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ecortes de Prensa

NÚM. 3.569 (187) - 20 de febrero de 2003

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ANIVERSARIO
Los STEs celebran sus 25 años de lucha sindical con la publicación de un libro

José Ángel M. Hidalgo. Madrid.
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os 25 años de vida de los Sindicatos de Trabajadores de la Enseñanza (STEs) han sido celebra dos con la publicación de un libro que recoge la pluralidad de puntos de vista dentro de una organización peculiar dentro del panorama sindical español.

Nacidos con espíritu «autónomo y asambleario» como reza el subtítulo del libro conmemorativo, la organización afronta ahora los nuevos retos que demanda el profesorado desde una segunda posición consolidada en los últimos comicios electorales, tal y como dejó patente el pasado día 15, durante la presentación del volumen en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, su portavoz confederal, Augusto Serrano, al declarar sin ambages que «hoy estamos mejor que nunca».

La peculiaridad de STEs quedó de manifiesto en el mismo acto. Honorat Ros, uno de los militantes históricos que firmara el 28 de enero de 1978 el acta de constitución de la Unión Confederal de Sindicatos de Trabajadores de la Enseñanza, lo expuso así: «Lo difícil que era entendernos entre nosotros, negociar y llegar a consensos».

A juicio de Ros, esto se consiguió conjugando ideas diferentes con un denominador común: la necesidad perentoria de cambio que imponía la lucha contra el franquismo y el enfrentamiento con el SEU, «que dijo sí al histórico decreto que dividía a los enseñantes».

Ya entonces se dieron las primeras tensiones propias de una organización asamblearia. Por ejemplo, Ros defendía la necesidad de priorizar la lengua de cada uno de los sindicatos, mientras que otro militante histórico, Manuel Marrero, entendía que nada había más importante que la lucha contra la dictadura. «Teníamos que inventar qué éramos ante los señores del Ministerio, dentro de un plantea miento común, un esfuerzo por hacer un sindicato asambleario sociopolítico, hasta que se dio con un nombre que a mí me ha hecho reír al juntar ‘unión’ y ‘confederación’», comentó.

Los cambios han llegado con el paso del tiempo, señaló Ros, «y hoy es una organización diferente, reivindicativa pero también preocupada por la gestión de los derechos de los trabajadores, siempre buscando su mejora».

Manuel Marrero subrayó también algunas de las características del funcionamiento de STEs. «Hay desde luego pluralismo interno, pero también intolerancia interna en algunos casos», poniendo el acento en el acierto que fue crear la Confederación, a la que calificó sin titubeos como «un valor en alza».

Ironizó Manero para reafirmar su punto de vista al señalar que con la sensibilidad mostrada a las lenguas de cada sindicato «nos adelantamos al Estado de las Autonomías». No obstante, el sindicalista observó que, aunque finalmente se hubiera ganado en el establecimiento de procesos unitarios «superando sospechas mutuas y otros problemas», «hay que decir que si la Confederación sobre vivió fue porque cada sindicato tenía vida propia. Aquélla tendrá vida en tanto exista vida en estos».

Otro de los militantes de STEs, Vicent Esteve. habló de la necesidad de recuperar las enseñanzas del pasado. «25 años de lucha deberían bastar para aprender a ser más justos». Y consideró que ese cuarto de siglo «también debería bastar para limpiar el nombre de la democracia y embellecerla», en alusión a la masiva manifestación contra la guerra de la que todos los asistentes acababan de llegar.

De izquierda a derecha, Vicent Esteve, Pilar Catalán, Augusto Serrano, Marta Jiménez, Honorat Ros, Purificación Llaquet y Manuel Marrero, representantes del sindicato a lo largo de estos últimos 25 años