STEs Castilla y León Opinión

Jóvenes sin futuro

25/04/2011

 

Tribuna.-Alicia Poza Sebastián

http://goo.gl/PXB1Y   

Observan el continuo aumento de la mercantilización de los servicios públicos, y en particular de la educación, pues los gobiernos apuestan cada vez más por la rentabilidad privada y no por la formación y el conocimiento como bienes colectivos. Como dicen en su manifiesto, observan que se camina hacia «una universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría».


Así se llaman a sí mismos. Son nuestros hijos e hijas y serán también los hijos de nuestros hijos. Cada vez son más los que viven 'sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo'. Quieren trabajar, pero no les dejan; quieren emanciparse, pero no tienen dinero; quieren participar, pero encuentran el camino cerrado; quieren construir su futuro, pero quienes tienen el poder y la riqueza se lo están impidiendo. Una ola de indignación se ha levantado entre ellos y han comenzado a manifestarse en las calles de las ciudades españolas. Quieren hacerse oír por la opinión pública y por los gobernantes, como ya se están haciendo oír en otros países de Europa.

Sí, así es, nuestros jóvenes se sienten sin futuro, sin salida. Viven en casa de sus padres hasta los 30 años, sin empleo, sin ingresos, sin expectativas, deprimidos, desencantados. Y exigen responsabilidades a quienes las tienen, a quienes por su codicia y su incompetencia han puesto en peligro el porvenir de toda una generación. Cada día aumenta la 'indignación' a la que apela el anciano Hessel, cada día se une más gente a la protesta de esta juventud sin esperanza, porque «vendrán tiempos peores», como dice Sánchez Ferlosio, y los jóvenes no quieren estar ciegos por más tiempo. El día 7 de abril se manifestaron en Madrid y en otras ciudades españolas, y el día 8 lo hicieron en Murcia. Como madre, como profesora, como sindicalista y como ciudadana, no puedo dejar de unirme a su indignación y a su protesta.

Están en completo desacuerdo con la política de recortes sociales y laborales, tanto del Gobierno central como de los gobiernos autonómicos. Son la juventud más preparada de la historia de España y sin embargo van a vivir en condiciones peores que sus padres: su presente es oscuro, pero saben que su futuro lo será aún más. Si la tasa media de paro en España es del 21% (el 25% en Murcia), la de los jóvenes supera el 40%, la más alta de la UE.

En cuanto a los que tienen la 'suerte' de trabajar, la reforma laboral ha aumentado todavía más la precariedad de sus contratos y salarios: el 63% gana menos de 1.100 euros al mes. Están viendo cómo aumenta la «flexibilidad» laboral (otra manera de llamar al despido libre), cómo se cuestiona la negociación colectiva, cómo se retrasa la edad de jubilación, cómo se aumentan los años de cotización para poder percibir una pensión... En fin, se ven, como trabajadores precarios, indigentes y sin derechos de por vida.

Divisan para sí mismos un horizonte sin futuro. Observan el continuo aumento de la mercantilización de los servicios públicos, y en particular de la educación, pues los gobiernos apuestan cada vez más por la rentabilidad privada y no por la formación y el conocimiento como bienes colectivos. Como dicen en su manifiesto, observan que se camina hacia «una universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría».

Piensan que los gobiernos, sometidos a la codicia insaciable de los mercados, los quieren convertir en una generación sin futuro. Sienten que no tendrán posibilidad de acceder jamás a una casa y a un empleo dignos. Se saben víctimas de un modelo económico fracasado. Denuncian la incapacidad de las élites políticas para reaccionar ante esta crisis con creatividad y con medidas alternativas. Y rechazan que los gobiernos, sometidos al poder de los mercados, se limiten a socializar las pérdidas y a imponer sacrificios a los más débiles.

Quieren ser escuchados, quieren ser protagonistas de su propia vida y promover un cambio de rumbo. Son conscientes de que la movilización y la lucha tienen sentido, que luchar es avanzar. Sus ejemplos más cercanos son Italia, Francia, Grecia e Islandia. Pero también en el mundo árabe han visto cómo la juventud se ha rebelado ante regímenes autoritarios y corruptos que durante décadas habían condenado a la gente a vivir en la indigencia.

La indignación ha llevado a muchos chicos y chicas a salir a la calle para hacer oír su voz, como hemos venido haciéndolo en los últimos meses los empleados públicos murcianos. Son estudiantes, titulados en paro, jóvenes con empleos precarios, investigadores y técnicos cualificados, activistas sociales, etc. Quieren que su indignación se extienda por toda la sociedad. Disienten del mundo que han recibido y reivindican su derecho a tener derechos, a construir para ellos un mundo más digno.

Por eso, han firmado juntos un manifiesto, en el que denuncian el estado cada vez más sombrío de su realidad, que es la nuestra. Piensan que hay que hacer lo imposible para hacer lo posible, y que se puede, como dice la canción, «más allá del cielo gris, ir construyendo alternativas al invierno».

Alicia Poza Sebatián
Portavoz de STERM-Intersindical

STEs Castilla y León Opinión