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El Ministerio de Educación ha remitido a
las comunidades autónomas un documento en el que explica las medidas
articuladas para la implantación y el desarrollo del Máster de
Profesorado de Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato,
Formación Profesional y Enseñanzas Artísticas. Se trata de 11 medidas
acordadas en las reuniones del Consejo de Universidades y de la
Conferencia General de Política Universitaria celebradas en junio. Las
medidas acordadas están sujetas a los principios de flexibilidad y
adecuación a la actual situación de crisis económica y elevado número de
personas en desempleo.
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"El Máster tiene que
ser ante todo un asunto de Estado y una tarea de las CCAA" |
En la educación española la experiencia nos indica que empezamos
hablando de flexibilizar y terminamos en el café para todos y con la
manga ancha, situaciones muy perjudiciales para la escuela pública y
este riesgo se corre con la implantación del Máster. El tránsito de
modelos nunca es fácil, pero en ningún sitio está escrito que para
hacerlo haya que rebajar necesariamente los objetivos, y los contenidos
o los recursos del nuevo modelo. La implantación del Máster en
Secundaria supone en sí una idea original, un intento más o menos serio
y riguroso de afrontar la formación inicial del profesorado que debe
desarrollar su labor docente en la Enseñanza Secundaria Obligatoria
(ESO), el Bachillerato y la Formación Profesional.
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"No pueden concebirse
estos estudios sin tener en cuenta su destino final: el
profesorado de Secundaria" |
Son muchas las incógnitas que se abren a la hora de un cambio de modelo
en la formación inicial del profesorado del calado del Máster, pero el
Ministerio de Educación debe saber gobernar el proceso sin hacer
concesiones que rebajen la calidad ni las exigencias de futuro que se le
supone a un proyecto de este calibre; en caso contrario nos da lo mismo
un Máster que un CAP.
En algo más de un año, el Ministerio tendría que haber cerrado todos los
detalles correspondientes a la organización y estructura del Máster. Y
tendría que haberse dotado de una normativa estatal para guiar en el
proceso tanto a las universidades como a las consejerías de Educación.
El Máster de Secundaria tiene que ser ante todo un asunto de Estado y
una tarea de las comunidades autónomas.
La implantación del Máster no se puede hacer a costa de rebajar el
requisito de presencialidad (al 65% de los créditos totales); el nivel
de lengua extranjera; o de aparcar el Prácticum en la especialidad,
relacionado con las prácticas directas en centros de enseñanza, que para
el periódico ESCUELA es la piedra angular donde se asienta el nuevo
modelo de formación inicial del profesorado de Secundaria. Por otra
parte, con el atasco en el proceso de verificación de los planes de
formación elaborados por las universidades, se corre el riesgo de pasar
la mano por exigencias del tiempo político. Las universidades y las
facultades se afanan en montar unos planes que en pocas semanas han de
estar cerrados y sellados. Las preguntas surgen por sí mismas: ¿arrancar
desde la provisionalidad con los agravios comparativos que puede
acarrear según en qué universidad se estudie? ¿No sabemos ya por
experiencia que en la educación española la provisionalidad termina
siendo el sostén de muchos proyectos que se quedan a medio camino o
sencillamente descafeinados? ¿A qué se refiere el Ministerio cuando
habla de flexibilidad?
Hay temas muy importantes que no se han tratado en profundidad como son
los relacionados con el Prácticum, la selección de centros de Secundaria
y de los tutores en este nivel o la coordinación de las enseñanzas
medias con la universidad; facultades a las que se adscribe el Máster; a
qué departamento se adjudican los créditos correspondientes. Vinculado
con el carácter de obligatoriedad del Máster, está su organización. No
pueden concebirse estos estudios sin tener en cuenta su destino final:
el profesorado de Secundaria.
Es preciso insistir al Ministerio de Educación que explique bien en qué
consiste el marco del nuevo Espacio Europeo de Educación Superior, se
aclaren adecuadamente todos los aspectos relativos al profesorado y al
alumnado universitario y se apueste firmemente por una implantación
seria y rigurosa del Máster profesional para el Profesorado de
Secundaria que además sea reconocible en toda España, y no suponga
agravios comparativos entre universidades y comunidades autónomas. Y que
además se articule una política de becas e incentivos económicos y
fiscales cuyas cuantías deben corresponderse al coste real de la vida, y
cuyo objetivo debe ser garantizar la igualdad de las rentas más bajas
con las rentas más altas. Insistir en que estas rentas altas deben
costearse el 100% de los estudios universitarios. Las prisas nos
pierden.
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