STEs Castilla y León Opinión

La comparecencia del Ministro


Escuela 3830, 04 de junio de 2009

Editorial

A

Ángel Gabilondo, ministro de Educación, compareció por primera vez ante la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados el pasado día 27 de mayo. El ministro explicó, con la convicción, el ímpetu y la intensidad que le viene caracterizando en sus intervenciones públicas, los elementos fundamentales de su política educativa que gravitan sobre un pacto político y social por la educación.

El ministro Gabilondo intenta darle tono muscular a un ministerio de Educación extenuado después de un año experimental; pero también, devolver la educación al centro del debate político; y además que la educación vuelva a visualizarse desde la sociedad como un asunto de Estado y una tarea de las comunidades autónomas. Por todo esto, Ángel Gabilondo precisará renovar, para fortalecer, la organización ministerial; cambiar de escenario el discurso educativo; y reforzar las estrategias para consolidar y darle estabilidad a un sistema público de calidad.

Desde la oposición el portavoz de educación del Partido Popular (PP) en la Comisión, J.A. Gómez Trinidad, apuntó algunas ideas interesantes, para la reflexión, el análisis y el debate. La necesidad de garantizar la calidad y homogeneidad de los sistemas de evaluación contemplados por la LOE; reforzar el papel de la Conferencia Sectorial como ámbito de negociación, pacto y decisiones comunes; el Bachillerato de tres años; dar mayor entidad a las relaciones entre la Universidad y el Bachillerato, porque estas no se pueden reducir al momento exclusivo de la Selectividad; recuperar el prestigio social y la ilusión del profesorado, así como garantizar la continuidad de los cuerpos nacionales de maestros y profesores; y crear un Fondo de Cohesión Nacional Educativa para corregir los desequilibrios territoriales e incentivar las buenas prácticas educativas. Pero Gómez Trinidad apuntó una idea que desde ESCUELA consideramos muy importante: "Hay que perder el miedo a hablar de un nuevo modelo educativo". Esta es la única manera de reflexionar seriamente sobre dónde están los déficits más notables de la institución escolar española: hay que revisar la teoría de la enseñanza, hay que revisar el modelo de profesorado, y hay que volver a pensar la idea misma de escuela.

Las buenas noticias de la comparecencia fueron la convicción y la intensidad del discurso del ministro Ángel Gabilondo; y la apuesta por revalorizar el diálogo del portavoz del PP desde un discurso educativo en el que se plantearon tareas pendientes que verdaderamente condicionan el despegue de un sistema educativo público y de calidad. Pero en educación muchas veces los discursos no son lo que parecen, y las propuestas de diálogo, poco sopesadas, te pueden meter en un callejón sin salida. Seguiremos atentos.

Un espacio público educativo


Escuela 3830, 04 de junio de 2009

Editorial

A

Actualmente no todo sucede en la escuela, los procesos de aprendizaje se sostienen por múltiples soportes y nos vienen por distintas vías. Hoy más que en otros momentos de la historia de las sociedades necesitamos de un espacio público educativo donde se articule junto a la institución escolar, la participación de las familias, la intervención de los municipios, la complicidad de las organizaciones sociales y el papel positivo de los medios de comunicación (informar y formar). Todos ellos están llamados a crear un espacio público común donde la educación se convierta en una tarea social y colectiva.

Las enseñanzas y los aprendizajes son cometidos que ya no pueden quedar restringidos a la institución escolar. Unas escuelas e institutos que necesitan urgentemente romper con el aislamiento provocado por la cultura profesional y las prácticas burocráticas. Necesitamos entrar en un proceso de construcción que nos lleve a una nueva escuela y para ello tenemos que replantearnos con rigor y seriedad la teoría de la enseñanza; el modelo profesional docente; el modelo de participación de la familia y de la sociedad en la institución escolar que debe tener sus propias señas de identidad y un papel claramente definido en el sistema educativo; y la idea de escuela que tenemos.

Hoy sabemos que la escuela por sí sola no puede asumir las responsabilidades que históricamente le han asignado, además aquellas que le han venido dadas en los últimos años por la universalización de la enseñanza hasta los 16 años y la gran diversidad de población joven que acoge. Por lo que tendría que darse un doble proceso, primero un cambio en la cultura pedagógica del profesorado que le permita abrirse a la sociedad sin miedos ni reservas, y aprender que la sociedad se alimenta hoy de un término que la institución escolar no acaba de asumir: la integración. Segundo, la sociedad debe propiciar esta reculturización del profesorado asumiendo que la educación es una tarea social de primer orden y situándola en el centro de sus necesidades.

La corresponsabilidad de la comunidad educativa en la educación de los niños y de los jóvenes es una oportunidad para el docente de reorientar sus funciones y centrar el papel profesional de primera mano que debe seguir desarrollando en el sistema educativo.

 

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