen con la que arranca la obra]", dice Laredo.

"Es muy interesante y arriesgada", valora la obra una de las educadoras que acude con un grupo de niños, "en algún momento se veía que les provocaba cierta inquietud, pero sin embargo no la rechazaban; seguían atentos. ¿Sorprendente? Sí y no; a esa edad, se es particularmente receptivo". (Información: www.lacasaincierta.com)

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