STEs Castilla y León Opinión

Números y cifras

23/10/2011

 

Tribuna.-LOS CUATRO CANTONES.- Julián Alonso. Escritor y poeta palentino

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«Surgen movimientos ilusionantes como el 15-M, pero los mecanismos de control funcionan de maravilla para que nada cambie»


CUANDO comenzó esta crisis en la que andamos inmersos, a uno, que a pesar de los años sigue siendo un ingenuo, las declaraciones a boca llena de quienes dirigían entonces el cotarro político -casi todos siguen siendo los mismos-, el anuncio de la refundación del capitalismo le sonó a música celestial.

Por fin -me dije-, ahora que las ideologías dominantes se han diluido en facciones agrupadas por simpatía y que nadie defiende lo que afirma defender, que la izquierda se constituye en valedora de las oligarquías y la derecha llama a la rebelión proletaria, quizás haya llegado el momento en que, universalmente consensuada, se imponga la justicia social y una razonable redistribución de la riqueza.

En resumen, ya veía asomar las torres de Jauja y el cerro de Potosí por el horizonte. Las anheladas utopías de la humanidad podían comenzar a hacerse posibles. Se terminaría el egoísmo, la codicia, la explotación salvaje de personas y recursos, el afán de enriquecimiento a cualquier precio y todo sería una inmensa fraternidad universal.

Tonterías. No necesité ni frotarme los ojos para saber que no estaba soñando, porque la cruda realidad se volvió a manifestar muy pronto. Las ayudas de los gobiernos se encaminaron desde el primer momento a apuntalar a los principales causantes de la crisis: bancos y demás especuladores, en tanto los ciudadanos y las pequeñas empresas nos convertíamos, como por arte de magia, en números y cifras a mayor gloria de la macroeconomía y la globalización, en porcentajes al alza o a la baja de los mercados financieros, en mercancías, por decir con claridad lo que en el fondo somos para quienes manejan los hilos de la sociedad y que no son precisamente los políticos, aunque a veces hasta ellos mismos aparenten creerlo.

Y no se volvió a hablar de refundación del capitalismo, sino de 'sálvese quien pueda' en una especie de huida hacia delante en la que los practicantes de la rapiña multiplicaban, gracias a su crisis, los beneficios y el común de los mortales, o sea nosotros, que cada vez somos más cifras y menos personas, conforme dictan las leyes del mercado.

Los políticos, por su parte, mostrando cada vez más a las claras sus hilos de marioneta. Los sindicatos, entre tanto, mostrando su falta de credibilidad e iniciativa, su abono gregario a las subvenciones y migajas del poder, mientras los parados son, más que nunca, tantos por ciento sin alma de la masa laboral; los funcionarios, chivos expiatorios en los que recortar constantemente derechos y salarios, con el aplauso demagógico de casi toda la opinión pública; los trabajadores, cada vez más proletarizados, mercancía barata y sumisa, sin capacidad reivindicativa; la sociedad en su conjunto, números y cifras que, combinadas con la materia prima y la productividad, siguen enriqueciendo a los de siempre -unos pocos- a costa de los de siempre -la inmensa mayoría-, que hemos perdido casi toda capacidad de reacción y nos debatimos entre el miedo a que la cosa empeore, la confusión entre lo que vemos y lo que creemos ver y la impotencia frente a tanto abuso.

Cierto que, como la voz que clama en el desierto, por casi todo el mundo surgen movimientos contestatarios como nuestro ilusionante 15-M o el más global 15-O, pero los mecanismos de control funcionan de maravilla para que nada cambie y domesticar cualquier intento de salirse de los cauces establecidos. De modo que, la mayoría de esos movimientos, si no son sometidos a sangre y fuego cuando las cosas se ponen feas para los de arriba (Siria, Yemen&hellip), dinamitados desde dentro (Italia) o abusivamente reprimidos cuando a quien puede ordenarlo le entra un repentino ataque de autoridad porque se ha ganado una Champions, viene el Papa o cualquier otro evento de masas (España), terminan -ojalá me equivoque- agotándose en sí mismos, en una especie de utopía naif o en happenings que tienen su efímero reflejo en los medios de comunicación, para terminar apagándose como la llama de una cerilla, que alumbró a todos mientras duró.

Sería una pena, porque ahí está el germen del cambio necesario, pero el control está tan extendido, que hasta las protestas más lúcidas se canalizan y terminan siendo controladas a mayor beneficio de los mismos depredadores, mientras la pescadilla se sigue mordiendo la cola en el eterno círculo compuesto por la prima de riesgo, la deuda soberana, el porcentaje de beneficio, las cifras de rescate, la inflación y la suspensión de pagos.

Ningún gobierno se libra de esa dictadura global y, cuando parece que la cosa comienza a ir bien, aparecen los dioses Moody's, Standard & Poor's y su corte celestial de agencias, para que todos los políticos les rindan pleitesía y adoración. El círculo se cierra otra vez y de nuevo volvemos a empezar, cada vez más rehenes de un sistema capitalista que, cuando comenzó todo este baile prometieron refundar y a fe que lo hicieron, pero no para cuestionar lo que tiene de injusto, sino para potenciar esas injusticias, apuntalarlo y fortalecerlo en el sentido más inhumano y salvaje de la palabra.

¿Qué vamos a sacar finalmente de todo esto?. Confieso que soy cada vez más pesimista y en el horizonte solamente veo apatía, miedo, conformismo, decepción, obediencia, humillación, miseria, enriquecimiento obsceno de unos pocos a costa de casi todos, sensaciones que nos harán menos humanos y nos irán convirtiendo en lo que ya se nos considera por quienes manejan los hilos de la economía, que es como decir todos los hilos: números y cifras.

Julián Alonso

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