Por fin ha
llegado la ansiada recesión, que al parecer
nadie quería, pero hemos logrado provocarla
con tesón y gran esfuerzo. El Banco de
España confirma los malos augurios de las
agencias extranjeras. Habrá que creérselos y
hacer otras cuentas.
Al anticipo,
hace unos días, del flamante ministro de
Hacienda, Montoro, sobre la dificultad de
mantener este año el déficit del 4,4%
-irrenunciable objetivo, según Rajoy-, a la
previsión de Standard & Poor’s (S&P) de una
caída del PIB en torno al 2% y al pronóstico
del FMI sobre la negativa evolución de la
Unión Europea, en particular la economía
española, que entrará en recesión hasta 2013
y terminará el año con un déficit del 6%, se
acaba de sumar el Banco de España anunciando
una caída del 1,5% del PIB en 2012, que,
entre otros efectos, producirá medio millón
de parados más.
El panorama
para los próximos años produce pavor, pero
no sorpresa, pues hemos estado trabajando
con denuedo para llegar a ese escenario, con
lo cual el objetivo tenazmente perseguido
desde mayo de 2010, se ha alcanzado.
Un popular
refrán castellano nos asegura que el que la
sigue, la consigue; otro dice que el que
siembra vientos recoge tempestades y un
tercero afirma que ciertos polvos producen
inevitables lodos. De manera menos castiza
Weber dejó dicho que la racionalidad
instrumental residía en la concordancia
entre los fines perseguidos y los medios
aplicados para alcanzarlos, dejando de lado
las consideraciones sobre los fines. Y eso
hemos hecho.
Siguiendo las
instrucciones de los expertos de la Unión
Europea, que siguen a los expertos del
gobierno alemán y del Banco Central Europeo,
los expertos españoles han aplicado las
instrucciones recibidas. Y con la
intervención de tantos expertos hemos
obtenido los resultados previstos, pero aún
no basta. Los expertos, iluminados por la
ensoñación pangermánica de doña Ángela
Merkel, insisten en recetar la misma
medicina a enfermos moribundos de tanto
probarla, pues son varios los países en
similar situación, como venía a indicar una
rebaja en la calificación de la deuda a
nueve países, entre ellos España, efectuada
por S&P a mediados de este mes.
En la
disyuntiva de salvar el euro como moneda
fuerte frente al dólar, o salvar el Estado
del bienestar, se opta por identificar
Europa con el euro y se decide salvar la
cotización de la moneda a costa de depreciar
las condiciones de vida de la población más
desfavorecida de la Unión Europea. Y
desde Bruselas se piden nuevos sacrificios a
las mismas clases sociales que vienen
soportando la pérdida del empleo, la
restricción del crédito, la pérdida de poder
adquisitivo, la subida de impuestos, la
depreciación salarial y de las pensiones,
los recortes en asistencia social, en
sanidad, en educación y la pérdida de bienes
públicos a través de las privatizaciones.
A los mismos que con igual velocidad pierden
dinero y empleo, casa y ahorros, garantías y
derechos, y ganan en rabia, desesperación y
desconfianza.
No había otra
alternativa, según Zapatero; nos lo imponen,
según Rajoy; ambos tan obedientes y tan
faltos de imaginación, o tan respetuosos con
el desorden económico establecido. Pero
se pueden hacer otras cosas, o por lo menos
intentar hacerlas, para aumentar los
ingresos del Estado. Y no hay que buscar
muy lejos. Ahí está pendiente un impuesto
sobre las transacciones financieras
especulativas; la reforma del sistema
financiero, pues el crédito sigue sin
llegar a las empresas y los bancos conservan
sus activos ficticios, enjugando pérdidas
privadas con fondos públicos y especulando
contra la deuda del Estado; y sigue
pendiente un gravamen sobre las grandes
fortunas y la persecución, con
ganas, del fraude fiscal y la
economía sumergida, y la erradicación de
los paraísos fiscales y la abolición
de los paraísos fiscales interiores, o la
supresión de la financiación de la
Iglesia católica, que es un dispendio
innecesario. Y sigue estando pendiente que
la justicia actúe con prontitud y
ejemplaridad sobre defraudadores, corruptos,
mangantes y, si es posible, sobre
dilapidadores de dinero público. Todo eso
ayudaría a sumar ingresos a la hora de hacer
balance, porque hasta ahora, actuando sólo
contra los mismos bolsillos, las cuentas no
cuadran.
It’s maths!
Dice Obama a los suyos. It’s maths, Mariano.
Hay que regalar una calculadora a frau
Angela Merkel, y que sea en euros, porque
parece que sigue calculando en marcos.