STEs Castilla y León Opinión

Pacto por la educación

2 de julio de 2009

El mirador | Rafael Puyol

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Este tiempo, sometido a tantas turbulencias, podría ser un buen momento para la educación. Ante todo porque debemos cambiar nuestro modelo económico, excesivamente basado en el ladrillo y en el monocultivo del sol, por otros de mayor productividad exigentes de una mano de obra más cualificada. Y, en segundo lugar, porque se anuncia la posibilidad de un gran pacto educativo para superar la mediocre situación que este fundamental sector tiene en España. Siempre es necesaria la buena educación, pero ahora resulta imprescindible si queremos que el futuro no registre las zozobras que han provocado las deficiencias e insuficiencias de nuestro modelo formativo actual. En todas las fases tenemos carencias profundas que nos llevan a la irrelevancia en las clasificaciones internacionales. Dos únicos brotes muestran lo verdes que aún estamos: más del 30% de los alumnos que acaban la ESO no continúa estudiando, y entre los que inician la universidad uno de cada tres no termina la carrera. Todos los niveles naufragan en este mar de mediocridad. El Informe Pisa deja en pañales a nuestra Enseñanza Media; la Formación Profesional progresa razonablemente, pero aún necesita mejorar; y la Universidad no ha podido, o no ha querido, dar el salto de la cantidad a la calidad, que es asignatura relegada permanentemente para septiembre.

Como ha dicho el ministro Gabilondo, el acuerdo es posible y debe articularse, al menos, en nueve materias para el diálogo inicial y la búsqueda de consensos parciales. Algunos son viejos temas pendientes, como la reducción del fracaso escolar o la mejora de la FP. Otras derivan de nuevas necesidades, como universalizar la formación de 0 a 3 años o la modernización tecnológica de la educación. Las hay que entroncan con procesos en marcha como la adaptación a Bolonia y, por ella, la internacionalización de la Universidad, el diálogo con los estudiantes o la proyección social de la formación (y la investigación) mediante una colaboración fecunda con la empresa. Y no podían faltar compromisos para mejorar la financiación. Probablemente el catálogo deba ser ampliado y las acciones propuestas discutidas y conciliadas, pero es preciso echar a andar. No sé si algún día llegaremos a escribir un Gran Pacto con mayúsculas. No es ésta tierra de consensos sobre los grandes asuntos que conciernen a la ciudadanía, cada vez más descreída de su clase política. El país se ha convertido en uno de esos guiñoles de feria donde los personajes armados con contundentes garrotes sólo se mueven de su sitio para dar un estacazo al prójimo. Pero éste es un asunto demasiado decisivo como para no dejar las armas. Ojalá lo entiendan así quienes tienen en sus manos los destinos educativos del país y desoigan, por una vez, la máxima de San Ignacio, aquella de que «en tiempos de turbación no conviene hacer mudanza». Todo lo contrario, la mudanza educativa resulta imprescindible si queremos mejorar la posición. Es preciso avanzar en la formalización del pacto y escribir poco a poco su letra pequeña. Sólo así podremos construir el modelo educativo, basado en el conocimiento, que la sociedad española precisa y demanda.

http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=463292

 

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