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¿Cómo oponerse a que se ensayen con
honestidad medidas de refuerzo orientadas realmente a ayudar al alumnado
con más necesidades y dificultades?
Por mi parte, estaré dispuesto a apoyar cualquier medida o plan de
refuerzo que facilite el aprendizaje del alumnado y contribuya a mejorar
su rendimiento, siempre y cuando se garanticen unas premisas que estimo
fundamentales:
1) Que el refuerzo no sustituya al
esfuerzo.
2) Que el plan de refuerzo no se convierta en una academia de
preparación de pruebas extraordinarias y no deje de valorarse la
importancia del trabajo sostenido desde el primer día de curso.
3) Que la finalidad genuina sea el aprendizaje y el rendimiento del
alumnado, y no el ocultamiento eufemístico de nuestra realidad
socioeducativa ni el burdo maquillaje de índices más o menos
alarmantes de desmotivación, deserción y fracaso escolar.
4) Que exista proporcionalidad entre los recursos materiales y
humanos empleados y los objetivos alcanzables (si el objetivo último
fuese abaratar o regalar los aprobados, sin duda habría formas mucho
menos costosas de lograrlo).
5) Que el plan no sea un mero pretexto para seguir fomentando la
concepción del instituto como guardería y, de paso, para ir
corrigiendo la percepción social del profesorado como colectivo
ocioso y holgazán.
6) Que no sea un instrumento de división y debilitamiento del
profesorado que, hoy por hoy, no es precisamente un modelo de
coordinación, unidad, beligerancia y acción colectiva.
¿Cuántas de estas premisas quedan
suficientemente garantizadas, por ejemplo en Extremadura, en nuestro
flamante Plan Específico de Refuerzo para la ESO?
Empeñadas en sacar adelante como sea este programa de recuperaciones
milagrosas en la tercera evaluación, las administraciones educativas
compensan económicamente la voluntariedad de los profesores que imparten
las clases de refuerzo, en lugar de contratar profesorado específico
para estas clases, creando así nuevos puestos de trabajo.
¿Qué concepción de la educación subyace a este sistema de retribución al
enseñante en función de su productividad?
Pablo Hermida Lazcano |