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Vamos, sacúdele, pégale una patada en
el culo!». La voz del chiquillo suena, desde luego, inquietante. En
el patio del colegio Ressu, en Helsinki, un grupo de colegiales se
ha arremolinado en torno a él.
Nadie está machacando a nadie, sin
embargo. No hay empujones ni golpes reales y ningún chico se está
peleando. Lo único que hacen es entretenerse con el nuevo juego de
sus móviles Nokia antes de que comiencen las clases.
No se diferencia demasiado de otras
mañanas en cualquier colegio finlandés. A las puertas ya del
invierno, aún no ha amanecido del todo cuando los críos se disponen
a entrar, a las ocho de la mañana. Tampoco verán el sol cuando
vuelvan a casa, a las cuatro de la tarde.
Llega la hora y los chavales suben
apresurados las escaleras que conducen a las aulas. Una vez en
ellas, se quitan los abrigos, desconectan las melodías de sus
móviles, los guardan en sus mochilas y se disponen a recibir clase
en el mejor sistema educativo del mundo. Así, al menos, lo acaba de
determinar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (OCDE) después de examinar durante seis horas y media a
250.000 estudiantes de 15 años en 40 países. Finlandia obtuvo la
mejor puntuación en las tres categorías que se evaluaron, Lectura,
Matemáticas y Ciencias.
España, 12 puntos por debajo de la
media de países de la OCDE, quedó en el puesto 24, superada por
Polonia, República Checa, Irlanda, Hungría...
Los 20 alumnos llenan enseguida la
pequeña clase. Los chicos se sientan detrás y las chicas en los
pupitres delanteros. Entre ellas, Jenni Sinkonnen, de 15 años,
alumna de 9º curso, el último de la Enseñanza Obligatoria, en Ressu.
Vestida con un suéter negro y unos vaqueros, y con el pelo recogido
en una coleta, podría pasar por típica estudiante de cualquier lugar
de Europa más al norte de Bélgica.
«Todavía no me lo puedo creer»,
explica con tranquilidad. Los resultados han sido una gran sorpresa
para nosotros, los alumnos».Agrada lo bien que se expresa la
adolescente.
Muy probablemente habrá leído algo en
el periódico. Tres de cada cuatro niños finlandeses de 15 años
aseguran leer por placer todos los días y, a diferencia de otros
chavales europeos, prefieren los periódicos, las revistas y los
cómics a las obras de ficción.
Los finlandeses son conocidos por su
modestia y Jenni no puede evitar ruborizarse mientras habla, pero
sigue exponiendo con bastante coherencia las que ella cree que son
las razones del éxito finlandés. «No nos consideramos
superestudiantes. Nos limitamos a hacer los deberes y a estudiar
para los exámenes. Si algún compañero se siente cansado y no tiene
ganas de seguir todos los demás le animamos y tratamos de ayudarle».
En su lúcida candidez, Jenni acaba de
dar una de las claves del sistema. Y es que por encima de los
espectaculares resultados, lo que los expertos de la OCDE y de otros
países han resaltado de las conclusiones del informe es la equidad
del sistema finlandés.La diferencia de puntuación es muy escasa
entre los mejores y los peores alumnos del país nórdico. Y los
resultados de éstos últimos son bastante satisfactorios en relación
con la media de los de la OCDE.
«Uno de los aspectos más importantes
del sistema es que los profesores se aseguran de que ningún alumno
se quede atrasado». Mientras Jenni atiende a las lecciones de su
profesor de Matemáticas en clase, como ella en jersey y vaqueros -es
casi imposible ver una corbata o un vestido en un instituto
finlandés-, Erja Hoven se explaya orgullosa sobre Educación en el
despacho de dirección de Ressu.
«No dividimos a los alumnos entre los
que van mejor y los que necesitan más tiempo», prosigue. «Aquí todo
el mundo es igual.No hay repetidores. No dejamos que ninguno se
quede atrás. Si se nos presenta un problema con algún estudiante, lo
tratamos inmediatamente con los demás profesores, sus padres, el
director del colegio y un psicólogo».
Pero la atención a la diversidad y la
confianza ciega en los sistemas comprensivos frente a los selectivos
-esto es, en los sistemas que no separan a los alumnos en función de
sus capacidades- no son las únicas claves del éxito finlandés.
