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Los datos del informe Pisa sobre los
escasos conocimientos de nuestros adolescentes no pueden ser más
demoledores, por más que esta comunidad no salga mal parada en los
índices medios de matemáticas.
Ni estamos ante un problema puntual, ni
puede ser abordado desde una única disciplina, aunque tampoco el mundo
de los adultos está para tirar cohetes. Si seguimos un primer impulso
podemos esgrimir que nuestro bachillerato era mejor, pero ¿lo fue? El
pasado no puede ser recordado con objetividad, todo lo más conseguimos
evocarlo con las claves del presente.
Caminar, caer y levantarse forman
parte del aprendizaje vital de todo joven, pero además están los
conocimientos objetivos. Saber o no saber. La escuela de la vida es
importante pero también hay que conocer quiénes fueron Homero, Cervantes
y Dante, entre otros motivos porque sus obras enseñan a vivir y a
comprender el mundo.
Quizá hoy se detecta jactancia en los incultos que
no deberían serlo. No podemos caminar, caer y levantarnos por nuestros
hijos, como nuestros padres no pudieron hacerlo por nosotros, pero al
menos que hagan los deberes y no muerdan al profesor.
Los españoles
siempre nos hemos tenido por una sociedad culta, aunque a nuestra forma,
según una concepción propia, con algo de chulería fuenteovejunesca y
unamuniana; y va a ser que no, que ya no, quizá nunca lo hemos sido,
aunque todavía damos tipos geniales, de esos que se nos marchan, si no
les hemos echado antes.
Urge un gran consenso en Educación, fuera de
electoralismo y de anhelos de impronta. Sólo estudiando se pueden
aprender, dejémonos de cuentos y milongas pedagógicas. Y a la vez, sí,
la cátedra del vivir: el amor -una oposición diaria a notarías-, las
risas y las lágrimas, la amistad, todo aquello que la música nos enseña |