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El ministro de Educación,
Ángel Gabilondo, viene desde hace meses impulsando un
intenso proceso negociador con las diferentes fuerzas
políticas y representantes de las comunidades autónomas para
alcanzar un gran pacto de Estado en esa materia.
La sociedad demanda a nuestros
dirigentes que sean capaces de lograr un acuerdo para que la
política educativa no quede en manos del Gobierno de turno,
sino que en un asunto tan sensible como este, y que tanta
influencia tiene en el progreso y nivel de nuestro país,
contemos con un amplio consenso de los partidos, que a la
postre constituyen el reflejo de las diferentes ideas que
existen en España.
Transferidas las competencias
en educación y en sanidad a las autonomías, conforme
establecía nuestra Constitución, está claro que en algo
hemos fallado cuando se producen algunas anomalías e
importantes diferencias en los servicios que se prestan
según en la región en que nos hallemos. No es normal que
alguien se pueda encontrar con problemas para recibir una
educación mayoritariamente en castellano en algún territorio
del Estado, o que, en algún momento, un paciente se haya
encontrado con dificultades para ser atendido en una
comunidad distinta a aquella de la que es originario.
Está claro que España debe
aprender de los errores cometidos y no volver a repetirlos.
Los españoles necesitamos un modelo educativo uniforme para
todo el Estado, desde el respeto a todas las lenguas
oficiales, pero en el que se garantice el que nuestros hijos
puedan estudiar en castellano en cualquier lugar. No es
comprensible que cuando una familia, por su trabajo, tiene
que desplazase a vivir por algún tiempo a alguna autonomía
se encuentre con trabas para poder seguir estudiando la
mayor parte de sus asignaturas en el idioma que nos une a
todos en nuestro país.
La educación y la sanidad son
materias suficientemente sensibles para que el Gobierno
Central sea el encargado de coordinarlas en el conjunto del
Estado, y tenga la última palabra en cualquier conflicto que
se pueda suscitar. Y lo mismo debe suceder con la justicia,
una competencia que está pendiente de transferirse aún a
algunas comunidades autónomas.
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