STEs Castilla y León Opinión

Un nuevo profesor

25/10/2011

 

Tribuna.- Manuel Arias Blanco. profesor jubilado de secundaria

http://goo.gl/CLE3n

Se trata de formar alumnos con opinión propia, con gran capacidad de amoldarse a las innovaciones y sin miedo a tomar decisiones... ha de ser fuerte en expresión y opinión propia...



Es cierto que la enseñanza no avanza como debiera, esto es, no se adecua a las circunstancias con tanta velocidad como lo exige la realidad. Por muchas razones. Entre ellas pesa la rigidez de los programas y los mínimos exigibles a los variados niveles de enseñanza. También pesa mucho la no fácil versatilidad de los profesores. No todos asimilan fácilmente los cambios, sea por ideología o por tradición. Quizá todos tengan sus razones de peso. Lo cierto es que estamos en un tiempo excesivamente tecnológico. Es bueno adecuarse a los nuevos métodos, porque las nuevas tecnologías lo llenan todo. No es hora de cerrar los ojos o de mirar para otro lado, sino de observar y atinar con los nuevos caminos. Ni mejores ni peores que los anteriores, simplemente distintos, novedosos, atentos a la realidad. Nadie es ajeno ya a la pizarra digital, por citar un medio al alcance de cualquier alumno medianamente inmerso en una escuela moderna.

Estas novedades no deben alejarnos de enseñar obviedades para afrontar los retos que se nos vienen encima: debatir, opinar, redactar, expresarse oralmente... Un alumno preparado ha de saber como enfrentarse a los diversos problemas que surjan a diario. Ahí debe estar la escuela como educadora principal. Si bien los conocimientos nos invaden a través sobre todo de Internet, alguien ha de estar alerta para que nos ayude a discernir lo mejor entre tanto barullo. Se trata de formar alumnos con opinión propia, capaces de salir airosos ante situaciones insólitas, con gran capacidad de amoldarse a las innovaciones y sin miedo a tomar decisiones. El alumno moderno ha de ser fuerte en expresión y opinión propia y para ello ha de formarse amplia y adecuadamente.

Si al alumno le exigimos estas condiciones, lo mismo sucede con el profesor, el verdadero artifice de esta formación. Posiblemente el profesor de antes tenga aun gran valor, porque no se trata de echar por tierra lo hecho hasta ahora. El buen profesor no es de antes ni de ahora. Lo ideal sera combinar las formas de antes y las de ahora. No es bueno aferrarse al mero libro de texto, por muy bueno que sea. Siempre se puede dar un paso adelante y combinar lo bueno de antes con lo bueno de ahora. El profesor ha de ensenar a investigar y a cotejar distintas fuentes y ha de encauzar al alumno hacia la riqueza de fuentes que nos invaden por todas las partes.

Quizá en parte la motivación de muchos alumnos falle por esa inadecuación con los modos de ahora. Ven al profesor tan distante de la realidad que no les dice nada, que sin querer se alejan de sus enseñanzas. Por eso, conviene no perder de vista la realidad, al tiempo que recogemos del pasado lo mejor. Tradición e innovación pueden ser las mejores armas para caminar seguro por la senda difícil de la educación actual.

Eso no quita que los alumnos han de llegar de casa educados y receptivos a cuanto les depare la enseñanza en vigor. Compete a las autoridades formar a los nuevos profesores, concienciarles para que se adecuen a las nuevas formas y propiciar las herramientas mínimas de aprendizaje. El proceso de enseñanza/aprendizaje es algo que se hace en común y requiere por ambas partes compromiso. De nada vale que solo un agente se comprometa. Profesor y alumno han de ir de la mano y solo así se puede llegar a buen puerto. El profesor ha de observar el ritmo de vida que lleva el alumno para que partiendo de ahí pueda ir metiendo baza, sin que suponga una suplantación de su personalidad. Pero el proceso ha de ser compartido desde una mutua comprensión.

Al profesor le toca enseñar. Esa es la tarea mas importante y la más adecuada a su preparación. Se ha preparado para eso, para impartir esa enseñanza en alumnos interesados. No quita que de vez en cuando sea capaz de «educar». No sólo con el ejemplo, sino con algún consejo o máxima. Pero lo que mas domina es la materia que ha estudiado y que ha de transmitir a otros. Ademas, el profesor ha de buscar los medios para que esa enseñanza vaya bien encauzada. Aquí vienen a cuento las nuevas tecnologías. Y esto es incumbencia del profesor. No debe aferrarse a métodos anticuados porque eso era lo que predominaba, sino que ha de mirar otras maneras de llegar al mismo sitio. Sin despreciar lo anterior, ha de dar un paso adelante y variar las formas que le lleven al aula. En eso consiste la argucia del profesor atento. A veces, las formas pueden echar por tierra una buena enseñanza. Ni todo lo nuevo es lo fetén, ni lo antiguo debe ser olvidado. Depende. El nuevo profesor, tal vez mas didáctico, ha de buscar los caminos que le lleven al final, sin renunciar en ningún caso a su verdadera tarea: enseñar, transmitir su enseñanza en la mente del alumno, para que el mismo alumno, después de un proceso propio, elabore su conocimiento. Y aprenda. Aprenda cosas y aprenda a desenvolverse en la vida. Y madure.

Es cierto que hay presencias que bastan para encauzar a un grupo. Hay profesores que dominan las tablas y sin querer se dejan escuchar. Pero la mayoría se han de ganar el crédito día a día, hora a hora. Y lo mejor es mirar al alumno y a su entorno. Y tratar de conjugar esas dos variables: alumno y entorno. Con ellas, un profesor atento seguro que saldrá airoso de cualquier lance y sera capaz de ensenar esa ciencia que germinara en el alumno. Ese es el camino del nuevo profesor.

Manuel Arias Blanco
Profesor jubilado de secundaria

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