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1.- Privatización:
Las recientes declaraciones efectuadas por el presidente del Círculo
de Empresarios, Sr. Azpilicueta, proponiendo que la sanidad y la
educación deben dejar de ser gratuitas, no sorprenden a nadie. Por
una parte, están en total sintonía con la política neoliberal
—capitalismo de rostro inhumano- del gobierno popular (ya se sabe,
“flexibilidad laboral” —despidos masivos e indiscriminados,
contratos “basura” y salarios miserables-, frente a astronómicas
ganancias bancarias y financieras) y, por otra, comparten el estilo
agresivo, provovcador y prepotente del presidente del Gobierno, Sr.
Aznar, y sus aláteres. “Hacen escuela” para los suyos, educan para
el arribismo social y para seguir mandando.
2.- Confesionalidad y censura:
Como en los viejos tiempos del antiguo régimen, recuperan la
catequesis y la moral religiosas más rancias y anacrónicas, al
tiempo que imponen la censura del pensamiento único: con nosotros o
en contra. Vuelven las amenazas, las multas y las sanciones de todo
tipo para quienes no comulgan con sus ideas, y, en el legítimo uso
de su libertad de expresión, manifiestan sus desacuerdos con ellas y
con las actuaciones gubernamentales. Esto ocurre hoy, en lo que se
supone es un Estado de Derecho, constitucionalmente democrático.
¡Increíble, pero cierto!
3.- Educación clasista y segregación
escolar:
La educación, entendida como artículo de consumo por quienes nos
gobiernan -no como un derecho fundamental de la persona y una
obligación ineludible del Estado, reconocidos en todas las
Constituciones más progresistas- se orienta hacia la competitividad,
el individualismo, la selección del alumnado y el bolsillo del
contribuyente, bajo la apariencia de los principios del esfuerzo
personal, la responsabilidad, el rendimiento académico, la
disciplina, la autoridad del profesor, el control administrativo y,
finalmente, de la manida “calidad” educativa, de la que apenas se
dice qué significa, dada la ambigüedad del término. Así las cosas,
la escuela y la enseñanza públicas, que propugnan otros valores bien
distintos, distinguiéndose por su vocación universal e integradora;
pluralidad y diversidad; participación democrática, humanismo,
coeducación, creatividad, ecologismo, laicismo, pacifismo, apertura
social, etc. son condenadas por los “responsables” del MECD al
descrédito, la discriminación económica y la marginalidad, frente al
trato favorecedor que recibe la red de la enseñanza privada-
concertada, cada vez más extensa e insaciable.
4.- Estamos en campaña electoral...
y los políticos candidatos se afanan
por estar en todas partes, prometiendo el “oro y el moro”. Los STEs
seguimos defendiendo nuestro modelo de enseñanza pública como el más
necesario y conveniente, y sugerimos un simple ejercicio: fijarse
bien en los programas de los diversos partidos políticos, para
conocer y distinguir sus propuestas y compromisos acerca de la
educación y la enseñanza públicas. Después, que cada cual decida
libre y responsablemente. |