STEs Castilla y León Opinión

La educación, principal arma para luchar contra la violencia machista

19 octubre 2009

CELESTE LÓPEZ - Madrid

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El principal instrumento para combatir la violencia de género es la educación. Por un lado, la de las mujeres, para reducir la dependencia del marido, y, por otro, la de la propia sociedad, para que de una vez por todas se movilice para erradicar una violencia presente en todas las sociedades.

Esta es una de las principales conclusiones del estudio Progresos para la infancia,realizado por Unicef, en el que se pone de manifiesto que las mujeres con un nivel educativo más alto son "menos dadas a creer que existen circunstancias que justifican la violencia del hombre contra ellas". Las que apenas tienen formación asumen que los varones las golpeen y las maltraten, y no sólo eso, sino que además enseñan a sus hijas a asumir ese rol.

Estas afirmaciones se sustentan en los siguientes datos: mientras casi el 60% de las mujeres con estudios secundarios o superiores rechazan la violencia machista, ese porcentaje disminuye al 40% en el caso de las que no tienen ningún tipo de formación. Según el citado informe, realizado a partir de encuestas a mujeres de entre 15 y 50 años de casi 70 países en vías de desarrollo, más del 50% de ellas cree aceptable que el marido golpee a su mujer, palizas que se justifican aún más si el varón considera que la esposa no está cuidando bien de la prole.

Otras razones en las que un elevado porcentaje de encuestadas cree aceptable agredir a una mujer son salir a la calle sin avisar, discutir con el marido, negarse a mantener relaciones sexual o quemar la comida al cocinar. El problema es que esta justificación de la violencia es compartida por las mujeres de distintas edades, tanto las que tienen 19 años como las que tienen 50. Esta manera de pensar se transmite de generación en generación y se inculca desde la infancia. De hecho, la violencia es una práctica habitual en muchos hogares.

Según los datos recogidos por Unicef en 37 países entre los años 2005 y 2007, más de un 85% de los niños entre los 2 y los 14 años reciben castigos bien físicos o psíquicos. Dos de cada tres sufren castigos corporales.

 

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