STEs Castilla y León Opinión

Reflexión desde la indignación / Desobediencia

22/05/2011

 

IOpinión.- Javier Ramos Gómez  / Álvaro Caballero

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Los 'indignados'  protestan contra un sistema desgastado, que fomenta el bipartidismo y que enriquece a unos pocos mientras arruina a la mayoría.

... hartos de verse arrastrados ... conscientes de que serán la primera generación que vivirá peor que sus padres.


Sábado 21 de mayo. Jornada de reflexión en prácticamente toda España y jornada de acampada para miles de jóvenes (y no tan jóvenes) en decenas de ciudades del país. Los 'indignados', como se hace llamar este movimiento surgido al calor de las redes sociales el 15 de mayo, protestan contra un sistema desgastado, que fomenta el bipartidismo y que enriquece a unos pocos mientras arruina a la mayoría. Ni siquiera la decisión de la Junta Electoral Central de prohibir las concentraciones les ha obligado a marcharse e incluso ha provocado, gracias también a la llegada del fin de semana, un efecto llamada para más ciudadanos, hartos ya de la clase política.

Nunca he entendido por qué al día previo a las elecciones lo llaman "jornada de reflexión". ¿Se puede reflexionar en un día lo que no se ha reflexionado en cuatro años? Los que a estas alturas no tengan decidido el voto no lo tendrán decidido mañana y o bien pasarán de votar, o bien votarán en blanco, o en el peor de los casos acabarán introduciendo en las urnas lo mismo que votaron la otra vez sin darle más vueltas y conformándose con lo que les echen.

Sin embargo, la reacción de los últimos días contra unos dirigentes incapaces de hacer nada por frenar la crisis, una oposición que en vez de proponer se dedica a insultar y a gastarse el dinero público en trajes y otros lujos y unos bancos que siguen haciéndose de oro mientras la gente corriente está en el paro debería hacernos reflexionar a todos, especialmente a aquéllos hacia los que se dirigen las críticas.

Pero algunos ni por esas. Unos, que tienen tanta culpa como los que gobiernan en esto de la crisis, siguen viendo manos negras detrás de las concentraciones, como les ocurrió después de los tristes acontecimientos del 11-M. Has pasado siete años y no aprenden. Otros, por su parte, miran con recelo la situación, conscientes de que probablemente muchos de los que ahora les tiran los trastos a la cara fueron los que les auparon al poder en 2004.

Es probable que la influencia de este movimiento en los comicios de mañana sea mínima, y más en Castilla y León, donde cada vez hay menos jóvenes con inquietudes y más ancianos acomodados en el sistema. Los dos grandes partidos volverán a repartirse el pastel de las Cortes y de los ayuntamientos y como mucho dejarán una pequeña porción para los otros grupos. Pero lo que es seguro es que la reflexión planteada en la sociedad desde hace una semana no acabará hoy, ni tampoco mañana. Esa es la victoria de los 'indignados'.

Javier Ramos Gómez


El futuro se ha hecho presente. Está ahí, en la calle de mayo, empedrada por el pulgón de los chopos. Esa costra primaveral, acentuada por la campaña política, que esta semana ha empezado a levantar a soplidos la legión pacífica de la ciudadanía. Jóvenes - y no tanto- indignados por un sistema democrático en el que se sienten apátridas. Ciudadanos que acampan en la calle, hartos de verse arrastrados por ella por parte de los partidos políticos, conscientes de que serán la primera generación que vivirá peor que sus padres.

Justo ahora que la ceremonia de las urnas volvía con su falsa apariencia de normalidad, se han levantado para exponer que el voto no es la esencia de la democracia, como intentan hacer ver quienes reducen así la libertad del pueblo para dar coartada legal a cuatro años más de barra libre. Otro cuatrienio de recortes, mientras los políticos derrochan en autopropaganda y dietas; otro cuatrienio de falta de empleo y huida de jóvenes, mientras por la puerta de atrás, con el carné de los partidos, se cuelan en las administraciones públicas manadas de familiares y apesebrados; otro cuatrienio de despotismo ilustrado en el que se incentiva la necesidad para justificar la creación del miembro y los favores a los empresarios amigos… La rebelión pacífica ha dado al traste con el trabajo de los cocineros del todo-vale político. Charlatanes que se habían abandonado a las recetas de la parrilla televisiva, los cazadores de tendencias de Zara y los relaciones públicas de JB: dar al consumidor-votante lo que quiere oír mediante la generación de una uniformidad en la que todos se sientan diferentes.

El tratamiento de los ciudadanos como adolescentes con discursos acomodados, ideologías aplazadas, eslóganes vacíos y mensajes simples; cargas de profundidad dispuestas para despertar la sensación inconsciente que estimula el azúcar en los niños. Todo listo para un consumo rápido, casi aséptico: Sálvame o DEC; la blusa cuello barco o la camiseta corte imperio; con coca-cola o sólo con tres piedras de hielo…

La simplificación de la democracia como parte del sistema de consumo, como consecución de la inopia en la que Bart Simpson le recuerda a Homer que, gracias a lo maravillosa que es la tele, no se acuerda ni de lo que ha hecho hace siete minutos.

Pero el presente ha vuelto, cargado de pasado.


Álvaro Caballero

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