STEs Castilla y León Opinión

Opinión

11/11/2011

 

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Rafael Fernando Navarro

María Dolores Amorós

Voto reflexivo

¿Abstención, voto nulo o voto en blanco?

La democracia es un sistema de responsabilidad compartida. Todos debemos contribuir a su caminar porque todos somos cooperantes de su plenitud. Desentenderse de la aportación del propio esfuerzo para delegarlo en los políticos es un error que pagamos muy caro. La democracia soy yo, y tú y tú. Nunca fue un regalo. Entre todos la trajimos a este mundo y todos debemos acunarla, siempre recién nacida, hacia la cúspide. En el fondo la democracia es amor, preocupación por el bienestar del otro, esfuerzo solidario para que la comunidad en su conjunto viva en libertad, en justicia distributiva y en derechos igualitarios. Es aquello de igualdad, libertad, fraternidad.

Están próximas unas elecciones generales. Los cuatro últimos años del partido en el gobierno le han llevado a una derechización indiscutible. Serán los mercados, Merkel, Sarkozy o la estafa creada por los poderosos de la tierra. Los pobres siguen siendo inocentes, aunque a ellos se les carguen, como siempre, las consecuencias. La historia marcha sobre sus hombros. Encima van las multinacionales acaparadoras de los alimentos básicos, los bancos, usureros de gomina y jet privado, los explotadores que construyen sus propias pirámides. Muchos atribuyen a los empresarios la creación de riqueza cuando en realidad son los trabajadores los que la producen. El empresario no es el que da de comer a veinte familias, sino que son veinte familias las que permiten el lujo del empresario para el que trabajan. La partícula “para” es muy significativa. Y mientras el capitalismo no subvierta el orden seguiremos viendo cómo todos trabajamos en beneficio de unos pocos.

Hubo elecciones en Mayo. En ningún programa figuraba desguazar la educación, la sanidad, los servicios sociales. Cuatro meses después, emerge la privatización de todos ellos. Cuando se privatiza un servicio, se convierte conscientemente en un negocio con la consiguiente pérdida de derechos y su falta de calidad. Se han despedido profesores, se cierran centros de urgencia y ambulatorios, se pide a los facultativos que frenen los ingresos de pacientes y que se den altas en el mínimo tiempo posible, se deja de pagar a las farmacias, se suprimen sindicalistas liberados, se ignora a los dependientes, se donan terrenos y aportan fondos públicos a confesiones religiosas que imponen un retraso mental (sí, retraso mental) por anti histórico a sus alumnos. Piénsese en Comunión y Liberación (Lucía Figar), en los Legionarios de Cristo (una denominación anticristiana si paliativos) en el Opus, modelo de un clasismo descatalogado, etc. Estas elecciones han tirado abajo derechos que han costado muchos esfuerzos conseguirlos. ¿Votaríamos hoy, ante la evidencia de los resultados, lo que votamos en Mayo?

A nadie asusto con la llegada de la derecha al poder. Pero urge pensar, reflexionar y sacar conclusiones. Los políticos son un problema para la ciudadanía. Lo dicen las encuestas. Es cierto que no despejan con su acción la situación que vivimos. Pero que nadie se escude en ellos porque todos somos responsables, por nuestra propia desidia en contribuir con esfuerzo que se nos exige. Hay que repetirlo: la democracia es el resultado de la aportación de todos. Y además, que nadie saque la conclusión de que todos los políticos son iguales. Si así fuera, deberíamos abolir los partidos y clamar por una dictadura que nos imponga por las armas lo que debemos hacer y nos relevara de la responsabilidad d sentirnos hacedores de nuestro futuro. Desanima oír esta afirmación con frecuencia. No es así en absoluto. Unos nos meten en una guerra ilegal y otros nos sacan de ella. Que cada cual recapacite sobre diferencias.

No se trata de pedir el voto para la izquierda, despreciando la legitimidad de la derecha. Más bien se trata de que cada uno reflexione su voto seriamente para no tener que arrepentirse inmediatamente después de las elecciones de lo sembrado en las urnas.

La democracia somos todos. La libertad es una oferta interior que nos interpela. Sólo falta que la amemos con la profundidad que sólo el amor sabe para convertirla en la amante enamorada de la soledad que somos.

Apenas quedan quince días para el 20-N, día de las Elecciones Generales que determinarán la nueva composición de las Cortes españolas.

En las conversaciones diarias se oye constantemente el descontento de mucha gente hasta el punto de algunos afirman ya que no van a ir a votar, otros dicen que votarán en blanco y algunos que su voto en las urnas será el pintarrajeo de alguna papeleta; o sea, nulo.

Sin entrar en los motivos de cada cual, cierto es que hay una clara diferencia entre una opción u otra.

Los que todavía hemos vivido bajo la dictadura de Franco, la hemos padecido y hemos entregado ilusión y tiempo por conseguir la democracia pienso que una gran mayoría de nosotros pensamos que ir a votar es absolutamente necesario y coherente con nuestro compromiso democrático.

Por ello, desde este lugar instamos a que acudan a depositar en las urnas su opción por cualquiera de los partidos que optan legítimamente a representarnos en el Parlamento.

Pero cabe la posibilidad de que ninguna de las alternativas cumple con nuestros deseos. Bien porque no nos gusta esta Ley Electoral. Bien porque no existen listas abiertas, bien porque nadie despierta nuestro entusiasmo, bien porque de antemano se sabe ya quién es el ganador, etc.

En este caso, ¿votamos en blanco o convertimos nuestro voto en nulo? Para contabilizar los votos que cada opción política ha conseguido y que se traducen en parlamentarios, se contabilizan la totalidad de votos emitidos excepto los nulos.

Es decir, los votos en blanco Sí forman parte del cómputo total, mientras que los nulos No.

Siguiendo la Ley d'Hont, un partido debe obtener el 3% del total de los votos computados para que se le asigne un representante. De no alcanzar este 3%, no obtendrá ninguna representación parlamentaria. Por lo tanto, los partidos mayoritarios tienen siempre las de ganar con los votos en blanco.

Mientras que es más difícil para un partido pequeño obtener un parlamentario, pues debe conseguir que sus votos alcancen este 3% de la totalidad de los votos emitidos. Y los votos en blanco cuentan para el cómputo total.

Si se está en contra del bipartidismo y se desea que partidos más pequeños puedan llegar al Congreso no debemos votar en blanco. Es un gravísimo perjuicio para la pluralidad representativa.

Reitero: el voto nulo no se cuenta en el cómputo total de votos emitidos. Este tipo de voto se desecha, no sirve para nada. Pero con el voto en blanco podemos perjudicar y muy seriamente a los partidos pequeños y que tienen todo el derecho a estar representados y defender las ideas de sus votantes.

 

María Dolores Amorós | Catedrática Lengua Española

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