STEs Castilla y León Opinión

La democracia necesita de las humanidades

Debemos cambiar el modelo de formación

EL EDITORIAL DE LA SEMANA
Debemos cambiar el modelo de formación

La puesta en marcha del Máster de Secundaria está desvelando la complejidad de implantar un modelo de formación que, por supuesto, supera al CAP pero que se queda a medio camino de lo que tendría que haber sido un cambio radical del modelo de formación para el profesorado de la enseñanza obligatoria. El Máster es un avance importante respecto al CAP porque supone el reconocimiento de una necesidad durante 30 años silenciada como ha sido, y es, la formación pedagógica y didáctica para los licenciados que imparten docencia en Secundaria y Bachillerato. La baja intensidad en las exigencias de los contenidos; la falta de criterios claros para decidir quién accede al Máster y por qué; la falta de criterios definidos para decidir quién termina el Máster y por qué: quién está facultado para la docencia en cada momento, y la excesiva flexibilidad administrativa y jurídica a la hora de la implantación en las distintas comunidades autónomas han convertido una buena idea como el Máster, que además viene a sustituir la situación de interinidad y malas prácticas que padecía la formación del profesorado con el CAP, en un problema de cierta complejidad.

El consejero de Educación del Gobierno andaluz, Francisco Álvarez de la Chica, manifestaba en una reciente entrevista al periódico Escuela la necesidad de una reforma profunda de la formación inicial del profesorado. La realidad educativa es cada vez más difícil de gestionar. Expertos en la materia apuestan por modelos alternativos, incluso se observa la oportunidad de un MIR como el de los médicos para los docentes. Es posible que llevemos mucho tiempo preparando maestros y profesores para responder desde la institución escolar a las necesidades de una sociedad que ya no existe. Quizá hay que cambiar el modelo de formación inicial.

Creemos que aquí radica una de las claves. Insistimos mucho sobre la necesidad de una reforma radical de la formación, la organización del currículo y la organización de los centros. Son las tres patas para la reforma de la institución escolar. Y debemos de empezar a preguntarnos sobre el modelo de la formación inicial. ¿Por qué no un cuerpo único para la enseñanza obligatoria? ¿Para qué seguir manteniendo una formación inicial que, ligada a la organización curricular y a la organización de centro, produce tan pobres resultados educativos a la sociedad? 

La comunidad educativa, en la cual incluimos a los sindicatos, debe reivindicar la implantación y el desarrollo de las buenas ideas pensando en el beneficio de la sociedad y el futuro de los jóvenes. Cambiar el modelo de formación es una buena idea para reivindicar y por la que trabajar duramente.

 
EL EDITORIAL DE LA SEMANA
La democracia necesita de las humanidades

La reciente publicación del libro de Martha C. Nussbaum Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (Katz editores, 2010) reanima el debate y la reflexión sobre la importancia de las humanidades en el currículo tanto de la enseñanza obligatoria como de la postobligatoria. La profesora Nusbaum sostiene que con la marginación de esta extensa y rica área del conocimiento de los programas de estudios se descuida el pensamiento crítico y la comprensión de la injusticia. 

La creciente colonización de las políticas educativas y de la Pedagogía, conceptos y términos, por parte del sector económico y de la Economía nos hace reivindicar la educación en valores y el compromiso social como las guías del discurso educativo y de las políticas que de este se derivan. En estos tres años de crisis hemos oído y leído la idea de que la educación es el elemento clave para salir de la crisis y que un sistema educativo más dinámico y flexible y en consonancia con el mercado de trabajo, es lo que necesitamos para sustentar un nuevo modelo productivo. Los currículos se están orientando a la formación técnica porque en muchos países, también en España, el discurso que empieza a tomar fuerza es el de la educación como herramienta para el crecimiento económico, pero estamos descuidando la educación en valores como el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, la tolerancia, la solidaridad, la paz y la justicia.

El debilitamiento de las Humanidades, de la Filosofía y de las Ciencias Políticas y Morales incide directamente en la débil formación democrática de los niños y los jóvenes. Y también influye el enfoque excesivamente tecnocrático y segregado que se da a las ciencias físicas, experimentales y matemáticas como si no fueran producto del ser humano, de su entorno social y de su momento histórico. No basta con una hora y media semanal de Educación para la Ciudadanía en el currículo. Quizás el fracaso momentáneo de esta asignatura se deba al aislamiento de las Humanidades y de las otras áreas de conocimiento mencionadas en un currículo con una dura competencia en horas lectivas entre materias y, seguramente, con su espacio ocupado por la asignatura de Religión católica.

La profesora Nussbaum argumenta sólidamente sobre la importancia de las Humanidades para conservar la salud de nuestra sociedad. Pero este discurso nada tiene que ver con el otro que se maneja desde sectores muy conservadores de la política y la sociedad española que pretende desempolvar una Historia, un Arte, una Literatura con unos objetivos, unos contenidos y un método de trabajo inspirados en los programas de estudios más conservadores de la posguerra española. La oferta educativa y cultural que ofrecen las grandes corporaciones privadas del ocio y una parte del sector público apoyados en las Tecnologías de la Comunicación y la Información y en los medios de comunicación de masas es tan pobre y frívola que convierten inevitablemente a la institución escolar casi en el único lugar donde los niños y los jóvenes puedan acceder a un conocimiento que les eduque en valores positivos esenciales para desarrollar todo el potencial intelectual, social y emocional que les permita conjugar de forma equilibrada la cultura con el bienestar material.

 

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