HASTA LOS LAPICES GRATIS
Todos los días, después de haber
dormido nueve horas, Jenni se levanta algo después de las 6 de la
mañana en su casa de Malminkartano, un suburbio de Helsinki.
Desayuna unas tostadas, se viste y se maquilla ligeramente y coge un
tren que 45 minutos más tarde le deja en el centro de la capital,
donde se encuentra Ressu.
Con 350 alumnos de entre 7 y 16 años,
Ressu es una escuela mediana de las más de 4.300 de Enseñanza Básica
del país. Las hay de hasta 900 alumnos, pero también de nada más que
10 en las zonas rurales. Hasta el 9º curso, el que estudia ella, la
educación es obligatoria en el país báltico.
Hasta hace dos años, Jenni estudió al
lado de casa, en el colegio de Malminkartano, pero en octavo decidió
cambiarse siguiendo a unas amigas que cambiaron de casa y,
consecuentemente, de escuela.Aunque los padres pueden elegir con
casi total libertad el colegio de sus hijos, lo habitual es que
acaben estudiando en el más cercano a casa, en parte porque, como
acaba de demostrar el informe de la OCDE, apenas hay diferencias
entre centros.
Ni en Malminkartano ni en Helsinki
tuvo que pagar nada. La enseñanza obligatoria es absolutamente
gratuita en Finlandia y el Estado paga no sólo los salarios de los
profesores sino todo tipo de material escolar, desde los libros
hasta el último lápiz.
Si el alumno vive a más de cinco
kilómetros, el centro tiene que garantizar su transporte. Además,
todos los alumnos reciben una comida caliente todos los días al
mediodía que garantiza su buena alimentación, una medida que ha
permanecido inalterable desde hace 50 años.
«De esa forma», comenta Hoven, que
además de directora es profesora de Física, «Los alumnos y sus
padres se muestran más receptivos hacia la enseñanza. Incluso hoy
día hay algunos chavales de familias pobres que hacen su única
comida caliente del día en la escuela».
Hoy hay pescado, patatas, ensalada,
leche y pan en Ressu. A menudo, Jenni y sus amigas critican la
comida de la escuela, pero se la comen con hambre.
«La verdad es que no pensamos mucho en
ello», dice la niña, «pero nos damos cuenta de que somos muy
afortunadas por disfrutar de un sistema en el que todo está pagado y
no hay tasas». El Estado financia incluso los escasos colegios
privados que existen. Universidades hay 20 -en un país de cinco
millones de habitantes-, todas ellas públicas.
¿Una carga demasiado onerosa? No del
todo. Finlandia invirtió en 2001 el 5,8% de su PIB en Educación. Es
más que lo que invirtió España (4,9%), pero apenas dos décimas más
que la media de los países desarrollados.
«Los resultados demuestran que el
gasto por alumno tiene cierta relación con el rendimiento, pero no
garantiza unos buenos resultados», explica Andreas Schleicher, jefe
de la División de Análisis de Indicadores Educativos de la OCDE y
uno de los coordinadores del reciente informe. «Austria, Corea,
Finlandia o los Países Bajos han invertido bien su dinero, pero
países que invierten mucho por alumno, como Italia o EEUU han
quedado por debajo de la media». No se trata tanto de gastar más en
Educación (que también) como de gastar mejor.
CUATRO IDIOMAS
«Tenemos unas siete u ocho horas de
clase al día». Jenni aprovecha uno de los descansos de 15 minutos
entre clase y clase para seguir contando cómo pasa un día de
colegio. Desde hace dos años puede elegir algunas de las asignaturas
que quiere estudiar, entre ellas Inglés y Francés. Ha cogido las
dos. Además, estudia sueco obligatoriamente desde 3º. El sueco es la
segunda lengua oficial de Finlandia, el idioma materno de cerca del
6% de la población.
Si quisiera, Jenni podría estudiar una
cuarta lengua extranjera, alemán o ruso. Entre las asignaturas que
también ha dejado de lado, están las manualidades y Economía del
Hogar, pero no ha podido esquivar la Informática.
«Los ordenadores e Internet se han
convertido en herramientas de uso diario en nuestras aulas.
