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El reloj se ha puesto a
andar y marcará la hora en septiembre. Cuando haya que pagar
las matriculas de los hijos y el desempleo sea
insoportable... |
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La
brecha entre la sociedad y sus
representantes es poliédrica. Pérdida de
soberanía: los representantes carecen de
autonomía se limitan a interpretar, en el
mejor de los casos, los mandatos de la Unión
Europea y en FMI. Han incumplido los
compromisos electorales hasta llegar a
realizar lo contrario de lo que prometieron.
Prescinden de los ciudadanos para imponer lo
que les perjudica a estos. La casta de los
elegidos se ha desprendido se su relación
con la sociedad.
Primera pregunta: ¿Merece la pena
pertenecer a un club que nos obliga a
financiarnos al 7 por ciento y que solo
presta dinero para inyectarlo en la Banca,
que es uno de los principales causantes de
la crisis?
Segunda pregunta: ¿Qué obligación
tienen los ciudadanos de aceptar unos
recortes que no han sido pactados con ellos?
Tercera cuestión: la rebelión y la
insumisión es legítima contra la ruptura del
pacto democrático que vincula a sus
ciudadanos con sus representantes.
A lo que se nos obliga es a aceptar que se
mantengan los privilegios de los que más
tienen y se destruya la vida de la mayoría
de los ciudadanos. Ni siquiera hay
compromisos de futuro para cuando se
produzca el crecimiento. Y, ¿qué será el
crecimiento? La eclosión de quienes dominan
los medios financieros y volver a empezar
desde posiciones de pobreza al resto de los
ciudadanos en un ciclo del capitalismo que
es ya insoportable.
No hay otra opción que el rechazo activo de
una política que no conduce a ninguna parte,
que imposibilita el crecimiento económico
para retroceder décadas en el tiempo.
Los dos grandes partidos son cómplices por
acción y omisión y están perdiendo todo
arraigo en la población. La dialéctica ya no
es entre derecha e izquierda, sino entre una
minoría de poderosos con la complicidad de
las instituciones y la clase media y los más
pobres, unidos ahora en la destrucción de su
sistema de vida. No hay liderazgos
políticos. La democracia se está
desvaneciendo.
Si la rebelión política no la encabezan
partidos y sindicatos, el desbordamiento
dará cuenta de la destrucción de la
democracia con la eclosión de radicalismos y
populismos. El reloj se ha puesto a andar
y marcará la hora en septiembre. Cuando haya
que pagar las matriculas de los hijos y el
desempleo sea insoportable desde los
parámetros a los que les obligan estos
recortes.
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Carlos
Carnicero
Periodista |