Una de las
frases entonadas con frecuencia por este
gobierno del Partido Popular que busca
reducir el sector público a su mínima
expresión a favor del privado es la que dice
“hay que recortar el gasto público que
supone la administración por que como Estado
no nos lo podemos permitir”.
Los números
desmienten claramente la falacia de lo que
se pretende generalizar, acerca de que la
administración compuesta por el cuerpo de
funcionarios argumentando que es un cuerpo
sobredimensionado y poco trabajador. España
en personal al servicio de la
administración, esta en la mitad de la tabla
ocupando el puesto 16 de la UE, donde además
el 40% del personal no tiene plaza en
propiedad. Del total de funcionarios el 43%
atienden servicios esenciales como son
Sanidad y Educación.
España no
es un país de funcionarios como se
quiere difundir (1 funcionario por cada 17
habitantes), pues hay 2,5 millones de
funcionarios en un país de 46 millones, lo
que supone un 5,5% de la población y el 14%
de la población activa de 17,4 millones (EPA
abril 2012). Nos supera de largo
Suecia con 12,3% de la población y 1
funcionario/a cada ocho habitantes,
Finlandia, Letonia y Malta con un 9% de
la población y 1 funcionario por cada 9
habitantes, Bélgica y Francia,
ambos con 12 funcionarios por habitante;
incluso nos supera Irlanda y
Portugal con 13 habitantes por cada
empleado público, al que se suma Países
Bajos con 16 habitantes por cada empleado
público. En el vagón de cola se sitúan
países como son República Checa, con 1
funcionario por cada centenar de habitantes,
Rumania, con 1 para cada 127, y Eslovaquia,
con 135.
Por otra parte
hay un ruido de fondo que confunde
interesadamente el concepto de funcionarios
con el de empleados públicos de modo que
suma todos y los adscribe a un cuerpo para
intentar demostrar falsamente un exceso de
empleados al servicio de las tres
administraciones (General, Autonómica y
Local). Según el Estatuto Básico del
Empleado Público de 2007, los empleados
públicos pueden ser funcionarios de carrera,
interinos, personal laboral y personal
eventual o de confianza.
Los
denominados funcionarios de carrera con
plaza en propiedad suponen un total
1.596.916, como personal laboral trabajan
686.951 y como personal eventual o de
confianza, así como funcionarios interinos
(sin plaza) que son nombrados por necesidad
de servicio, suman 375.143 personas. Es
decir, estamos ante un 40% de servidores
públicos sin plaza fija.
Las brutales
reducciones en las ofertas de empleo público
solamente en la red estatal, sin tener en
cuenta las CCAA han sido del 92%, pasando de
35.895 a 2.791 empleos ofertados. Esto tiene
como consecuencia directa el aumento de la
temporalidad hasta el 8% en el marco
estatal, casi el 11% en el ámbito autonómico
y del 20% en la administración local. Acerca
del tópico del absentismo laboral, lo
cierto es que a pesar de no haber
estadística oficial, diferentes estudios
puntuales apuntan hacia niveles similares a
las grandes empresas. Contrariamente a la
errónea idea extendida de impunidad, lo
cierto es que hay un sistema disciplinario
regulado que establece sanciones leves,
graves y muy graves con consecuencias
directas desde la suspensión de empleo y
sueldo hasta el demérito y separación del
cuerpo (despido de funcionarios de carrera).
Acerca de las
retribuciones, se puede decir que los
empleados públicos no son precisamente los
ricos de este país. Los sueldos, que son de
conocimiento público y además están
regulados oscilan entre los 1.000 y 3.000
euros (los más altos y en menor número). El
salario se compone de unas retribuciones
básicas (sueldo base, más trienios y pagas
extra, mas una serie de complementos
(destino, de productividad, formación,
específico de puesto…). Respecto a la
distribución de las/os empleados públicos,
es claro que en un país donde el Estado ha
transferido gran parte de la competencias a
las Autonomías, el peso recae a favor de
estas últimas.
El 50, 6 %
trabajan en las CCAA, el 21,9 % en la
administración Estatal, el 23, 6 % en la
Administración Local y el 3,9% en las
diferentes universidades públicas.
Curiosamente en aquellas comunidades con
mayor tejido productivo e industrial, es
donde se baja más la inversión en la
administración pública y donde se podría
incrementar. Por el contrario se están
aplicando todo un “indigesto menú de
recortes”, como Cataluña, Comunidad
Valenciana, Navarra o País Vasco. En Madrid
donde trabajan gran parte de los empleados
de la Administración central más los propios
de la Comunidad Autónoma también se aplica
idéntica receta. Salvo la excepción de
Madrid, por la razón citada, la distribución
de los funcionarios por Comunidades se
corresponde con su peso demográfico.
Lo que en
realidad esconde este argumento de falsa
hipertrofia, es el deseo reducir aún más el
sector público. Un sector al que se quiere
etiquetar de “insostenible”, disminuyendo
todavía más los escasos recursos que
recoge el Estado con el fin de privatizar
los servicios públicos del Estado del
Bienestar. Servicios tales como las
pensiones, la sanidad, la educación o los
servicios domiciliarios. En la misma línea
argumental esgrimida por los defensores de
los recortes en inversiones públicas
sociales, se sitúa el decir “que éstos son
inevitables y necesarios” (“las denominadas
reformas que hay que hacer o profundizar”).
Dicen que como
consecuencia de la presión de los
mercados-siempre hay que calmarlos, nunca
tienen suficiente y nada les preocupa el
bienestar social-hay que equilibrar las
cuentas del Estado y ello exige los
recortes de la partida pública, incluyendo
la parte pública social. Esto constituye un
axioma y es sobre todo postura ideológica.
Es un hecho que además, se ha ido
reproduciendo en los medios de información y
comunicación mayoritarios (evidentemente
tienen accionistas como las agencias de
calificación), de manera tal que se ha
convertido en la receta convencional del
país, garantizando de esa forma que haya una
“única política económica posible”).
Política que
hace poco cuenta con una ayuda poderosa a
través del aval Constitucional a los
mercados, que ha supuesto la reforma del
artículo 135 y la rendición a la troika
comunitaria con las medidas adoptadas ayer
en la UE.
Estas medidas
vinculan el rescate bancario de los
responsables directos de la crisis con los
recortes, como condición macroeconómica
1000 veces negada por el ejecutivo del Sr.
Rajoy, que tiene claro la opción a favor del
mercado sin condiciones ni consideraciones
por el precio a pagar por los que no han
provocado este desastre: el 99% de la
población.