Enseñamos a los niños a manejarlos desde que tienen 7 años, desde el
primer curso», asegura la directora Hoven.
En 1996 las autoridades educativas
pusieron en marcha el programa LUMA, siglas de luonnontieteet ja
matematiikka (Ciencias y Matemáticas, en finés). El objetivo era
mejorar los resultados de los alumnos de todos los niveles en esas
dos asignaturas. Para ello se formó a los profesores, se organizaron
enseñanzas de carácter mucho más práctico y experimental y se
invirtió mucho dinero en modernizar los laboratorios de los colegios
e institutos y en adquirir ordenadores y programas informáticos.
LA PIEDRA ANGULAR
Pero desde el experto Schleicher hasta
el último padre de los 500.000 estudiantes de Enseñanza Básica
finlandeses están convencidos de que la piedra angular del éxito
finlandés son los profesores.Hasta los alumnos lo reconocen.
Jenni: «Se ve enseguida que un profesor está motivado cuando te
anima a estudiar y siempre parece feliz. Ah, y no nos manda muchos
deberes».
Su directora también cree que es la
buena formación de los profesores finlandeses lo que explica los
excelentes resultados. «Aquí los profesores están mejor preparados
que en muchos otros países. Para dar clases se exige una
titulación universitaria de carácter superior. Ser sólo un maestro
de Primaria requiere seis años de carrera en la Universidad»,
enfatiza Hoven, con 21 años de experiencia.
El número total de profesores de
Enseñanza Obligatoria ronda los 40.000. La proporción aproximada de
alumnos por profesor en 2002 era de unos 14, más o menos la misma
que en España y la media de los países desarrollados.
Lo que diferencia a los profesores
finlandeses es que, como apunta el profesor Jouni Välijärvi, de la
Universidad de Jyväskylä -hacia el centro del país- y coordinador
del estudio de la OCDE en Finlandia en 2000, su formación está
dirigida a que, además de perfectos conocedores de la materia que
imparten, sean «auténticos expertos en Pedagogía». De ahí lo extenso
que resulta su paso por la Universidad.
«En la cultura finlandesa, el profesor
es visto como uno de los profesionales más importantes de la
sociedad», continúa Välijärvi; «en consecuencia, se han invertido
muchos recursos en la formación de maestros».
Los profesores, sin embargo, creen que
a pesar de este reconocimiento cobran poco. «Es muy triste que
tengamos unos sueldos tan bajos», se lamenta Hoven. «La paga depende
del tiempo que el profesor lleve trabajando. Uno joven recién
llegado al colegio puede ganar unos 1.600 euros brutos. Con los años
puede llegar a ganar unos 2.400. Todo el mundo opina que es muy
poco».
La OCDE da unas cifras un poco más
altas, algo más de 26.000 euros brutos anuales para un recién
llegado, más o menos el equivalente a la renta per capita del país
(26.478 dólares, en 2002).
A pesar de ello, muchos jóvenes
aspiran a convertirse en profesores.Y ello redunda en la calidad del
sistema. Las universidades que ofrecen titulaciones de profesor sólo
pueden aceptar al 15% de los alumnos que solicitan matricularse cada
año. El 85% restante queda fuera. La selección es brutal y se
garantiza que sólo los más brillantes terminan por acceder a las
facultades.
20 AÑOS DE UNIVERSIDAD
Cuando acaban las clases, Jenni dedica
media hora a hacer los deberes. Después, va a clases de ballet
cuatro días a la semana o sale un rato con sus amigas. Casi nunca ve
la televisión y lo más normal es que a las nueve de la noche ya esté
en la cama.
Si sale con sus amigas no charlan de
chicos o de música pop.O no sólo. Sorprendentemente, pasa buena
parte de su tiempo libre discutiendo sobre los deberes. «Nos
juntamos en el centro comercial y vamos a ver una peli, pero
acabamos tratando de arreglar los deberes o hablando del próximo
examen. Si alguna de nosotras no ha tenido tiempo de estudiar
suficiente o hay algo que no entiende, las demás se lo explicamos.
Cuidamos una de otra».
La chica está muy motivada con sus
estudios porque tiene bastante claro lo que quiere. Como la mayoría
de sus amigos, el otoño que viene seguirá estudiando. Empezará los
tres años de Educación Secundaria Superior, la etapa en que la
escolarización deja de ser obligatoria en Finlandia.
Se graduará con 19 años y tratará de
acceder a la Universidad.El 71% de estudiantes finlandeses llega a
la Universidad. Desde hace años sueña con estudiar Medicina. «Me
gustaría ser doctora, ayudar a la gente».
Tanto la Secundaria Superior como la
Universidad son gratuitas en Finlandia. Si aprueba los exámenes de
acceso uno puede estudiar durante 20 años si le da la gana, aunque
la mayoría de universitarios no pasan más de siete (tampoco menos de
cinco).
Otro de los descansos entre clases
está a punto de acabar. Con briosa energía, Jenni coge su mochila y
revisa una vez más si le han mandado algún mensaje al móvil. Le toca
volver a clase en el sistema educativo más eficaz del mundo.
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JENNI SINKONEN
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Tiene 15 años y estudia 9º
curso, el último de la Enseñanza Obligatoria del sistema
finlandés, en el colegio Ressu de Helsinki.l
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Cuando acabe este curso
habrá sobrellevado una carga lectiva de 6.126 horas de
clase desde los siete años.
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Al final de su periodo de
escolarización obligatoria el Estado finalndés habrá
invertido en su formación 40.866 euros.
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Se graduará de Secundaria
Superior con 19 años y estudiará Medicina. El 71% de
alumnos finlandeses acaba ingresando en la Universidad.
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Pasa unas siete horas en
clase y necesita alrededor de media hora diaria para
hacer sus deberes.
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Además de su lengua natal
estudia sueco, inglés y francés. Tiene además la
posibilidad de estudiar un cuarto idioma, alemán o ruso.
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Fuera de horas lectivas
practica ballet cuatro días a la semana.
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ELENA BARTOLOMÉ
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Tiene 15 años y estudia 4º
de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), el último de
escolarización forzosa del sistema español en el
Instituto Juan de Mairena de San Sebastián de los Reyes
(Madrid).
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Cuando acabe este curso
habrá sobrellevado una carga lectiva de 7.731 horas de
clase desde los siete años.
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Al final de su
escolarización obligatoria el Estado español habrá
invertido en ella 35.155 euros.
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Se graduará de
Bachillerato con 17 años y estudiará Periodismo. El 50%
de alumnos españoles acaba ingresando en la Universidad
(un 19% más realiza otro tipo de estudios superiores.
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Pasa unas siete horas en
clase y necesita hasta dos horas diarias para hacer sus
deberes.
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Además de su lengua natal
estudia inglés y francés como optativa.
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Fuera de horas lectivas
estudia inglés y practica aerobic.
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ERJA HOVEN
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Tiene 47 años (21 de
profesora). Enseña Física y es directora del colegio
Ressu de Helsinki.
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Imparte clases a grupos de
entre 21 y 26 alumnos.
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Cobra aproximadamente
3.400 euros (brutos).Según la OCDE, el salario en
Finlandia de un profesor de Secundaria es de 30.575
euros anuales al empezar, 36.625 euros tras 15 años y
38.325 euros al final de su carrera.
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El 71,4% de profesores de
Secundaria Obligatoria son mujeres frente al 46% en la
Enseñanza Superior.
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Una demanda: «Es muy
triste que tengamos unos sueldos tan bajos. Todo el
mundo opina que ganamos muy poco».
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ANGELES GONZALEZ
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Tiene 46 años (22 de
profesora). Enseña Biología y Geología en el Instituto
Juan de Mairena de San Sebastián de los Reyes (Madrid).
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Imparte clases a grupos de
entre 17 y 25 alumnos.
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Cobra aproximadamente
1.800 euros. Según la OCDE, el salario en España de un
profesor de Secundaria es de 23.562 euros anuales al
empezar, 27.580 euros tras 15 años y 34.322 euros al
final de su carrera.
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El 59,8% de profesores de
ESO son mujeres frente al 35,2% en la Enseñanza
Superior.
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Una demanda: «Los
profesores estamos hartos de leyes de Educación.
Queremos un pacto de Estado que siente las base de qué y
cómo tenemos que hacer consensuado por todos los
sectores sociales».
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